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EL INVISIBLE..

Cuando Silvia, la mamá de Matías, dijo en la puerta de la escuela: -Mi hijo puede ver seres invisibles. Escuche asombrado. Quede en silencio. Pasaron días. Seguimos esperando cada cual a sus hijos. Volví a preguntar. Ella me invito a que lo comprobara con mis propios ojos. Así que los seguí con mi hija de la mano rumbo a la estación de tren. Antes de cruzar la calle que separa del acceso a la estación hay muro alto blanqueado, luego una carnicería situada por debajo de la escalera que eleva los pasos para poder cruzar sobre las vías y acceder a los andenes. Por allí muchas personas desconocidas se entrecruzan a toda hora. Matías, señalo al hombre sentado sobre un cajón de madera. Era evidentemente visible. Podía verlo, aunque siendo este mi camino habitual de retorno a casa nunca antes lo había visto. Observe a la gente que pasaba apurada, que como en un hormiguero entra o sale de la estación. Era invisible. O la muchedumbre fingía no verlo. Estuvimos un rato haciendo comentarios. Los...

APUESTA...

El guardabarrera toca su silbato con insistencia. La primera en detenerse antes de cruzar la vía es una monja anciana de vestimenta gris. Una joven que venia apurada casi se choca contra la monja. Y luego se detiene un hombre que caminaba encandilado por la belleza de la joven. -No vale la pena arriesgarse. -dice la Monja prudentemente. -Encima es de carga -dice la joven. -A que son 30 vagones... -irrumpe el hombre. -Son como 40. -Dice la joven con su belleza inefable. Bueno, el que gana da un beso en la mejilla. -Propone el hombre. Un beso soplado al aire. -Contesta ella sonrojandose. -Trato hecho. -Dice el hombre. Yo los cuento. -Ofrece la monja y encuentra inmediata aprobación de la joven y el hombre. La locomotora diesel de color celeste gastado cruza delante de ellos tirando vagones cargados de piedra partida. El hombre hace su conteo en silencio. La monja que tiene un tonito a española los cuenta en voz alta. El hombre se da cuenta que va a perder la apuesta. Que en realidad le ...

HÉROES...

De los cuadernos del tío Aldo. Le dejo a su sobrino sus cuadernos por legado. Le llegaron embalados en una caja y atados con hilo de yute. Son cuadernos comunes de hojas rayadas y espiral que vienen con su título en la tapa. El hombre elije abrir el que dice “Amor”. Son frases sueltas. Según parece muchas eran propias, del propio saber del tío gestado en años de andar por la vida. Otras escuchadas. A veces frases subrayadas con resaltador en un recorte de diario. Esta todo prolijamente anotado con su letra cursiva grande y clara, que le elogiaban tanto en su empleo de revisor de cuentas. El hombre va al final del cuaderno. Esa es la última frase. Tiene una aclaración: “Me dicen en el bar que lo dijo la Rosa Montero en un reportaje. No es textual, la escribo con mi memoria no tan buena…" Lo verdaderamente heroico es querer al otro tal cual es. "Tal cual el otro es" -Escribe para dar énfasis a la frase. Luego sigue una reflexión: “Cada vez seremos más los viejos solitari...

ESPERA...

El hombre esta -nuevamente- conmovido. Mientras ve a su hija que espera y espera. Quizá lo viene haciendo desde muy pequeña, pero él lo ha descubierto recién en esta tarde destemplada. Mientras ve a su hija que espera y espera. Que en algún momento su madre termine de llegar a su lado.

ABUELA EN MOTO...

*IMAGEN: OSVALDO SORIANO EN MOTO. Se encontraron en la esquina del mercadito las dos abuelas. Las dos con bastón. Mi madre con nieta del brazo. Mi madre tiene la edad del Ratón Mickey. La abuela con la que conversa la supera en unos años. -Mi hija sintetiza la charla cuando vuelven: La abuela con la que hablo la nonna anda en moto. Mi madre le hablaba de sus salidas a los médicos. La abuela que vive enfrente de la fábrica de mosaicos no quería hablar de enfermedades quería contarle de su último logro a los 85: -En la vida había viajado en barco. En avión. En trenes. Hasta en burro y hace poco tiempo de esto. Pero nunca en moto. Hasta que me escucho mi nieto más chico, el Rubén. Tiene una Harley que le dejo su tío materno, el pobre murió joven en un accidente y la moto quedo ahí medio desarmada. Él la arreglo. Va y viene con ese orgullo que se le nota en la cara. Vino a visitarme. Me escucho cuando le conté que en el viaje con el centro de jubilados fui la primera que se animo a su...

EL JUEGO DE LA CONFIANZA.

Mi hija lo juega en la escuela. Esta vez le resulto fácil enseñarme a jugar. Me dijo que dejara los brazos hacia adelante y se dejo caer de espaldas para que yo la sostuviera. Luego lo repitió una y otra vez dejandose caer alternativamente de frente o de espaldas. El juego me hizo "caer una ficha" como suele decirse. Pude asociarlo con cosas de mi vida. Me ayudo de alguna manera a pensar esa dificultad para entregar la confianza. Jugar a dejarse caer y que te sostengan. Supongo que no me ocurre a mi solo. Que los adultos nos olvidamos de jugar o no jugamos nunca a dejarnos caer en los brazos de alguien en quien confiamos que nos va a sostener. Es el juego que sabe jugar mi gato cuando se da vuelta y vuelta en el piso esperando que con el zapato le recorran y acaricien suavemente el cuerpo. No teme que lo pisen. Entonces a falta de confianza se suele "jugar" al control. Es la ilusión de controlar las cosas y los seres. O es el oscuro temor de ser "objeto...

NO VIERON CAER AL OTRO...

Se mataron. A puro dolor salieron andando. Hacia delante, pero muertos. No vieron caer al otro. Ni a sí mismos.