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VIAJEROS

-1- VOLVER Tanto pensar “cómo quisiera que mi viejo estuviera aquí, aunque sea por unas horas”, que justo ese día mi Padre volvió. Era el día en que cumplía sus años cuando lo vi doblar desde la esquina con su bastón artesanal, el mismo que armo con sus propias manos con un mango de paraguas y una caña a la que le dio terminación con un regatón de goma. Me vio desde su paso lento cosechando las nueces altas con un largo palo armado para la ocasión. Cosechar las nueces del año en el día del cumpleaños de mi padre es una ceremonia que mantengo con mis hijos. Esta vez, el retorno de mi padre me sorprendió en la puerta de calle con las yemas de los dedos bien manchadas por la tinta que liberan las nueces al separarlas del tegumento verde que las recubre en la planta. Mi Padre estaba feliz en el regreso. Venía de visitar al santuario Della Madonna di Viggiano. Nos dimos el doble beso de mejilla a la usanza italiana. Mezclamos lágrimas y risas. ...

Esa melancolía era una feroz compañía

-Antiguo galpón de locomotoras en José Ramón Sojo . -Foto gentileza de Javier Pintos . “De Pueblo en Pueblo” https://www.facebook.com/DEPUEBLOENPUEBLO/?fref=photo La foto de los galpones sin techo, donde se guardaban las locomotoras. Fotografía de la remota época donde el humo, las neblinas y los tonos de gris en las películas se llevaban de la mano.  Como su padre que lo llevaba de la mano con el cigarrillo colgando de la boca, mientras se tomaba un descanso de su mundo de trabajo donde casi todo era un “hacer” concreto. Entonces el hombre volvió a ver otras fotos de su padre, el cigarrillo colgante, esa fuerza de lucha que parecía imposible de doblegar aún por el tiempo, ese gigante. En ese día que era el del cumpleaños de su padre siguió pensando en esa época de la sociedad del humo, donde en las fábricas se trabajaba. Donde el trabajo era tan visible como el hollín en la ropa de los trabajadores. Usando esa vaga excusa para seguir con su mente...

Zurcir el vacío

Las manos de mi madre bordeando los huecos de la memoria. Otra vez zurciendo la toalla, dejando el agujero mayor -enorme como Júpiter- para una próxima ocasión. De alguna manera el hilo que intenta cerrar abre a la vez. La abuela italiana, madre de mi padre, envió esta toalla junto con otros presentes para una fecha importante, un cumpleaños quizás. La toalla llegó, pero el resto de los regalos se los quedo una conocida que había ofrecido traerlos a la vuelta de su viaje a Italia. Esta obstinación por no tirar esta toalla, o lo que queda de ella. Ese recurso desesperado por defender una memoria endeble. Las manos de mi madre luchando contra el vacío. Contra los huecos que nos asedian el día a día.

PRÉSTAMO...

Préstamo* A Miguel Ángel Savino. Al hombre le falto la presencia de tres abuelos. El abuelo materno que abandono a su madre y su tío siendo ellos unos niños pequeños. Y los abuelos de Italia, Madre y Padre de su Padre que quedaron en su pueblo, atrapados en cartas que se lloraban al leerlas. Y el después de crecer sin vivencias, sin la remota presencia de los abuelos para acompañar buenos y malos momentos. Sucedió una tarde, muchos años después, cuando ya ninguno tenía a sus abuelos en vida y ya los padres que quedaban luchaban con achaques, fue entonces cuando el hombre mientras tomaba mate con su amigo de la escuela secundaria le pidió que le prestara un recuerdo. -¿un recuerdo? -Si, un recuerdo que fuese la esencia misma de tener abuelos y compartir con ellos. El amigo eligió una abuela, la que vivía en la costa. Casi río, casi mar, allí donde los colores del río y del mar se mezclaban según mareas y la luminosidad del cielo. Era l...

ENCALLADOS

Cerca de la estación de trenes, en terrenos aledaños a las vías alguien guarda un barco tapado con lonas. Es del tamaño de una barcaza de pescadores artesanales que salen a alta mar. Cada vez que paso en el colectivo rumbo al tren lo veo, trato de imaginar como llegó hasta ahí, y me encuentro con la misma perplejidad de cuando trato de explicarme como llegue hasta aquí, desde que naufragio, intentando vivir...

El tío en su nube

Una nube de polvillo por el aire de la habitación. Esa era la imagen más antigua que el hombre -que entonces era un niño- tenía de su tío. Su tío había salido de darse una ducha. Había colocado una toalla sobre la cama y se había sentado a rociar de talco sus genitales. Sacudía el envase cilíndrico con una energía demencial dejando al aire una nube de polvo que no deja de expandirse en el recuerdo. La pensión se llamaba "La Esperanza" y su tío con las bolas bien revestidas en talco estrenaba a sus 40 años una nueva soltería.  Esa noche iba al club Sportivo Alsina, donde actuaban Sandro y Los de Fuego ; porque las mujeres de Lanús “son mucho más que un fuego”, apenas dicho esto no paró de reír con su risa contagiosa de la genialidad de su ocurrencia. Años después su tío repetirá una y otra vez la historia de como llegó a esa pensión sólo con lo puesto: Al volver de su trabajo en la fábrica encontró a su primera mujer en la cama con un tipo arriba ...

Siofn

El hombre lee su informe otra vez: "He observado que hacemos el amor en la esperable indiferencia con la que un empleado administrativo lee, firma y sella un expediente. Para el cual lo verdaderamente importante es el control. Que el expediente este en el estante correcto, disponible para cuando sea necesario otra firma, otro sello, pasarlo a otro estante, a otro abandono. (....)" "Después de haber pasado varias veces por el planeta Siofn los seres tienen una vida sin pasión. Los supera saber que su nuevo cuerpo tiene fecha de vencimiento; ya no sienten estar en una vida verdadera con peligros y desafíos, incertidumbres, frustraciones.... se limitan a administrar su tiempo en redes psicofísicas a las que confirman su pertenencia con gestos tan automáticos, tan naturalizados en su inconsciencia (...)" Por eso el hombre ruega que lo transfieran a un planeta de "sangre caliente" donde la vida merezca ser vivida. Donde pueda sentir de nuev...