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NOS VEREMOS OTRA VEZ

Llueve, y llueve fuerte. Afuera de la ventanilla el horizonte esta velado por una cortina de agua. Nos queda intentar arreglar las cosas desde la literatura piensa el hombre. El arquitecto Ricardo Klepta acaba de ver a Irene entrando al vagón. Le hace señas para que se siente al lado de él. Irene que tarda en reaccionar, pasaron casi 20 años. El pasado es otra persona, otro mundo al que ya no pertenecemos, y eso incluye a las personas que quedaron allí apresadas en esas capsulas congeladas. Pero el saludo es emotivo, abrazo, besos. Esa sensación de vértigo que da el no ver al otro en décadas. ¿Cómo me reconociste? –Pregunta Irene. -Sos vos, igualita antes del tiempo, solo te falta el cigarrillo en los labios y el humo dejando fantasmas. -Me prohibieron el cigarrillo, pero yo fumo a escondidas, es un ritual personal y no voy a renunciar mientras el cuerpo me lleve hasta un kiosco y pueda comprar los cigarrillos por mi misma. Ric...

A LA HORA DEL MATE

El era uno de los tomadores de mate que aparecían cualquier día a la hora señalada: 17. 00 horas, ni antes al costo de interrumpir la siesta sagrada de mis suegros. ni mucho después cuando los ánimos como el mate se lavaban inevitablemente. Era el flaco Corwin, como todos le llamaban. Un vecino del barrio cuya amistad con Don Fernando se limitaba a una hora de visita en la hora del mate. Era un misterio el hombre. Un hombre tempranamente envejecido que no llegaba a los 70 años pero si los aparentaba. Flaco, flaquísimo, la espalda encorvada. La mirada algo torcida con ojos claros muy hundidos en el rostro. lo cierto es que el flaco estaba absolutamente solo en el mundo, sin familia, ni mujer ni nadie que se ocupe ni le de sentido a su existencia. Entonces el flaco aplicaba -según sus propias palabras- la política de parches a la soledad, que significaba que en diferentes casas del barrio lo bancaran un rato en la semana. El flaco se reía como un niño al recordar...

LA MURRA

Volvíamos con mi padre en tren desde Quequén. Mi viejo trataba de enseñarme como se jugaba a la murra. Era algo así como piedra , papel y tijera pero distinto, cada jugador debía mostrar un número con sus dedos de la mano derecha arrojados al aire como dados y adivinar la suma total. El vagón estaba a oscuras, las manos de mi padre se iluminaban con la luz de luna que entraba a ráfagas desde la ventanilla. Desde el otro lado de la fila de asientos una mujer se emocionó: comenzó a contar como se jugaba a la murra en el bar de su padre. Hablaban a medias en italiano, a veces mezclaban palabras en la castilla. Hamacado por el movimiento del tren yo entraba y salía del sueño, me esforzaba por seguir la conversación sobre un mundo lejano que solo ellos habían conocido….

"Nos debíamos una alegría"

Tanto pensar “cómo quisiera que mi viejo estuviera aquí, aunque sea por unas horas”, que ese día mi Padre llegó. En el día de su cumpleaños número 90 lo vi doblar desde la esquina con su bastón artesanal. Estaba bajando las nueces más altas con un largo palo armado para la ocasión, cosechar las últimas nueces del año en el día del cumpleaños de mi padre es una ceremonia que a veces compartimos con mis hijos. Esta vez, la llegada de mi padre me sorprendió solo en la puerta de casa. Nos dimos el doble beso de mejilla a la usanza italiana. Mezclamos lágrimas y risas.   “Nos debíamos una alegría” me dijo.   No quise preguntarle donde había estado estos años.   -El pasado murió, pensé.   -Ahora estoy aquí. Mañana veremos… dijo mi padre que parecía leer mis pensamientos.   -No hacen falta explicaciones, -dije mientras lo abrazaba- pasa que te cuento de los nietos…

FRAGMENTOS

Pascual* Silvano D'Orba. El tío abuelo Pascual, se siente muy viejo y sin descendencia decide dejar instrucciones para el después de su muerte. Piensa en su hermana mayor ya fallecida, la sobreviven dos hijos y dos nietos, En su hermano menor, Juan, tres hijos profesionales, nietos y bisnietos. Pascual ordena en su testamento que mientras esa casa exista este disponible una habitación lista para recibir a los descendientes de sus hermanos que lleguen desde la Argentina. El los espera, ahora o en un futuro indefinido, confía, quiere que ninguna puerta se cierre después de su partida. Lobos* Me acuerdo de la historia que contaba mi padre más de una vez: la historia del soldado que retornando al pueblo pasó por el bosque de los lobos. Descendía de la montaña después de salir de Padula, la noche lo sorprendió y decidió quedarse en la oscuridad del bosque. Sentado, fumando quizás, mientras veía consumirse las llamas de una pequeña fogata. Había...

LA VOZ DE MI PADRE

Luglio. Mi padre viene viajando. Salió il Giugno 30 del puerto de Nápoles. Atrás hay un viaje en tren "la letorina". Adelante el mar como horizonte. Un puerto y la promesa de vivir en Argentina. El pasaporte con esa foto de una expresión tan parecida a Paul Newman dice que llegó el 21. Sin embargo creo que sigue viajando. Que el Sebastiano Caboto todavía no hizo escala en Río de Janeiro. ..."La voz del padre llega muchos años después" - Oigo decir en el bar al amigo. -Hay días. Momentos en que necesito que llegue, aún 60 años después. Será por eso que el otro día mi padre llegó. Hombre de pocas palabras ni siquiera quiso entrar a su casa. Mi padre no era de ironías ni de eludir cuando tenía que decir una verdad. Miró con sus ojos más celestes que aquellos con los que reflejaba el mar inabarcable y me dijo: "Ahora tenés que ser tu propio padre"

Unas vidas sin vuelo ni canto

El criadero de gallinas queda a unos 300 metros de la estación Ortiz de Rozas. Cuando se viene viajando ya a lo lejos se distinguen los enormes galpones. En Ortiz de Rozas hay poco para ver más allá de la estación: casas dispersas, un almacén de campo donde se puede conseguir casi de todo. Y la granja. Este criadero es una parte en la división de trabajo de la gran industria. De la gran fábrica traen los pequeños pollitos. Aquí se le cortan los picos a los pollitos para que no se lastimen entre sí. Se les administran vacunas, Vitaminas, un alimento balanceado especial para el engorde. Permanecen bajo estos galpones donde no hay diferencia entre la noche y el día hasta que tienen el peso suficiente para ser sacrificados y refrigerados. Desde que trabajo en el criadero pude vivenciar de cerca lo que es el sufrimiento animal. Hasta deje de comer pollo industrializado. Al principio el piar de las aves era enloquecedor, después a fuerza de costumbre y necesi...