miércoles, 5 de octubre de 2016

EN EL AIRE DE SONRISAS E ILUSIONES INTANGIBLES…



*


Alboroto de gorriones

Van al árbol dormitorio
florecido en pájaros de la noche.


No caen a pétalos.

se acompañan
de hoja en hoja.


Ellos

Se preguntan
porque no hacen nido.


Mirando al cielo vedado
por hojas y pájaros.

Se abrazan.
Y hacen del abrazo un nido.


*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com








EN EL AIRE DE SONRISAS E ILUSIONES INTANGIBLES…
-Textos de Eduardo Francisco Coiro.







*

Hay momentos. Como en esta lluvia. En los que el hombre quisiera barrer con las tristezas. La lluvia  hecha de gotas como lágrimas.
Con obstinación, el hombre busca algo perenne que lo conecte con la fuerza de la vida. Después de un buen rato de estar parado delante de la ventana. El cielo gris por cielo. El hombre logra lo que necesita: la trenza de Mariana cayendo como espiga de un dorado sol y perdiéndose entre sus pechos.

Con ver esa imagen -que sólo esta en su mente- la tarde ya es una iluminación.






*


Se desnudan.

Ella apoya su espalda contra el respaldo de la cama.
Abre sus piernas.
Deja sus piernas dobladas, las rodillas quedan como una cima curva y perfecta.
Un haz de luz que se filtra por los postigos entornados les da un aspecto irreal. Son la superficie de un planeta mágico.

Ella Desnuda. Con sus piernas abiertas y el sexo expuesto, recibe al hombre.

El hombre apoya su espalda en los pezones se chispean a la altura de sus pulmones.

Ella lo contiene en sillón de mullida ternura humana. Abre un libro, recorre en silencio las páginas.

Cada vuelta de hoja genera una brisa o un huracán en la piel.

Él se concentra en la respiración. Los pulmones son una caja perfecta de resonancia. Siente al latido del corazón de ella como doble latido del propio corazón.

Ella comienza a leer.
Su voz se eleva en catedrales.

En su voz que eleva en catedrales hay un eco de otra voz dormida.

El hombre cierra los ojos. No esta del todo allí.

Hay una niña que canta en latín. Cuando su voz vuela, se despega del coro y los fieles se giran, dejan de ver hacia el pulpito y buscan el origen a ese desgarro del aire que llega a los oídos.
Afuera, probablemente esta nevando, el reloj de la iglesia esta congelado como en una postal sepia a las 10 y 5 minutos de una mañana de domingo. Los tejados rojos cubiertos en algodones de nieve. El río D'Orba hace espuma al chocar contra los pilotes del puente de hierro y madera, más allá, el horizonte se eleva como en una visión de piernas que culminan en cimas nevadas de luz matinal.

El hombre, que se elevo lejos lejos para imaginar el canto de su abuela,  vuelve al cielopiel que acaricia.








*


Como quien encuentra un tesoro, o un bien imprevisto a los pies de la cama encontré el botón azul noche. En la tarde oscura pensé en tu andar desabotonado por algún punto del saco. La llovizna dejando gotitas y nubes en los lentes de tus anteojos. Y así, de repente, este pequeño objeto que se desprendió de tu ausencia te trajo de nuevo a mi lado. La habitación se ilumino por completo de tu sonrisa desnuda.






*


Dos novios se dan un beso en el andén. La chica sube al tren.

Beatriz vuelve a decirle "cuando la gente se quiere ver, se ve". Fue la despedida y ocurrió cuando ese hombre que mira era un adolescente de la edad del chico que quedo allí, parado en el andén, viéndola partir.








REPELENTE


Hace un tiempo me ofrecí a participar de un experimento. Me invito el amigo Kalman Popik que trabaja de genetista en EE.UU, fue algo antes de que apareciera toda esta euforia del dengue y el sika y otras fiebres tropicales. El experimento consistía en aplicarse unas vacunas -inocuas según me dijo- para repeler al mosquito hembra de varias especies. El cuerpo humano comienza a segregar una sustancia acompañando a la sudoración normal y el mosquito hembra ni se acerca. Paso el tiempo y mi amigo me escribió preguntándome si notaba algún efecto raro. ¿Como cual? -le conteste.
Bueno, algunos de los voluntarios de diferentes países han referido que no logran generar atracción sexual en las mujeres de su entorno. Esto ha generado una sospecha para la cual no hay estudios concluyentes aunque si evidencia empírica.








SIOFN


El hombre lee su informe otra vez:
"He observado que hacemos el amor en la esperable indiferencia con la que un empleado administrativo lee, firma y sella un expediente. Para el cual lo verdaderamente importante es el control. Que el expediente este en el estante correcto, disponible para cuando sea necesario otra firma, otro sello, pasarlo a otro estante con cierta indiferencia como si fuera a otro abandono. (....)"
"Después de haber pasado varias veces por el planeta Siofn los seres tienen una vida sin pasión. Los supera saber que su nuevo cuerpo tiene fecha de vencimiento; ya no sienten estar en una vida verdadera con peligros y desafíos, incertidumbres, frustraciones.... se limitan a administrar su tiempo en redes psicofísicas a las que confirman su pertenencia con gestos tan automáticos, tan naturalizados en su inconsciencia (...)"
Por eso el hombre ruega que lo transfieran a un planeta de "sangre caliente" donde la vida merezca ser vivida. Donde pueda sentir de nuevo -como aquella remota vez- que cada instante es un principio y un final.










LECCIÓN



A edad oportuna la abuela se lo había dicho a su madre con todas las letras.
Años después su madre pudo explicárselo a ella con la firmeza de un catecismo. Como un saber que no debe ser olvidado:
“Hay que conquistar el corazón del hombre, pero que él no conquiste el tuyo”
No entregar jamás el corazón -ni la ilusión- era la consigna implícita.
El tiempo pasó escurriéndose como el agua. Su libertad era tan profunda como su soledad.
En la cola del banco, mientras esperaba su turno para cobrar la jubilación. Escuchó la conversación de dos mujeres jóvenes que hablaban de cómo “Enganchar un tipo”.


Quiso hablarles pero se le hizo un nudo en la garganta.








NOVELA


Cuando la hija tenía 7 años, lo sorprendió cantando la canción de una novela.
El hombre anotó tal cual desde la voz de la niña:

Desde el primer día / supe que te amaba
con mi alma enamorada
como un vagabundo / no me da respiro.
Porque nunca nunca serás mío
Y no me importa nada / por que no quiero nada

...y aprender como duele el alma
como un adiós.
Porque tengo el corazón valiente.
prefiero amarte después de verte.

Se va a saltar a la soga. El hombre la escucha desde el patio contar la seguidilla de saltos. Al rato vuelve y cuenta sobre el anticipo del nuevo capítulo del lunes con el cual bombardean a cualquier hora. Dice que Martín y la Monita se van a dar el primer beso después de huir sobre un caballo blanco.
Entonces ese hombre le preguntó a su hija de que tratan las novelas y la respuesta lo dejó entre la risa y la perplejidad. Las palabras de los hijos son un alivio ante la complejidad del mundo que tanto abruma los días.

"De cuernos y secretos". - dijo en tono de complicidad.









UNA INTEMPERIE REGADA DE ESTRELLAS


Otra vez pensé en Raquel. Caminábamos de la mano por la calle peatonal de su ciudad, hoy lejana para mi. Era invierno y de madrugada, íbamos como suspendidos en el aire. La noche estaba estrellada y limpia, por momentos parecía que el cielo se derrumbaba y las estrellas estaban ahí nomás, como al alcance de una mano extendida.
Estábamos solos en la calle o al menos sentíamos que éramos los únicos seres presentes en ese momento tan único y tan frágil a la vez. Una pareja que buscaba una casa, una cama para resguardarse de un frío polar.

Y ahí aparecieron las preguntas sin respuesta sencilla. ¿Que hacía allí lejos de mi pueblo con ella? ¿Que era aquello tan fuerte que nos unía? ¿Era el amor o la devastación de la vida antigua la que nos dejaba unidos en esa intemperie regada de estrellas?

Pensé en la intemperie como algo primitivo: una pareja se refugia de temores y amenazas bien reales. Buscar una caverna, encender el fuego, abrazarse, cubrirse con unas pieles. El mundo era ese ínfimo presente, la idea de la presencia del pasado en sus vidas no tenía sentido. El futuro por definición no existía. Solo ese presente.

Después llegaron trabajosamente los descubrimientos. Los seres que viven su realidad en un escenario interno que llevan consigo, en una neurosis que los protege y limita a la vez, su propia caverna y el rugido de sus ancestros dinosaurios por si no alcanzara con los miedos reales de la jungla social.

En eso estaba, bien perdido en pensamientos sin solución, cuando llegamos a la casa.

Y antes o después del cariño físico, Raquel me trajo las pantuflas de su ex marido para que no se enfriaran mis pies en el camino al baño.








FLORECIDO


El hombre la había arrancado de su vida como se arranca a un yuyo indeseable en el jardín.

Con la misma brutalidad en el tirón, tratando de arrancar la raíz de cuajo. Sin sentir nada. Al otro día, justo al otro día. El hombre plantó en su lecho a una muchacha bella como una azalea. La mujer se marcho prontamente sin echar raíces en su vida.

No se quedo quieto. Siguió plantando bellas mujeres que se marchitaban antes del amanecer. Nadie pudo crecer ni florecer en ese lugar. Su vida era un jardín desierto al que regaba inútilmente antes de anochecer.

Hasta que percibió esos movimientos adentro. Esos pujos que sintió por todo su cuerpo y que se ramificaban de noche a día con la velocidad implacable de la naturaleza. Y eran la luz y esa tibieza que anuncian una primavera cercana.

El hombre se vio a la siguiente mañana en el espejo, comprendió lo que sucedía.
No había logrado extirpar bien las raíces.

Sus brotes se abrían paso por sus poros y estaban a punto de estallar en flor.

-Sólo pido que las flores sean del color de sus ojos. Pensó resignado.









UNA GOTA DE HUMANA TERNURA.



Así estaba el hombre.
Y esto que no es decir nada daba a entender que en su vida casi todo hacia agua. Se le escapaba la belleza de los días como en un colador.
¿Y que le quedaba en el colador? Sólo los restos pensantes de alguien que no podía percibir la felicidad. ni buscarla consecuentemente.
Ya no le preocupaba la soledad pequeña de noches vacías de abrazos. De despertares con la boca besando la piel de la almohada. No era la penuria de sentido a la luz del día, cuando su vida se escurría en rutinas auto-administradas para no caer en la percepción del vacío. No era la soledad pequeña entonces. No era eso sino la enorme soledad del desamparo la que lo atormentaba por debajo de cada paso que daba. Sentía que el suelo, lo más material y evidentemente sólido que se nos brinda en la ciudad ya no era seguro para él. Sentía ciénagas. Arenas movedizas donde los demás seres pisaban veredas y calles. Sólidas, evidentes.
Ese hombre leía. Leía hasta que una frase lo fulminaba y lo obligaba a cerrar el libro y transitar varios días con ella circulando en los laberintos de su mente, que por costumbre, no conducían a ninguna salida. Pasó con "Una gota de humana ternura" leída en "la octava maravilla" de Vlady Kociancich.
Entre lágrimas se vio como un mendigo de amor buscando alimentarse de sonrisas que recibía tras algún piropo ingenuo.
Y además el encierro. Ese temor desmedido a alterar sus pocas rutinas.
Quería y necesitaba de algo que le diera aire a su vida.
Pero no lograba superar la etapa del diagnostico.
Hasta que logro asumir que lo suyo era ser “enamorado del aire”.
Esa imagen -aun ilusoria- “vivir de amor en amor etéreo” le ilumino el día, ahora debía seguir adelante buscando día tras día sostenerse bien en el aire de sonrisas e ilusiones intangibles.








LO VERDADERAMENTE HEROICO



Le dejo a su sobrino sus cuadernos de notas por legado. Le llegaron embalados en una caja y atados con hilo de yute. Son cuadernos comunes de hojas rayadas y espiral que vienen con su título en la tapa. El hombre elige abrir el que dice “Amor”.
Son frases sueltas. Según parece muchas eran propias, del propio saber del tío gestado en años de andar por la vida. Otras escuchadas. A veces frases subrayadas con resaltador en un recorte de diario.
Todo prolijamente anotado con su letra cursiva grande y clara, que le elogiaban tanto en su empleo de revisor de cuentas.
El hombre va al final del cuaderno. Esa es la última frase. Tiene una aclaración:
“Me dicen en el bar que lo dijo la Rosa Montero en un reportaje. No es textual, la escribo con mi memoria no tan buena…"

Lo verdaderamente heroico es querer al otro tal cual es.

"Tal cual el otro es" -Escribe para dar énfasis a la frase.

Luego sigue una reflexión:

“Cada vez seremos más los viejos solitarios. Hasta que lleguemos a estar sentados en el geriátrico mirando un Potus.
Con suerte habrá una ventana para ver el movimiento de la calle.
Y en una mañana cualquiera, una viejita se sentara al lado nuestro. Nos tomara la mano.
Y será tarde para casi todo, menos para sonreír”







*

Atar al deseo con una cadena, como antaño se ataba al perro de la casa, para que ladre pero no se aleje demasiado. Menos mal que los ojos no se pueden atar así nomás. Por ahora hasta que esos anteojos de realidad virtual se hagan de uso común y se pueda ver sólo en la película permitida de la vida.








 7 DE JULIO.


Cada tanto huyen a una vida anónima.
Viajan en trenes comunes, con ropa sencilla y anteojos oscuros.
Ahora cumplen el deseo de viajar en un tren de época recientemente reciclado.
Van en un tren tirado por una locomotora Garrat -fabricada originalmente por Beyer Peacock- que tiene 116 toneladas. La más pesada de la dotación original del Midland.

El tren corta la llanura pampeana rumbo a Carhue.
A los dos les gusta hacer el amor en ese camarote estrecho que los obliga a dormir acurrucados. En ese tren cuyo traqueteo se convierte por momentos en un suave vaivén de barco.
Van al pequeño pueblo de San Fermín.
Donde se anuncia una corrida de toros, sin toro.
Muchachos y muchachas vestidos con sus ropas blancas correrán por las vías.
El toro será un gigante negro y humeante que ha sido caracterizado a partir de una locomotora North British recientemente puesta a nuevo.
En una de las fotos que les enviaron puede verse al toro que tiene una boca gigante de utilería que raspa los durmientes de madera y va a devorar a varios de los corredores en los casi 1000 metros que dura la carrera.

El tren llega a San Fermín envuelto en sus nubes de humo y atravesando una densa niebla.
Bajan. Ven partir presurosos a los recién llegados que son recibidos por parientes o amigos. A los solitarios que corren a ponerse en la fila de espera para tomar alguno de los pocos taxis disponibles en ese pequeño pueblo.

No tienen apuro. Caminan el andén. Se acercan a observar de cerca a una locomotora que no quiere partir. Ni hundirse en la densa niebla que no deja ver mucha más allá del final de la estación.
Es un amanecer. Ese es el primer tren del día que llega antes de que los rayos del sol se impongan a la niebla.
El tren se va. Los envuelve la soledad. Son una pareja de turistas que no tiene demasiado interés en salir de ese espacio mágico del andén de un pueblo perdido en la llanura. Del tren queda apenas un sonido que se aleja irremediable.

Ellos siguen allí viendo las fotos que revisten las paredes del andén. Las fotos se acompañan de un escueto relato sobre el viejo que se extinguió y volvió a refundarse con la vuelta del tren. Están las fotos de las celebraciones previas del San Fermín hechas allí.
Caminan de la mano. Mano derecha de él a mano izquierda de ella.
Están, como cuando están juntos y paseando, bastante ajenos al mundo.

Hasta que la tensión en el brazo de ella los puso en guardia. Son esos peligros inminentes que se perciben en la piel antes que en la conciencia.

La voz les hablaba en inglés norteamericano.

Esa voz era de una gitana que se acercaba siguiendo sus pasos.

-Hola Brad.

-Hola Angelina.

Ahora ambos se sobresaltaron por igual.

-Quiero que se cuiden, hay mucha envidia alrededor de ustedes.

-hay gente mala que asedia la dicha.

Ella giro bruscamente y le dio la espalda a esa voz.
Él se quedo enfrentando con su mirada fija en los ojos de la gitana.
Su presencia era una antigua pregunta: ¿Cual es el día en que las pesadillas alcanzan a lo real presente?
Fueron instantes. Apenas instantes.

La gitana siguió hablándole a ella, como si él fuese una sombra o apenas un sínthoma. El otro es un sínthoma, le decía el analista.

-No te vayas. No te escapes.
-Que no te voy a violar.

Ella volvió a estremecerse.

-A vos ya te violaron hace rato… -Remató la gitana.

-Porque no te cortas la lengua. -Pensó él con furia, mientras vio la imagen de la espada de Aquiles en el aire buscando con su filo en brillos al cuello de la gitana.
Lo inundo el deseo de verla decapitada. De llevarse esa cabeza como se lleva por todas partes a un mal recuerdo. Pero la gitana eludió el corte y se desvaneció en la niebla.

Ellos se miraron, por un momento se desconocieron. Fue un volver a ser desconocidos y darse cuenta a un solo golpe de silencio.

Él no quiso decirle que esa gitana habitaba en sus pesadillas desde niño. Que ella se había dejado ver una y otra vez -Hasta ese día a prudencial distancia- en distintos lugares del mundo a los que pisó llevado por profesión o turismo.

Ella sintió el corte en su propia memoria de piel.
Se preguntó si aquel suceso tan encapsulado en olvidos, había ocurrido un séptimo día del séptimo mes.

De la gitana misma quedaron dudas.
Hasta que vieron ese goteo de sangre, que se espaciaba y desaparecía al atravesar el umbral de la estación.





*


-Lo inconsciente esta servido.

¿Vas a comer?

¿Vamos a comernos?

¿Con voracidad, como el caníbal hambriento que duerme en el cerebro reptiliano?

¿O lentamente, como esos matrimonios que cuelgan de sus telas de araña acumulando años y polvillo?






**

-Eduardo Francisco Coiro nació en 1958 en Lomas de Zamora, Argentina. Es Licenciado en Sociología de la Universidad de Buenos Aires. Es  Editor del proyecto cultural Inventiva Social, una publicación virtual abierta para escritores.




***

InvenTREN
http://inventren.blogspot.com/


Nos veremos otra vez*



Llueve, y llueve fuerte. Afuera de la ventanilla el horizonte esta velado por una cortina de agua.
Nos queda intentar arreglar las cosas desde la literatura piensa el hombre.
El arquitecto Ricardo Klepka acaba de ver a Irene entrando al vagón. Le hace señas para que se siente al lado de él. Irene que tarda en reaccionar, pasaron más de 20 años. El pasado es otra persona, otro mundo al que ya no pertenecemos, y eso incluye a las personas que quedaron allí apresadas en esas capsulas congeladas.

Pero el saludo es emotivo, abrazo, besos. Esa sensación de vértigo que da el no ver al otro en décadas.

¿Cómo me reconociste? –Pregunta Irene.

-Sos vos, igualita antes del tiempo, solo te falta el cigarrillo en los labios y el humo dejando fantasmas.

-Me prohibieron el cigarrillo, pero yo fumo a escondidas, es un ritual personal y no voy a renunciar mientras el cuerpo me lleve hasta un kiosco y pueda comprar los cigarrillos por mi misma.

Ricardo recuerda esa imagen en el estudio de arquitectura donde ambos trabajaban. La vista fija de Irene en la ventana, como no viendo o viendo otra cosa. Ese aire a la Pizarnik que descubrió cuando la vio leyendo un libro con la foto de Alejandra en la tapa.
Irene que le dice con aquel libro en mano y su infaltable cigarrillo en la boca:

-Decidí que iba a fumar una tarde a los 11 años viendo a mi abuelo fumar en el patio.
“Veía a mi abuelo fumando solo en el patio. Esa concentración de estatua viviente imposible de describir: ¿en que pensaba?
Viéndolo con ese hilo de humo que se disipaba en el aire dejando siluetas que jugaba a descubrir mi abuelo era una locomotora mansa. Era de los viejos de antes, macizos, parecían invulnerables. Esos bigotes tipo manubrio de bicicleta que después descubrí que eran igualitos a los de Hindenburg.
Como los abuelos de muchos otros niños mi abuelo había sido foguista ferroviario.
El abuelo armaba sus propios cigarrillos sin filtro o fumaba en pipa, pero yo empecé a fumar en la adolescencia los negros Parisiennes, éramos minoría las mujeres que fumábamos negros”.

En un momento se funden los recuerdos con la palabra presente de Irene que evoca los momentos compartidos: me encantaban esas horas donde no pasaba nada o no había trabajo y se hablaba, se fumaba y se tomaba mate hasta la hora de irse cada cual a su casa.

Llueve mucho che, el tren parece un barco. En este momento ya debe haber gente con el agua al cuello. –dice Ricardo volviendo por un instante la mirada a la ventanilla

¿Te acordas del proyecto de la casa-barco? Dice Irene.

-Vendría bien retomarlo, todavía tengo cuadernos con apuntes y los planos enrollados.

De memoria: “El barco casa es una unidad transportable, pensada para ser utilizada como vivienda en medios urbanos manteniendo sus características de flotabilidad ante situaciones de inundación extrema” recuerdo la risa de los dueños del estudio, “ni en el Delta lo usarían”.

-Vos terminabas indignado Ricardo: "ustedes en la única tecnología en la que creen es en la bolsa de arena delante de la puerta"

-Algunas veces los maldecía en polaco y otras en ruso. Y si me preguntaban, les decía: consíganse traductor a mí me pagan por proyectista.

La música funcional del tren les acerca a Serú Girán.

¿Te acordas cuando lo desafinábamos a dúo? –dice Irene abriendo bien grandes sus ojos verdeagua.

Si te hace falta quien te trate con amor
Si no tenés a quien brindar tu corazón
Si todo vuelve cuando más lo precisás
Nos veremos otra vez

Un encuentro casual puede ser alegría imprecisa. Un puente sobre el tiempo para desatar todas las preguntas.

La próxima estación esta lejos como el futuro impredecible.


*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com