*Dibujo de Erika Kuhn.
https://obraerikakuhn.blogspot.com/
XIX *
Como si fuera parte
del aire
un pájaro
se esconde en la
mañana.
Apenas es un canto su
certeza.
*De Mariana
Finochietto. mares.finochietto@gmail.com
(Poema de Desviadero, Editorial Mascarón de proa, 2025)
LOS
DEDOS DE LA LLUVIA *
Hoy
solo me tocan
los dedos de la lluvia.
Ella
no es indiferente
tiene la belleza
de
las que se levantan tarde
es precisa y fatal
y todo toca
para acobardar este frio
en mi soledad.
Hoy
más sólido que el aburrimiento
ella me toca
y hace a un nombre solo
feliz.
*de Carlos
Norberto Carbone.
El regalo *
*Por Esther
Cross.
Era
un muñeco de goma que había traído a casa un amigo soltero de mis padres para
Navidad. El hombre, que ignoraba las
reglas básicas de la política infantil, lo trajo sin aclarar para quién
era. Entonces yo supuse que sería para
mí y mi hermana pensó, al mismo tiempo, que sería para ella.
Era un muñeco de goma, con esa piel macilenta de casi todos los muñecos,
ojos de vidrio celeste postal, manos abiertas, labios colorados y una ropa que
no se pondría nadie. Pero como era
muñeco y no persona, su ropa era perfecta.
Tenía la ropa típica de un muñeco.
Un muñeco grandote y, según mi madre, de mala calidad.
El hombre lo dejó a los pies brillantes del árbol sin raíces. La cabeza redonda asomaba por la hendedura
del paquete. Como no venía en caja,
debió ser muy difícil envolverlo. El invitado lo dejó entre los regalos y
compartió con nosotros la comida, el tedio y los consabidos comentarios de mis
abuelos y mis tíos. Parecía que
estábamos en una lancha, por el ruido que hacía el ventilador.
No me sirvan tanto; un poco de champán para mojarme los labios; esta
torta parece una esponja; las chicas tendrían que ir a Misa de Gallo; mis
regalos son modestos, no quise desentonar.
Comentarios habituales en la mayoría de las familias, indistintamente
benévolos o maliciosos, ponderaciones crueles, dardos lingüísticos. Por suerte, el hombre celebraba cada frase
porque para él, que no tenía familia, eran originales y nosotros descubrimos,
halagados, que alguien podía sorprenderse con ellas. Así que, no sé si en su favor, nos esmeramos
cada uno en su turno, en su papel, con su infaltable manía navideña.
Cerca de las doce, mi tía recomendó, como siempre, que apenas
acercáramos los vasos al brindar. Mi
padre aprovechó y le dijo a su primo militar que esa noche no hacía falta que
tirara su copa contra la chimenea. Comentamos que la ensalada rusa era
argentina y criticamos la torta seca de la panadería. También le dimos pie a
una tía que trabajaba en una agencia de turismo para que contara sus anécdotas
internacionales de escritorio y el pase de letra fluyó como ensayado, tranquilo
y natural.
Desde la tele la voz de un coro de niños invisibles cantaba Noche de
paz. Pero después del brindis de rigor, se desató la guerra. El invitado se fue de casa con una bolsa
repleta de regalos: tres frascos de colonia Old Spice, un estuche con jabones
de lavanda de James Smart, dos pañuelos bordados con bonitas iniciales que no
coincidían del todo con las suyas. Un
poco abrumado por nuestra generosidad, se despidió mientras nos agradecía la
invitación, sin darse cuenta del conflicto que había provocado.
A la derecha, mi hermana se aferraba al muñeco. Del otro lado yo, imbatible, resistía. Crujían las articulaciones de alambre del
cuello. Los brazos, encastrados a
presión, se estiraban de manera formidable.
Mi madre asegura que el sonido era exasperante. Uno de mis tíos tomaba las apuestas. Ni los otros regalos ni todas las sugerencias
y amenazas lograban disuadirnos. El muñeco
de goma seguía en el medio; yo, firme en mi puesto; mi hermana, inamovible, en
el de ella.
No cantamos villancicos porque mi abuela, antes de abrir el misal, tuvo
la mala idea de abrir sus labios arrugados.
–Miren cómo se estira. No parece
un muñeco, parece un monstruo.
Y empezaron a discutir. Es
gracioso, es un monstruo, es pintoresco, debe tener su encanto, me hace acordar
a Mickey Rooney, de dónde lo habrá sacado ese hombre que invitaron. En medio de la confusión, alguno se animó a
ir más lejos.
–Maldita la hora en que lo invitaron.
Todos miraron a mi madre que levantaba, sin ayuda, los platos de la
mesa.
–Me dio lástima porque está solo y no tiene familia —se limitó a decir,
pero nadie la escuchaba y nosotras seguíamos compenetradas en el forcejeo.
Entonces mi padre tuvo una idea salomónica. Nos dijo:
–Muy bien, vamos a partirlo al medio.
Le guiñó el ojo a mi abuela y por una vez en esa noche se hizo un
silencio unívoco y expectante. Pero de
Salomón a entonces las cosas habían cambiado.
Mi hermana y yo, al fin de acuerdo en algo, coincidimos.
–Por supuesto, hay que dividirlo.
Ante la indignación de mi padre y la contrariedad de mi tío, que
devolvía las apuestas, nos dispusimos a la justa operación.
Mi madre se abalanzó sobre el muñeco para salvarlo. En la carrera sacrificó un plato lleno de
almendras, que se volcaron en la alfombra.
Así y todo, era tarde. Estaba
decidido y cortamos por lo sano.
Era incómodo dormir con él. El
muñeco de goma era hueco. Por evitar
desagradables impresiones, lo acosté de perfil.
Mejor dicho, como era puro perfil, me tiré al lado de su perfil repleto
y le esquivé la delantera para salvarme del impacto y la decepción. Esa noche soñé que era un buzo y me cruzaba
en la profundidad celeste con uno de esos peces tropicales finos de cara,
planos y enormes de costado.
Como era de esperar, una vez iniciada la bisección de goma, las cosas no
quedaron ahí. A la mañana, mi hermana me
provocó. Tomábamos el desayuno cuando me
dijo, blandiendo con la mano derecha su mano derecha de muñeco:
–Mi parte es mejor que la tuya.
Yo no me quedé atrás.
–No creo –dije–. No hay parte
mejor porque las dos sin iguales.
Y ella:
–Entonces, ¿por qué preferiste quedarte con ésa?
En ese momento mi madre se levantó de la mesa y llamó al hombre por
teléfono, lo puso al tanto de las derivaciones nefastas del regalo y le
preguntó dónde lo había comprado porque quería conseguir dos réplicas exactas
para acabar con el problema. El hombre
habló de un puesto de vendedores de la calle Pasteur y se ofreció a acompañarla
para ubicarlo. Quedaron en encontrarse en un bar, frente a la parada del
colectivo.
La búsqueda fue inútil. Los vendedores habían migrado y no pudieron
ubicarlos. En los negocios, los muñecos se habían agotado por las compras
navideñas. El muñeco vulgar ahora era irrepetible, se había convertido en pieza
única. Mamá y el hombre entraban en un
negocio, daban sus señas personales, los vendedores asentían pero les ofrecían muñecos
que no tenían nada que ver. El empeño de mi madre y la buena voluntad del
invitado eran admirables. No se dieron por vencidos y lo intentaron al otro
día. Ella volvía cansada y muerta de calor, dueña de un silencio concentrado.
Un día mi hermana declaró que le faltaba su ojo de muñeco. En vez de defenderme, le respondí con un
silencio tan irónico como incriminatorio. Habíamos pasado a la etapa del
talión. El muñeco no tenía dientes pero mi hermana secuestró mi brazo de
muñeco, así que el de ella quedó tuerto y el mío quedó manco —si puede ser
tuerto un cíclope y manco alguien que tenía un solo brazo. Mi madre y el señor siguieron buscando pero
descubrían, asombrados, que el muñeco típico era también irrepetible.
El que le puso fin al asunto fue mi tío apostador. El día de Reyes vino a casa con un paquete
llamativo. Antes de sentarse a la mesa para comer la ineludible rosca, empuñó
el trofeo y dijo:
-Lo encontré. Lástima que quedaba
uno solo.
Entonces, rodeando la rosca circular, empezó la otra asamblea. ¿A quién le pertenecía este nuevo espécimen
de muñeco? Yo defendía mis derechos y mi
hermana reclamaba los suyos, mientras mi tío aprovechaba para comerse lo mejor
de la rosca y tomábamos el té.
El nuevo ejemplar fue intervenido por las tijeras precisas de mi tía.
–Nos encontramos ante el mismo problema— reflexionó mi padre—. Lo más lógico es, entonces, repetir la
solución.
Después mi madre unió la mitad derecha del muñeco nuevo con la parte
izquierda del muñeco que era mía, y la parte izquierda del muñeco nuevo con el
medio muñeco de mi hermana. La sutura
–prolija, la verdad– distorsionaba un poco la fisonomía original pero estaba
rematada con tanto esmero, con tanta voluntad, con tanto hilo y pegamento que
al fin tuvimos cada una su muñeco entero, atravesado por esa cicatriz que
denotaba y subsanaba al mismo tiempo el entredicho.
La Navidad siguiente, el hombre llegó a casa con puntualidad y con un
ramo de flores para mi madre. Aleccionado por la experiencia, trajo dos
paquetes iguales, que nosotras miramos con desgano. Saludó a los parientes y a
los muñecos duplicados antes de sentarse a la mesa para compartir con nosotros
la comida, el tedio y los comentarios.
Estaba de muy buen humor. Hasta
aceptó, conmovido, la tarea de trinchar el pavo. Yo me senté a la izquierda y mi hermana se
sentó a la derecha. Habíamos coronado el
árbol con una estrella fluorescente que se prendía y se apagaba y se prendía
con un ritmo regular, como un semáforo.
-Publicado el 19 de enero de 2018.
https://www.pagina12.com.ar/90176-el-regalo/
Confluencia
laguna-estero*
(para Camila)
Me preguntas que por qué te quiero.
Yo respondo que ha fallado
el alumbrado público, que ha sido un lío
el cableado enredado…
Y preguntas que por qué te quiero.
Te respondo que de alguna forma
ha de ser feliz el concreto
calentándose bajo el sol…
Que por qué te quiero, me preguntas.
La ropa tendida desde ayer está por
secarse,
te respondo…
Y es que son tan tuyos tus labios, tan tuya
tu mirada,
tan propiamente tuya tu presencia de
cacahuates con sal,
que todo lo que ocurre a tu lado encuentra
su sitio…
¿Que por qué te quiero?
Porque el día está fresco,
o caluroso, o porque ha comenzado a llover;
es decir, porque ni modo de no hacerlo.
*de hugo
ivan cruz rosas. quetzal.hi@gmail.com
PAÍS DE AUSENCIA*
Estoy en el rincón de las cosas perdidas.
Perdida alma. Alma perdida.
Quiero decirte que siento nostalgias de ti.
Que se me vuelven los pasos de extrañarte.
Que soy una ojera que camina.
Que soy un ojo seco y una mirada húmeda.
Daría todo lo que tengo por estar contigo.
Por supuesto- tú lo sabes, elegiría el
mar-.
Puede ser en las dunas. En el acantilado.
En los tugurios donde se juntan los
marineros con las putas.
Daría todo. Todo. Lo que más amo.
Daría mis libros. Mi colección de cajas.
Mi cama-tu bien sabes cómo quiero mi cama-
Mi computadora. Mi elefante de ébano.
El rosario de la abuela.
Mi anillo de amatista. El caracol de mar.
Fíjate, hasta daría el sombrero de paja,
cinta azul.
Solo una noche amor.
Te preguntaría tantas cosas.
Recorrería con la yema de mis dedos las
marcas de tu ausencia.
No, no me importaría llegar a la cima.
Sería tu nana, tu nodriza. Tu hermana.
Me volvería pasionaria. Junco. Jarillal en
flor.
Mordería tu silencio y tu grito.
Anegaría el huerto con tus ojos moros.
Miro hacia fuera Es verano y los brotes
explotan.
Sin embargo tengo frío. Tengo frío de ti.
¿Recuerdas nuestras calles?
Son ahora, una larga avenida de lamentos.
Tampoco está la luna.
A medida que escribo los dedos se adormecen
Adormecida, alma.
No sé si es nochería. Llovizna Ausencia.
No sé si vivo porque muero.
Pero me duele el frío.
Hasta los huesos, amor. Hasta los huesos.
*De Amelia
Arellano.
San Luis
SIEMPRE
BAILANDO *
Mujer y hombre se saludan al frente de la
casa, quizá fue en el verano cuando ocurrió.
“siempre bailando…”
La frase dicha por la mujer mientras se
despiden queda picando en el aire, salen de la escuela de danzas que se instaló
en la esquina, la frase da un barniz de literalidad que el hombre testigo no
acepta.
A donde conduce el “siempre bailando”, como
en una esquina al menos a cuatro direcciones, sin sumar el cielo o la
profundidad de la tierra en lo imaginable.
Hay que pensar la historia de la esquina,
la más antigua que ronda en memorias de los viejos del barrio: el bar, donde
además se socializaba jugando a las cartas. Luego llegó por muchos años la
farmacia, mucho después una pizzería, un largo vacío y ahora la escuela de
danzas.
El hombre imagina una primera dirección: la
mujer señala un camino en el vínculo. Nos veremos “siempre bailando” dicho de
un modo genérico es la mujer quien le da un ritmo, una música para bailar en un
suelo que deja de ser suelo y se desliza o no a la ilusión.
*de Eduardo
Francisco Coiro.
https://www.facebook.com/CansadoDeTriunfar/
XXIII *
Cada día
abro la casa
del silencio
sus ventanas azules
la discreta puerta que
da al jardín
mi mano recorre
la aspereza del muro
busca la grieta
con mi boca de niebla
susurro
estoy aquí.
*De Mariana
Finochietto. mares.finochietto@gmail.com
(Poema de Desviadero, Editorial Mascarón de proa, 2025)
-Mariana
nació en General Belgrano, provincia de Buenos Aires, en 1971. Actualmente
vive en City Bell.
Publicó: Cuadernos de la breve ceguera (La Magdalena, 2014)
Jardines, en coautoría con Raúl Feroglio (El Mensú,
2015)
La hija del pescador (La Magdalena, 2016)
Piedras de colores (Proyecto Hybris, 2018)
El orden del agua (GPU Ediciones ,2019)
Madura (Sudestada, 2021)
Quiero sacar la cabeza
por la ventanilla de tu coche (Halley Ediciones, 2023)
Patio (elandamio ediciones, 2024)
Poesía reunida (Medusa editores, 2024)
Trinchera (Sudestada, 2025)
Desviadero, (Editorial Mascarón de proa, 2025)
Llamados*
Qué son estas palabras entre tantas, qué
buscan,
y qué sentido tienen, si es que a esta
altura
las palabras buscan y tienen algún sentido.
Acaso las escribo para conservar la
cordura,
para fingir que puedo o quiero decir algo,
para distraer y ocultarme, estas palabras
no son nada mío. Estoy aullando solitario
buscando escuchar otros aullidos similares
a una luna que no le importa ningún
aullido.
Momia seca mirando la distancia del hogar
perdido sin ninguna posibilidad de regreso.
A una luna que es sólo un punto de reunión
de los solitarios que agonizan sin manada,
que esperan en respuesta aullidos iguales
de ajenos, distantes, dolidos, feroces,
antes de recogerse en la soledad,
la noche, el hambre, el frío,
sin vergüenza ni miedo.
*De Horacio
Rodio. horaciorodio@hotmail.com
-Horacio
nació en Llavallol, en 1954. Realizó talleres con Laura Massolo y Liliana Díaz
Mindurry. Obtuvo más de cien premios nacionales e internacionales en cuento,
poesía y novela, con publicaciones en Argentina, España, Colombia y Chile. Es
autor de los libros de cuentos Palabras
de piedra (Baobab, 1999), Media baja
(Dunken, 2012) y La insistencia de la
desdicha (Ruinas Circulares, 2018), y de los poemarios El cinturón de Orión (primer premio del 15° Concurso “Adolfo Bioy Casares”,
Ediciones Municipalidad de Las Flores, 2022) y El libro de Hopper (Pierre Turcotte Éditeur, Canadá, 2023). Ese
mismo año, el sello español Avant Editorial publicó su novela Ausencia y error. En el 2024 publicó su
libro de cuentos La oscuridad de los
hechos. -Editorial Esa luna tiene agua.
*
Naciste precoz.
De niño las maestras llamaban a tus padres
y le hablaban
de tu memoria
de tu velocidad mental.
Creciste entre libros y estímulos,
creyéndote genial,
de adolescente eras
monstruoso y despectivo
bajo una capa de piedad hacia el prójimo.
Vino la juventud,
en la universidad fuiste profético
de pronto un dandy. Tus amantes tocaban
a la puerta a todas horas
cogías con cualquiera dispuesto a
reverenciarte
te gustaba observarlos de rodillas, los
ojos brillantes
nunca les preguntabas por sus vidas.
La acumulación de conocimiento te salía
al paso de cualquier respuesta.
A los veinticinco
fue la crisis. Ya no eras precoz
tampoco eras genial:
un poco más inteligente que la media, nada
más.
Las historias de la gente te aburrían
eras despótico,
un ángel negro. Te hiciste profesor,
catedrático
viajaste por el mundo
invertiste el dinero en trajes caros
una colección de laudes
estatuas de faunos y sabinas. Fuiste un
artista
y al mismo tiempo no eras nada
snob,sibarita,
te drogaste con opio en Calcuta
volviste a la enseñanza como quien vuelve a
un hospicio.
La primera vez que quisiste saber de
alguien ya fue tarde
la curiosidad genuina te atravesó
el cuerpo de punta a punta
te hiciste creyente de la noche a la mañana
y pasaste de pronto al reino de lo humano.
Igual ya era tarde.
Apelaste a tu pasado. Lo compensaste con devoción
y excesos, durante años: fue una vida como cualquier otra.
*De Mercedes
Álvarez. alvamercedes@gmail.com
Escritora. Gestora cultural.
Poderes
y verdad *
Los extranjeros confunden los dioses,
los inviernos silenciosos
se confunden con las fotografías
que aún estamos ignorando
Somos tan indiferentes al otro,
que pensamos que la confusión
es una asimétrica interpretación
que no admite muchos juicios
El horizonte se mancha
de sangre y de nubes,
porque comprobamos
que solo nosotros
somos dueños de la verdad
sin más justificación que el sí.
*De Lautaro
Lobbosco.
“Entre reflejos” (2026)
-Lautaro
por sí mismo: nací en Santa fe en 1996. Soy estudiante de filosofía de la
UNL. Desde la adolescencia me interesa explorar múltiples mundos artísticos
como son el cine, la música y la literatura. Desde hace unos años expandí ese
mundo hacia un interés por la pintura y la fotografía, disciplinas para
dialogar con mi escritura.
*
Ser la olvidante, / la
que quita el abrigo de los hombros, / la que canta con los pájaros del frío, /
la que dice no y sigue, / la que dice sí y sigue, / la que traga la lágrima
rebelde de la sangre, / la anciana que no puede recordar, / la mujer que
comenzó a mecer el silencio en el jardín, / la niña que sonríe.
*De Valeria
Pariso.
-De "Final francés".
- Valeria
publicó los libros de poesía: "Cero
sobre el nivel del mar" Ediciones AqL (2012), "Paula levanta la persiana", Ediciones AqL (2013); "Donde termina esta casa",
Ediciones de la Eterna (2015), "Del
otro lado de la noche" (2015) Editorial El Mono Armado, "Triza" (2017) Editorial
Detodoslosmares, "La trilogía: Uva
negra/ Mascarón de proa/ El castillo de Rouen", Vela al viento
Ediciones patagónicas (2018), Segunda edición AqL (2020), Zarmina, Primer Premio del Concurso de Letras, categoría poesía,
del Fondo Nacional de las Artes, año 2019, Ed. Mascarón de proa (2020); "Flores para no regar",
Editorial AqL (2021). “Final francés”,
AqL ediciones, 2023
Inventren
https://inventren.blogspot.com.ar/
https://cuentosinventren.blogspot.com/
AUN TE ESTOY
ESPERANDO*
Como un tren vacío/ en la estación de
nadie/ donde abundan todos, los abandonos, todos sin rieles ni guardianes ni
esperanza alguna/ donde todo se llueve y el musgo avanza/ ahí te estoy
esperando con mi gorra de pescador y algunos fuegos invencibles.
*De Carlos
Norberto Carbone.
-Próxima
estación:
LOMA VERDE.
-Continuidad literaria por el Ferrocarril Provincial:
ESTACIÓN SAMBOROMBÓN.
GOBERNADOR DE SAN JUAN RUPERTO GODOY.
GOBERNADOR OBLIGADO.
APEADERO DOYHENARD.
ESTACIÓN GÓMEZ DE LA VEGA.
APEADERO INGENIERO RODOLFO MORENO.
ESTACIÓN ÁNGEL ETCHEVERRY.
APEADERO LISANDRO OLMOS.
PARADA GOBERNADOR GARCIA.
LA PLATA.
InventivaSocial
Plaza virtual de
escritura
-Editor
responsable: Lic. Eduardo Francisco Coiro.
Blog histórico
& archivo: https://inventivasocial.blogspot.com/

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