miércoles, 30 de julio de 2008

EN LA BOCA DEL COCODRILO...

Un palito en la boca del cocodrilo. Es lo que me dicen.
Me dicen que lo dijo lacan.
El cocodrilo es la madre.
Los hijos. -Mis hijos y los hijos de cada cual- están en sus bocas.
El palito es el padre. No queda claro si es su voz, su presencia, su diferencia, el límite sutil o no que hace que la madre no se trague a los hijos en su puro mundo-vientre.


A veces me duelen un poco los colmillos de mi ex-mujer -son muy filosos-
En la espalda que por momentos se tuerce un poco.
O en el pecho que no tiene heridas definitivas.
Pero por ahora aguanto.

DEL PALPITAR EN LA BRISA AQUELLA HISTORIA...


Estación Salto Grande.



Uno nunca sabe cuando está tomando el tren equivocado.

La frase suena abstracta y compleja. Como la ajenidad, el extraviarse tiene un sentido más amplio que tomar otro tren. Tomar el tren equivocado. Una metáfora apenas de equivocar el camino en la vida. Dar el paso claramente irreversible e irse al lugar del cual no puede volverse. La nostalgia aparece entonces mordiendo el horizonte como la noche a los restos de luz que se obstinan en marcar amarillos, naranjas y lilas en esas nubes que viajan ahora mismo -como islas solitarias- a algún destino desconocido que esta más al oeste. Más lejos de lo que puede verse. Entonces uno amaga volver a algún lugar imposible. Se pregunta dónde se abrieron las vidas como vías después de un punto de cruce y ahora no hacen más que alejarse. Y se desea volver a un lugar idealizado donde -quizá- nunca se estuvo de veras.







Estación Totoras.



Me veo en Temperley. Aún no tome el tren. En la tarde, al sol todavía tibio se cruzan preguntas e incertidumbres de abuela a nieta. Hay 70 años de diferencia y me conmueve verlas alejarse de la mano hacia la esquina; cuando vuelven mi hija dibuja un tren, y en el vagón cada cual viendo por su propia ventanilla. Allí viaja toda su familia: primero su mamá, después ella con el pelo dividido en dos colitas que están suspendidas en el aire, en la siguiente ventanilla está su hermano Franco y finalmente –me dice- estoy yo, a quien incluye en el mismo viaje aunque estoy divorciado de su madre. No dibuja a su gata color te con leche que se llama Perla, pues -me cuenta- tenía miedo a viajar en tren y se quedó en el departamento.





Estación Clason.



Viajan en tren. La abuela y quien será mi madre pero ahora tiene los rulos de Shirley Temple y uno o dos años menos que los de mi hija hoy. Es el año 1934 o 35. Mi madre sólo recuerda un puente sobre un río ancho y que ese tren llegaba a Santa Fe de donde tomaron otro hasta el pueblo donde vivía Fernando, mi abuelo materno. Nunca sabré cómo el abuelo pasó de fabricar bicicletas "Cycles Zucca" y proyectar cine en un galpón de Turdera a trabajar tan lejos, en la usina eléctrica de ese pequeño pueblo rodeado de tambos.





Estación San Genaro.



El abuelo no respondía a las cartas. Ya tenía nueva mujer y parece que no le resultó sencillo ver bajar de la estación a su mujer -italiana como él- y a su hija pequeña nacida en Argentina. La historia tiene un pozo de niebla como el que veo ahora del otro lado de la ventanilla. Niebla suspendida a poco más de un metro de altura que corta la visión de las cosas. Mi madre recuerda la reja alta. No sabe cómo pudo saltar desde ese abismo de 2 metros. Luego la corrida con el corazón en la boca hasta el hogar de unas monjitas. Y esa sonrisa de la monjita que le quedó grabada como en foto al escuchar el pedido de enviar una carta auxilio al hermano de la abuela. ¿El tío Joanny ya trabajaba en La Vascongada?







Estación Centeno.



El tío, al que imagino con su boina vasca que no se quitaba nunca, llegó después de algunos días y presumiblemente en los mismos trenes del Central Argentino. Las llevó de retorno a Turdera.

Mi madre ahora recuerda su vida en casa de sus abuelos paternos. Su abuelo dirigía la colocación de vías del tranvía en Temperley. Se ve de nuevo en la mesa abajo de la parra mojando las biscuit en chocolatada Vascolet, son imágenes de panza llena. Pero también hubo privaciones pues si no había comida, el que tenia que comer era su hermano mayor Nicolás que "salía a trabajar".







Estación Cañada Rosquin.



El relato sigue en otros viajes de tren, ahora a trabajar en Buenos Aires. Agrocom y La Compañía General de Construcciones son nombres que flotan en el aire a los que cuesta darles entidad, fachada, espacio. Hay un viaje a recibir el crédito para la casa propia. Viejo anhelo de madre a hija -intuyo.

"Fui la primer mujer en recibir un plan Eva Perón" -dice mi madre. Mi hija la mira con ojos grandes desde el silencio y sigue dibujando en el cuaderno.



Salto Grande, Totoras, Clason, San Genaro, Centeno, Cañada Rosquin….

Sigo anotando estaciones y desconociendo el recorrido. Pero ya se. Lo debo reconocer, la próxima estación a la que arribará el tren -y en la que bajaré- será Sastre del Ferrocarril Central Argentino. Allí podré sentir esa extrañeza mayor a la habitual y quizá palpitar en la brisa aquella historia que de algún modo obscuro e inconsciente ha condicionado mi vida.

martes, 29 de julio de 2008

REPARAR AL MUNDO...

DEL REPARAR AL MUNDO*



En los últimos dos años ha visto mucho cine viajando. Pedazos, en realidad de películas, imágenes sueltas.
Ese hombre sabe que es un hombre sacudido y estallado en pedazos. Un hombre que va y viene, y que ese día esta apenas anestesiado por el dolor.
Sale de pensar con la vista puesta en el paisaje lábil que le brinda laventanilla y ve a Richard Gere en el personaje de un profesor de religión escribiendo en un pizarrón "Tikkun Olam", explicando que quiere decir"reparar al mundo".
Cuando el hombre consigue encontrar su anotador la película ha avanzado, como el micro, y como todas las cosas entregadas a su propia velocidad, ha avanzado. Sólo logra anotar dos frases aisladas más, bastante poco para una película de más de hora y media: "Amar las cosas de nuevo". "Reunir
fragmentos".
Cómo se logra eso? -se pregunta.
¿Cómo se hace para reunir esos pedazos en los que su vida trascurre estallada?
¿Como se hace para amar las cosas de nuevo?
¿Para querer y quererse a pesar de las tareas imposibles en las que se ve una y otra vez inmerso a lo largo de su vida?
Mientras, siente que estademasiado acostumbrado a la tristeza como sombra de sus pasos.
Afuera, un ave de nube flota al celeste intenso del mediodía.



-Escrito del año 2007-

domingo, 27 de julio de 2008

TODO PASA Y TODO QUEDA...






1


Desde el primer día / supe que te amaba
con mi alma enamorada
como un vagabundo / no me da respiro.
Porque nunca nunca serás mio
Y no me importa nada / por que no quiero nada

...y aprender como duele el alma
como un adios.
Porque tengo el corazón valiente.
prefiero amarte después de verte.

Mi hija tiene 7 años. Y acaba de cantarme su versión de la novela que protagonizan Natalia Oreiro y Facundo Arana. Al rato vuelve y me cuenta sobre el anticipo del nuevo capítulo del lunes con el cual bombardean a cualquier hora. Me dice que Martin y la Monita se van a dar el primer beso después de huir sobre un caballo blanco. Con las novelas y la televisión tengo una larga polemica, como Padre no logro evitar que mis hijos pasen demasiadas horas delante de un televisor incluso con mi compañia, quejosa pero compañia al fin. Preferible, trato de consolarme, a la soledad delante del monstruo devorador de espacio y tiempo. Trato de mantener un espacio propio de comunicación con pretexto de los programas que ven.
Entonces le pregunto a mi hija de que tratan las novelas, y su respuesta me deja con la boca abierta y desata una risa franca, un alivio ante la complejidad del mundo que tanto me abruma en estos días.

"De cuernos y secretos". -me dice.






2





Un puño cerrado sin luz. El cielo.



Llueve. Cortina fina e interminable. La luz se condensa en las gotitas guirnaldas que se quedan una tras otra en el alambre de colgar la ropa. Recién puedo ver, en mi despresente permanente ante las cosas, un brote de la parra de uva blanca, el primero de esta temporada. Otro aviso del paso del tiempo, para mi no había pasado nada desde la última poda, un domingo, los chicos jugando abajo, corriendo entre las ramas, jugando una guerra donde las escobas y los secadores eran caballos. Debe haber sido en mayo, quizá en principios de junio.

La nena galopaba sobre el secador y llevaba como ariete un palo con sopapa de goma en el extremo. Iba, golpeaba las puertas invisibles del castillo, y volvía a tomar carrera. En el camino gritaba "Esa vieja putaaaa y locaaaa". El grito de guerra había desatado un ataque de risa en el hermano, y de mí mismo que temía caerme de la escalera por la risa o por algún golpe equivocado en ese ataque al castillo.

Luego las ramas gruesas se convirtieron en pequeños atados que serán después del secado del tiempo alimento para el fuego de la parrilla. Ahora veo la cabeza de caballo en la campana de cemento, seguro mi hija se puede ver sobre ese corcel mientras golpea la pared blanca descascarada por el paso del tiempo.

La misma parra que desata la imagen de mi padre en su caminata con el trípode hasta abajo, a ver como estaba la uva negra, a decirme algo acerca de cómo cortar los racimos. Puedo verme en la escalera mirando como elevaba su mirada, temiendo quizá que perdiera el equilibrio, pero no, luego se sentó en una silla a verme cosechar desde el silencio.



Allí, justo allí donde estaba la escalera, bajo la parra de uva negra. La vida me dejo ver en este verano los pies descalzos de mi amor, que todavía no era mi amor, solo mi amiga en su primera visita al patio del fondo de casa.

Todo pasa y todo queda, canta Serrat en su voz a Machado, pero en mi breve presente nostalgioso del otro lado de la cortina de lluvia que todo lo vela, con un cielo bien bajo y gris.

Aparecen esas tres imágenes. La ultima vez que vi a mi padre bajo las ramas brazos de la parra, marzo casi otoño, en el último otoño con nosotros.

La poda con los chicos jugando y riendo en escenarios que solo la magia de la infancia puede construir sin otra escenografía que la imaginación.

Y la primera en que vi a mi amor, desnudando sus blancos pies al sol fuerte de verano.





3



Nuevamente, el tiempo pasa a la velocidad del click, me veo detenido ante cinco esquinas, viendo fugar imagenes, las cosas y la gente.
Sé, que tengo un reloj vital que es más lento que las cosas, que el tiempo externo es fugitivo, voraz, vertiginoso. Hasta su estetica tiene el paso vertiginoso. En la mirada ausente, en la moda. Mi reloj está atormentado en la velocidad de la ansiedad, la externa y la propia que son el signo de una misma temporalidad histórica. Pero ella, desarma mis pasos necesarios, los urge de fin. Y los hace fin antes del comienzo.
Estoy mudo, frente a esas fotos antiguas en blanco y negro, siempre que estoy en una encrucijada me veo repasando esas imagenes, muchas, de los abuelos y tios que nunca conoci, que son relatos tenues, otros mundos de vida que tambien son mi sentir y mi mundo.
Y, allí empiezan a faltarme las palabras para contar, para decir sin traicionarme, sin generar mito y equivoco, sin eludir las claves en el pequeño milagro de existir.
Esa mirada firme de 8 años en un libro de oraciones en la comunión, la sombra gris recorta mi figura contra la cortina, al lado del Berkeley a lamparas se ven los guantes blancos.
El moño tambien blanco, es enorme, ridículo. Trato de recordar algo de esa época y me recuerdo frente al confesionario, dentro de una iglesia fría, el sacerdote con su rostro vedado, apenás visible en poros circulares. Me pregunta cuales son mis pecados, y recuerdo mi desconcierto.... ¿pecado? traté de superar mi incomodidad y le inventé inexistente, esa confesión obligatoria generó la primer mentira de la que soy consciente. El sacerdote me absolvio despues de asignarme varios padrenuestros y avemarías. Todavía recuerdo esa situación y siento enrojecer de vergüenza ajena.
En ese tiempo, mi madre me habia explicado que el mayor compromiso de una persona era con la verdad. Y ha decir verdad, todavía no sabia que la verdad absoluta puede ser intolerable, inaceptable.

Otra foto, en la esquina de la casa de Quequén, las paredes están sin revocar, se ven partes de un andamio, mi padre en camiseta tomando a mi hermana con la mano derecha. Mi hermana y yo tomados en la mano izquierda, tengo un gorro de papel que pretende ser gorra y un palito vertical que es espada.
El tiempo es una aventura irrepetible, un acertijo que uno desafia de perdida a imagen, del estar al no estar. Intento disimular mi desencanto, mi perplejidad ante lo pasado adormecido en mi ser. Escucho los ruidos del mar, son el fondo en el fondo del presente y de arena y sal en la piel. Fui y soy.

Son once como un equipo, mi padre es el segundo a la derecha, tiene la ropa de trabajo grisada por la jornada de engrasador cumplida, el único con una gorra y las botas altas a prueba de la soda caústica. En ese taller, mi padre tenia un pequeño recinto de dos por dos, donde a las 9 de la mañana preparaba sin falta el mate cocido con leche para todos en un pequeño calentador a kerosene. Allí esta, con la misma cara de Rossano Brassi que encandilo a mi madre en ese atardecer lluvioso, cuando ella sintió que él habia salido desde una película a protegerla con su paraguas de ilusión allá por el '56.
Ya eran sobrevivientes, a la guerra, al bombardeo del centro en el '55. A perdidas tempranas y desarraigo. Y siempre los veo en la tormenta, luchando lo mejor posible.

Recuerdo esa tarde, casi al final de la vida de mi padre. Tarde cruda de invierno, ambos metidos en la cama, mi padre con un gorro de lana, muy juntitos viendo una película de Nini Marshall en canal 7, se rien, se apichonan. En un momento se dieron un beso tremulo en la boca. Me emocionaron, me sentí testigo de una dicha.


Paterno, 9 - 6 - 53. casi un año de la partida de mi viejo desde su pueblo italiano. Es una foto pequeña, única. Son los abuelos italianos posando con nieta y nieto de brazos. La abuela con el mismo rostro de mi padre en su vejez, con un pañuelo atado apenás arriba de las cejas. En su mano derecha lleva un recipiente con alimentos. Es pequeña y tremula pero fuerte. El abuelo Antonio con su gorra fiel que lo acompañaba en los senderos de montaña guiando ovejas y cabras. Atrás toda la humildad de una mesa rústica que seguro hizo el mismo. Una puerta abierta es el fondo lejano.
Trato de verme en el lejano espejo de su existencia, trato de imaginar los muñecos de nieve ,el juego de las manos de mi padre, todavía suaves antes de grasas y acidos, con esa nieve en una batalla que algún día sería cuidar la vida y el sentir.
Veo su silencio del otro lado de la vitrina, del relojero del pueblo, su asombro ante los engranajes del cucu, la técnica marcando el paso en sonidos mécanicos.
Su reloj no era digital, tenía raices concretas, sabía esperar. Sabía de siembras y cuidar animales en los senderos del bosque de los lobos camino a Padula.
Hoy, asediado por ese tiempo angustioso que nos lleva más rapido hacia la muerte.
En la inmediatez del "just do it".
Quisiera tener y sentir, al menos en parte, el reloj vital paciente, perseverante, caminante en su propia verdad de mi padre.



*de Eduardo F. Coiro inventivasocial@hotmail.com

sábado, 26 de julio de 2008

DON OSVALDO BAYER...

DON OSVALDO BAYER
Ciudadano Ilustre de Santa Fe*
-Abril del 2006-


Menos mal que Margarita me aviso. Lo cierto es que estoy en Santa Fe y a dos cuadras justas del Edificio Municipal donde estaba Don Osvaldo Bayer ya distinguido y hablando para la prensa.
Llegue con los anteojos colgando y vestido de entrecasa. Pregunto. -Segundo piso- me dicen , vuelvo a preguntar y me abren una puerta, y otra más, y allí esta, sentado en la sala de reuniones rodeado de cámaras y grabadores.
Un señor grandote de cara ancha y bigotes me pregunta con la expresión de su rostro: ¿que desea señor?. "De Inventiva Social" -respondí y quedo bastante conforme con la respuesta.
Me ubico en una segunda fila de pie y empiezo a garabatear el anotador con mi letra inentendible.
Osvaldo hablando de su tía Griselda que a los 100 años decía que tenía 87.
Y también de ese campo donde de niño pasaba tres meses andando a caballo, ¿era de la tía Griselda?, no entendí, y lamento no haber hecho un curso de taquigrafía ni tener un grabador.
Ahora Bayer habla de Gastón Gori. "Un hombre bonachón, un gringo, con el que se podían tener diálogos de horas". Se acuerda de un último encuentro que fue en la ciudad de Reconquista.
Gori hablaba de árboles, de pájaros, de la nobleza de ese árbol, el quebracho. De esos hacheros con rostros picados por los bichos que trabajaban en La Forestal. Esos trabajadores que nunca debieron ser
reprimidos. .
Se propone que una calle de la ciudad de Santa Fe lleve el nombre de Gastón Gori. "Una calle..." "El amaba a Esperanza, colonia Esperanza, no se si ustedes la siguen llamando así" (...) "pero por que en vez de una calle darle su nombre a un boulevard con árboles, que a el le gustaban tanto".
"Un hombre de la tierra gringa". -lo define
Habla de la campaña para retirar el monumento de Roca de su emplazamiento en la ciudad de Buenos aires y enviarlo a la estancia que el gobierno le regalo a Roca. ("La Larga" )
Y en el emplazamiento de la diagonal sur, hacer otro monumento. "A la mujer indígena". "A la mujer inmigrante". Describe la vida en el conventillo donde las familias vivian hacinadas y había por lo general un solo baño, al cual no podían ir hasta después de las 9 de la mañana las mujeres y los niños, por que antes era para "los hombres que tenían que ir a trabajar". Llegó a hablar con Gastón de este proyecto y él lo compartía. Con "La Forestal" -dice Bayer, Gori tuvo la primer valentía pues "de estos temas no
se hablaba"; dio el primer paso.
Y en eso llego Mónica Marangoni, la hija de Gastón Gori, la sonrisa amplia y una mirada con chispitas de emoción. Cuenta del asombro de su hijo, "desde cuando a las calles les ponen nombre de escritores".
Irrumpen algunas preguntas de medios, el cronista del canal 2 local le pregunta si no teme ser usado con los homenajes, y Osvaldo le dice "no voy a cambiar de línea".
También le preguntan por la decisión judicial que no incluyó a Reutemann como procesado por la causa judicial sobre la inundación de abril del 2003.
Cuenta una anécdota de una presentación donde un paisano le pregunta si tiene parentesco con Reutemann, y el responde que son primos segundos. El paisano que dice entonces a viva voz "ese siempre llega segundo".
Me distraigo cuando uno de los muchachos de la publicación Tercer Mundo patea un grillo enorme que se escapaba de la zona de mesa y sillas, el pobre grillo se pierde debajo de unas cortinas que llegan al piso y cubren la vista de una ventana que mira hacia el sur de la ciudad.
"No puedo hacer el que sé todo de todo" -dice más adelante, pero cree que Reutemann debe hacerse responsable.
Relaciona lo de Reutemann y la inundación con Ibarra y Cromagnon. Dice que aunque Ibarra -el considera que no es un responsable directo de la tragedia- sí tendría que haberse ido por respeto.
No fue este un comportamiento ético.
De la misma manera, Reutemann debería haberse echo responsable.
"Y no hacerse perdonar por un juez".
-Cuantos "debería" que incluye mi crónica...-
Está el recuerdo de Esquel, donde lo echo la Gendarmería.
Cuenta que vinieron a su casa, donde el había plantado árboles. El argumento suena tan cómico cómo trágico, todo un símbolo de como se decidían las cosas en la Argentina ( ¿tengo que escribirlo en tiempo pasado? ) Esquel es zona fronteriza. Zona de seguridad. "Y las cosas que usted escribe están en
contra de la seguridad". Y había algo firmado por un comandante de gendarmería. Esto ocurrió en el gobierno de Frondizi. Años después al retornar a Esquel, quiso volver a ver su casa con sus árboles, y para su sorpresa allí vivía -en su vieja casa- "el comandante de la gendarmería". 5 años después volvió nuevamente y allí se entero de que también habían talado todos sus árboles.
Me voy de nuevo en asociaciones. Cuantos exilios suele haber en la vida de la gente buena de Argentina. Exilios o exclusiones internas tan dolorosas como partir al exterior por persecución o necesidad de trabajo. Vuelvo a conectarme: "por eso estoy en la causa por la reivindicación de la tierra para los pueblos originarios". Qué cosa mi fallido, lo que escribí sin anteojos y ahora puedo leer clarito "pueblos imaginarios".
"la justicia es lo peor en la Argentina", dice que Kirchner tuvo acierto en el tema de cambiar la corte suprema. Habla de Zaffaroni, "un hombre honesto". Pero la justicia sigue pendiente de cambio de allí para abajo.
Habla de Quimilí, de su estadía en Santiago del Estero con los campesinos del Mocase. De la persecución que sufren. Hay que hacer algo para ellos, para los pobres.
Pues si no, no hay "verdadera democracia".
Ahí se van yendo algunos medios.
Ahora me acuerdo de aquella imagen que me había creado y compartía con quien quisiera oírme durante las movilizaciones del 2002 contra la corte suprema: "La corte es la punta de la pirámide invertida de la corrupción en la Argentina" -dije. Era la impunidad sostenida en última instancia por un tribunal inapelable.
La cronista flaca y rubia con aire a la Nicole Kidman de Hechizada -pero sin mover la nariz- hace una breve presentación donde le dice "que importante es seguir con los ideales a pesar de que la vida sigue" antes de pasarle el celular a Bayer donde lo aguardan -supongo- las preguntas de un periodista
de radio.
Osvaldo ahora responde a preguntas que no pueden escuchar.
Recuerda su visita a los inundados que vivian en carpas "como el gobierno no alquiló las casas vacías para darles lugar y no que vivieran en carpas. El hermoso rostro del color de la tierra de los niños, sus ojos grandes. Y los pies en el barro.
La justicia ha hecho mal. Reutemann debería haberse hecho responsable. "ponerse a disposición de la justicia" y poner sus bienes también a disposición de la justicia.
Vuelve al ejemplo de Ibarra, que no es culpable directo, pero si responsable; que debería haberse ido, y no hacerse acompañar por los políticos, hacer actos, y no quiso cargar con el peso de la responsabilidad.
Si se hubiera ido, en quince años le hubieran reconocido el gesto.
Lo comparto, esta demencia de los políticos les quita sentido común a sus actos, la política es como una droga, un viaje de ida pienso, me distraigo, no anoto.
Osvaldo volvió a Santiago del Estero: hay que ver a ese campesinado sin tierra.
"la democracia no puede permitir esto". "Tiene que gobernar para la gente de abajo; para los barrios".
Por la responsabilidad de los políticos tiene que haber "mesas de debate, asambleas populares".
El político debe ser un representante del pueblo.
Este es un país rico, hay para todos. -Le escucho decir.
Habla de visitas e imágenes que le quedaron: la visita al comedor infantil de Castells en Puerto Madero.
La biblioteca popular en el barrio de Belgrano donde recomienda leer en voz alta a los chicos. "En eso voy a estar siempre". Otra visita a Avellaneda: los muchachos (sentados en la calle) mirando al infinito.
¿Que camino tendrán? ¿El camino de la violencia? Reflexiona: en vez de darles el dinero al FMI había que organizar grandes planes de trabajo.
Improvisa ejemplos: aumentar la red de subtes para que las ciudades sean ambientalmente mas sustentables (las aglomeraciones de autos)
Pero Kirchner debe apurarse, con la desocupación, con el hambre de la gente. Cuenta las cosas que ve desde su casa en el barrio de Belgrano: colas para recibir el pan viejo a la medianoche; la espera de la verdura que tira a la calle el verdulero al cerrar.
La situación Argentina era inimaginable; y recuerda la frase del poema de Rubén Darío "Argentina el país de las espigas de oro" cuyo campo podía alimentar a todo el mundo...
¿Que será de esta Argentina?, la de los chicos que se crían con padres sin trabajo, reflexiona con tono de tristeza Osvaldo.
Se da el permiso de citar a Von Bismark que estableció que cada desocupado debe percibir el 62% del sueldo que ganaba. "hay que educar para evitar que los jóvenes se vayan criando en la violencia".
"solo hay violencia de abajo cuando hay violencia de arriba, de los poderes".
"más en la argentina donde la corrupción ha sido tan grande".
La jubilación de privilegio de los políticos. (...) y sin hablar de los multimillonarios que van a Puerto Madero. Cuantas injusticias de la democracia argentina. Remata y uno se abisma.

De Gastón Gori.
"Un hombre absolutamente bueno"; como le gustaba vivir aquí, en Santa Fe.
"Hay que pensar en la zona de La Forestal, donde muchos años después sigue el abandono. Pero hay que darle una avenida y no una calle, a un escritor bien santafesino".
Se termina la conferencia de prensa, sirven un café. Mónica Marangoni le dice que enviará una edición original de La Forestal para la gente MOCASE.
Pido saludarlo, es la primera vez que puedo hacerlo. Le estrecho la mano, me voy echando una mirada larga a los ojos claros de un hombre que tiene la edad de mi madre y sigue firme con su don de gente.

CONTEXTOS ENCONTRADOS...



*Foto de Florencia Soler Abbate. florencia_soler_77@hotmail.com




El hombre entra a la exposición de la escuela de arte escuchando su monólogo interno, ese acompañamiento en silencio al que ya esta acostumbrado como en matrimonio de viejos.
Ese llevarse a uno mismo con palabras que no tienen voz ni luz, que circulan en algun lugar impreciso de su cabeza. Palabras que no salen pero que se plasman en emociones, en piel de gallina, en palpitaciones inexplicables, en sensaciones que aparecen siempre fuera de contexto. Fuera de lo que le resulta posible verbalizar y explicar a otros. Incluso a sí mismo.
El mundo es tan proyectivo. -se dice.
Tan de poner afuera y ver sólo lo que el mundo interno nos permite ver. -insiste mientras se mueve algo ajeno al desarrollo del evento. Lo invitan a ver trabajos. Quiza a elegir uno para dedicarle algunas
palabras. Se detiene ante una foto, la elige inmediatamente. La chica de la imagen esta tendida sobre un suelo de baldosas oscuras. Su blanca piel de brazos y rostro contrasta con la oscuridad del pudor con la que gran parte de su cuerpo piel se oculta debajo de una manta fucsia que se pierde en sombras de la cintura hacia abajo, hacia un final que no llega a la extensión de ese cuerpo curvado al que hay que imaginarle piernas y rodillas y pies tan blancos como el color de sus brazos.

Ella y su mirada puesta en la naranja que sostiene con su mano izquierda.
Enseguida le surgen ideas imprecisas y una canción cantada en la voz de Horacio Molina.


Era más blanda que el agua
que el agua blanda
Era más fresca que el río,
naranjo en flor


Es por su piel tan blanca en flor, que piensa en ella cómo la continuación de una raíz bien hundida en la tierra. (si uno observa con detenimiento se ven las costuras de flor y flor en los surcos de piel, flor con flor unidas en piel que la costumbre de ver piel y no otra cosa no dan a entrever a la mirada inocente).
Y ese ser de unos 18 años que observa la piel naranja del fruto es también Hegel, y su dialéctica. Árbol humano que sostiene su fruto con dedos finos y delicados.

Hilachas, hilachas de su vida ve. En el negro pelo de la chica, tan negro como el infinito, ve el color del portalaminas donde guarda enrollado su título de sociólogo.
Encuentra en el rostro perfil de la muchacha un rastro de sus labios y ve el color de los labios de un tenue rosa viejo que lo enamoraron de su compañera.
En esas cosas piensa aleatoriamente el hombre, en esos contextos encontrados a partir de la imagen de aquella chica con su piel de Naranjo en Flor.


Y en esa calle de estío,
calle perdida,
dejó un pedazo de vida
y se marchó.

A GOTAS...








Su cuerpo era tan de nube blanca
que mis manos se hundieron al cielo




*

Le prometio fidelidad.
Y fue fiel al maltrato por muchos años...


*

"Era solo un juego"

(Nunca se perdona
que descubras un juego inconsciente).




*

Amurallada al sentir.
Apenas con una hendija para ver el afuera.
Distante y cercana a la vez.
Así era y así es.



*


Ella borda
gotas como voces
las hace río,
les devuelve un sentido.

ESTACIÓN NUMANCIA...





Por la ranura de la memoria*



-Escrito del año 2003-


En estos días me la he pasado echando monedas por la ranura de la memoria. Esperaba escuchar el sonido del tocar fondo. Pero no, abismo sin fin, no concluyen ni las imágenes de la caída ni el silbido del aire desplazado, que cosquillea la piel del tiempo.
El detonante puede haber sido la pregunta de mi hija, que se acerca a los 5 años y que desde los 3 no tiene al papá viviendo en la misma casa:

¿Papá, vos estabas cuando yo era bebe?

Allí esta la memoria cortada en pedacitos, colchón de espuma y nube, sonidos sin voz.
O puede haber sido esa foto, caída, arrugada y húmeda que encontré detrás del escritorio en la casa de los chicos. Estoy en una baranda de troncos casi saliendo de la foto, un perfil leve, viendo un lago quieto, espejo de montañas que descienden en colores de día nublado. Es el sur, la foto la tomo mi amigo Rubén, habíamos terminado una obra y nuestra sociedad laboral, y nos fuimos de viaje al sur, creo que la foto es cerca de San Martín de Los Andes. Compartíamos trabajo y una amistad estrecha, como un tiempo atrás habíamos compartido escuela secundaria, y una militancia que casi nos costo la vida. Todavía no imaginábamos que a poco de andar la amistad quedaría distante por cuestiones menores. Lo cierto es que hoy, me veo en su compañía, dentro del Dodge 1500, cortando el mundo con ironías salvajes, escuchando uno de los tres o cuatro casettes que siempre se llevaron en todos los viajes. Y hasta recuerdo el estribillo y la voz grave, solemne, del tema que siempre generaba mi risa. "...Porque siento que el culo me pesa...", Cantaba Jorge y nosotros reíamos atravesando distancias de Varela a Numancia, mientras sacábamos improvisando en el aire el número de durmientes que necesitábamos para revestir las paredes de la obra. De esa época, tengo borrada la imagen de la estación, pero a unos metros bajo un tinglado estaba la maderera que hacía lo que pidieras en quebracho. Que extrañas esas vías angostas, parecían de un tren de juguete, uno imaginaba un tren idealizado, sin conflictos ni miserias humanas circulando por allí. Son los fines del 81, y a los 21 años cualquier cosa podíamos elaborar con risas, casi un programa de radionovelas hacíamos en esos viajes donde mirábamos el entorno con el ojo indiferente que da la velocidad de un auto.
Pero si, recuerdo las vías, y tenía -y tengo- una extraña sensación cuando uno cruza una barrera en las rutas y ve las vías perderse, fugarse en un punto inalcanzable del horizonte.
Creo que hay algo muy profundo, en eso de atravesar vías viendo las vías achicarse hacia un punto lejano. Ese sobresalto previendo la cercanía de una locomotora que de inercia nos corte el tiempo de andar por nosotros mismos y en nuestras propias cuestiones. Tengo hoy sensaciones indefinibles, mientras escucho y veo la caída de las imágenes, con esa sensación extraña de haber perdido muchos trenes posibles para subirse. Aferrado al silencio y la inmovilidad, sin ver otros destinos posibles, más allá de mis pasos sin ver. Desde ese temor a tomar un tren equivocado. Me ronda la idea de una decisión oculta de aferrarme a lo existente, sin poder ver más allá de la propia estación-escenario.
Sintiendo, eso si, que al abrir de nuevo los ojos me habían cerrado el ferrocarril y las vías no llevaban a ningún lado.

En el 97, volví a la estación Villa Numancia con mi hijo de tres años de la mano, compartíamos una extraña obsesión por el tema de los trenes, y el me acompañaba por estaciones activas o abandonadas, veíamos el enganche de las locomotoras. El me decía -"ahí, baja el tito que engancha", dibujaba los trenes y esas extrañas conexiones de locomotora a vagones: "tubito, arito con cadena, los topes, falta algo...?". La estación estaba muy deteriorada, el reloj sin agujas, la Virgen de Lujan, el techo de tejas con huellas de pequeños meteoritos. Allí cerca una escuela, con niños que juegan y gritan, más cerca una casa con patos, gansos, gallinas, creo que nunca vimos tantas aves detrás de un alambrado.
Y allí mi hijo, hizo toda la fuerza de sus tres años con la palanca del cambio de vía, o de señales?, -Te acordás que lo moviste vos papá... ? -Me dijo hace unos días. Allí encontramos un clavo de riel contra durmiente, muy oxidado y lo trajimos de recuerdo desfondando mi bolsillo del vaquero.

Ya no había trenes, pero uno se sentía atravesado por todos los viajes de un pasado que lentamente se desvanece en la memoria.

Por un momento, imagino a mi padre tomando la letorina hacía el puerto de Nápoles, partiendo de Italia para no volver ni irse del todo.

O puedo verme con mi padre en el oscuro vagón de regreso de Quequén cuando él trataba de explicarme como jugaba a "la Murra" en Italia, (era algo así como piedra, papel y tijera pero más complicado). Del otro lado apenas recortada por la luz de luna llena que llegaba del campo, una anciana italiana empezó a contar las historias de su padre jugando a la Murra. Creo que me quede dormido, escuchando la media lengua de mi padre compartiendo sus recuerdos, agitando las manos en la oscuridad.
Cuando despierto, -y creo que he dormido muchos años sin registrar el paso del tiempo- muchas ausencias se han abierto ante mis ojos, la muerte de mi padre, la prematura partida de Rubén en España. El fin del matrimonio, y del compartir día a día el despertar de mis hijos, menos tiempo también para visitar estaciones abandonadas o tomar trenes reales de la mano cuidando a los chicos de tropezar en el peldaño.
En todo esto pensaba, mientras recordaba aquellas visitas a las estaciónes de tren con mi hijo mayor. Buscando el por qué estoy aquí escribiendo e imaginando vías de vida al futuro.




*De Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

jueves, 24 de julio de 2008

DEL DERRIBAR MOLINOS CUAL SI GIGANTES FUESEN...

Los restos del juego*



-Escrito del año 2003-


Quedaron los restos del juego, el secador y el cepillo que son caballos. Paula gusta recorrer el patio montada, para ella los jinetes a los 4 años gritan hijaaa...!! Y corren más en cualquier batalla. Franco parece el director de la peli, allá van las armas..., acá hay que desenterrar a los orcos, y allá el metal, y faltan los árboles. Mezcladito esta una fortificación hecha de lo permanente y de cosas del día:
La mesa de madera dura que hicimos con el viejo más de una década atrás, sus usos múltiples a pesar de la lluvia y la intemperie. Pegadita la muralla del castillo de Rohan, algunos meses atrás fue clavada sin golpes en los dedos por mi hijo, no se sabía para que fin podía servir, su destino fue ser parte de cualquier utilería y construcción imaginaria adentro del juego, también quedar al día siguiente de la visita para que el padre reconstruya esas horas mientras acomoda las partes expuestas al tropiezo o la bronca de la abuela.
Siguen cayendo las hojas de parra, arriba pequeños racimos esperan el calor tardío del sol, quizá una esperanza imposible de madurar en otoño cuando las vendimias han concluido.
En realidad son mis herramientas las que han quedado fuera de cualquier lugar pensable, ellos han dejado el orden lógico de sus juegos, la campana de protección de la niñez ante el mundo, la manera de enterarse solo de a ratos de nuestra adulta locura sin juego de pares posible.
Espadas y lanzas, sin heridas, sin llagas, nada irreparable, nada que no pueda rearmarse en la próxima visita jugando a parecido y siempre diferente, seguro con las mismas escenas hasta que volvamos a ir al cine en trío, y nos impresione mucho una peli, como la del señor del anillo.
Oscurece más temprano, hacemos cine de pobres en canal 13, es "El hombre de la mascara de hierro" con un rey que era héroe pobre y fatal pérdida en Titanic.
A mi hijo le encantan estos relatos épicos donde se cruzan batallas, y romances y armaduras y luchas de espada que se pagaban con una vida o muerte individual.
Muy lejos de pensar las guerras virtuales de este tiempo donde la muerte masiva se administrará desde un pequeño recinto, para ser seguidas por satélites, mientras el pequeño perro del presidente del imperio le husmea los pies.
Algo me dijo mi hijo acerca de lo lindo que sería vivir en esa época de castillos y espadas forjadas por herreros. Quizá la humanidad nunca debió tener el poderío técnico - militar actual, ese crecer hacia afuera sin madurez.
Por eso, me admiro de los juegos de mis hijos -hijos de padres separados- que llevan con ellos el abrazo común, la capacidad del lazo para jugar donde sea creando la escena posible con las cosas posibles: las maderas que uso el abuelo, las herramientas que el padre desordena y olvida. Las propias cosas que por magia ya han sido transformadas y re-bautizadas en un juego anterior.
-Ese era mi caballo... no el tuyo- Se disputan el corcel de crin negra que para cualquier adulto es un secador inservible.

Me asombro hoy con los restos del juego, con la plenitud sin consecuencias que instauran y dejan ahí puesto en cada lugar del patio, mis hijos y sus juegos de batallas.





El señor de los anillos*



-Escrito del año 2003-


Bush dormía en el fondo de los barros de Mordor, aun antes que desde el fondo de sus sueños Tolkien lo desenterrarán. El espíritu del capital, ese anillo del poder sin cuerpo posible lo convoca y sostiene.
-Si, son sombras trágicas, espectros.
El está muerto aunque su perro lo pasee por los salones de la Casa Blanca y filme sus talones imperiales con su cámara Web.
Se encienden las luces, la guerra continuará en otra película, La lucha del bien y el mal seguirán en ese relato mítico y cualquier parecido con la realidad es una mera coincidencia, los actores que construyen una pesadilla colectiva quedan liberados para escribir la historia con sus pasos de muerte temprana en plena vida.
-¿Papá, cuando termino la Tierra Media....?-
-No supe que contestar-.
Nunca existió, es un sueño forjado en la montaña del destino.
O, es una buena síntesis de la brutalidad que sin tiempo recorre guerras de la humanidad, un sinsentido que rinde beneficios.
-El crimen no paga, -escuchó su voz desde la bruma de la infancia-. Pero para estos actores solo la historia, con sus marcas irreversibles habla por ellos.
Parecería que estos espectros están para encarnar corporalmente el concepto de la banalidad del mal, esos, que no alcanzan a comprender del todo el alcance de sus actos. Marionetas, apenas actores administrando la muerte real.
Orcos : están muertos pero salen a dar muerte bajo un deseo oscuro que sin duda no comprenden.
Horrores sin mascará, han salido a reinventar la historia bajo las necesidades del poder.
Se cruzan las imágenes del antes y después, frases e ideas incoherentes cortadas por el cine, parecen ser un rastro negro y repetido, aun entre los barros sin tiempo, rastros orgánicos esperando miles de años al servicio del sueño americano.
La derecha asesina, siempre asesina para dominar el presente. Y no existe el futuro, hay un presente continuo que hay que sostener a guerra y política.
- Para el poder no hay nada imposible.
-Todo es ilusión, menos el poder.
-El poder es ilusorio pero eficaz.

Frases, que perdieron su contexto. Las recuerdo como una cascada y un vértigo.
Símbolos, coincidencias, recuerdos, mientras Sauror busca rostros para desatar otra guerra que preserve "nuestro estilo de vida", ¿Cuanta sangre coagulada hay detrás del arsenal de mercancías y medios de pago ?
Lluvia furiosa afuera, agua buscando el fondo de los tiempos. Permeando los barros, memoria cruel de todos los muertos.
Agua filtrando, ríos inconscientes por debajo de las ciudades, fábricas, usinas, edificios, energía disipada en luces y gases de combustión.
Anillos de petróleo saliendo del fondo de los tiempos.
Chorreos de líquido negro en su cordón umbilical: entre barro y fuego Bush sale a conquistar su anillo de poder. A someter con su mundo fantástico -real y externo al cine- el mundo de los otros.


*de Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

miércoles, 23 de julio de 2008

TANTA HUELLA SUELTA AL VIENTO...





El hombre añora. Extraña. Intuye que ya nada será lo mismo.
No es por un objeto en sí mismo, sino por esa oculta señal que a veces en la vida es previa a que se desencadenen hechos imprevisibles.
Por un momento, piensa si esto puede solucionarse con dinero.
-Compro otra y listo.
Quiere convencerse de que es posible, que nada va a cambiar.
Que todo seguirá siendo como fue hasta la última vez.
Ella llegando a última hora, cuando la recepcionista ya se había retirado.


Puede ver ahora mismo la imagen: esa desesperación que hace que se toquen y se quiten solo lo esencial de la ropa y se revuelquen en la alfombra hasta penetrarse y acabar furiosamente, dichosamente al mismo tiempo.
Ese orgasmo es un lujo. –se dice.
Ni con su mujer, ni con otras amantes puede lograr eso.
Celia y él sobre la alfombra. Literalmente vuelan por el aire.
Esta alfombra es mágica –dice ella cada vez que tiene ocasión.
Pensar que era regalo de casamiento de mi suegra que la compro en una feria de El Cairo, si supiera –que en paz descanse- los placeres que nos brinda. –dice el hombre buscando la sonrisa cómplice de Celia.
Pero de todo esto ya pasaron tres interminables meses.
Fue en el último vuelo y mientras se daba el orgasmo de ambos como de costumbre, cuando sintió que la alfombra los había llevado más allá de los límites estrechos del consultorio.

Quizá haya sido una venganza de su suegra –El sabía que las coloradas como ella eran todas unas brujas-
Entonces sintió la caída.
Y la mano y después el grito de Celia alejándose.
Y ese aterrizaje con suerte sobre la palmera. Las roturas y luego los yesos en el hospital.

El hombre espera a su mujer en el horario de las visitas.
Y de la pobre Celia, ni noticias.



*de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com
-En base a una idea original de Azul. azulaki@hotmail.com

martes, 22 de julio de 2008

ÍNTEGROS Y SIMULADORES...

De íntegros y simuladores*



Esto que voy a contarles pasó el domingo 28 de octubre del 2007.
El amigo me dijo por teléfono que estaba en la casa de sus padres - a dos cuadras de casa- y que pasaba en un rato a devolver el andador y el trípode que eran de mi viejo. Su padre los utilizó durante los meses que llevó la rehabilitación de su pierna quebrada.
Al amigo lo conozco hace 43 años. Cuando llegó directamente de un pueblito de Pontevedra al barrio y a la escuela del barrio.
Tengo su imagen de niño y el debe guardar la mía. Nuestras madres se encontraban en la esquina, nos cruzaban la calle y nos veían hacer la cuadra que faltaba hasta la escuela 6.
Y aunque nos vemos dos o tres veces al año. El amigo ha estado siempre. Y yo, como pude, también.
Tocó el timbre. Bajó las cosas del auto. Me dijo que no quería entrar. Nos quedamos en la puerta de casa. Vi su rostro desencajado. Me animé a preguntarle "cómo están tus padres".
El gallego -como lo llamamos en casa- se quedó un momento paralizado y luego me abrazó con desesperación y lloro y lloro como una eternidad de llantos tragados e invisibles. Nunca nadie me abrazo con esa fuerza. Nunca antes había puesto el hombro ante un llanto tan hondo.
Le acaricie la espalda, le revolví los pelos de la cabeza al niño que sigue siendo a pesar de los 49 años que se avecinan, como niños que siempre somos buscando un abrazo ante lo inexplicable de las cosas.
Cuando pudo hablar me dijo que su madre empeora. Que se ausenta lentamente. No quiere comer. Ni levantarse de la cama.
No hay un diagnostico corporal certero. O es depresión, o la tristeza, o la falta de ilusión, o todo junto. Conjetura uno en su ignorancia sobre la condición humana.
Dice que no puede verla así. Él, que es hijo único. Que reconoce que ha acompañado a sus padres en todas sin descuidar a los hijos ni al trabajo. Lo veo demacrado.
Le digo lo que surge, hablo de más, digo cosas que dudo que le sean útiles. Le doy instrucciones para el día siguiente cuando lleve a la mamá a la psiquiatra. Le cuento de los últimos meses de mi padre. Me escucho decirle que él es más sano y más fuerte que yo, que al menos puede llorar, expresarse. Que es una persona a todas luces buena e íntegra. Que esta sufriendo por no poder con la vida de alguien querido y llega entonces a inventarse culpas. Me dice que se siente solo. Que se encuentra solo con un sufrimiento que no puede soltar en ninguna parte. Teme lastimar a su esposa e hijos.
Me cuenta al fin de su padre. Lo acaba de ver en una pequeña ceremonia: antes de que suba al auto el andador lo levantó y lo sacudió al aire con las cuatro patas apuntando al cielo. Hombre de pocas palabras el padre, al amigo le cuesta sacarle dos palabras que le ayuden a entender. Le dice al fin que se despide de estos objetos, que nunca más quiere usarlos.
Observo y conmueve que el viejo del amigo haya pintado al andador con pintura cromada. Le hice notar al gallego esa voluntad vital, pero no estaba ese día para ver más allá de la angustia por su mamá.
Después de fue a su casa y yo entre con el andador y el trípode al living donde la televisión seguía rondando en imágenes a la jornada de las elecciones y a los actores políticos que tenían que ver con el acontecimiento.
Estaba sacudido y no podía dejar de pensar en intermitencias veloces en el amigo, en mí, y en el ser humano que se debate en un equilibrio inestable entre fragilidad y fuerza.

Cuando volví de dejar las cosas en la piecita del fondo me encontré con las palabras del ministro del interior. Dijo que si faltaron boletas es responsabilidad de los fiscales de los partidos políticos y no del gobierno.
Me pareció surrealista. O el A-B-C del político desimplicado. “Si ganamos, y por tantos votos, ¿que importancia tienen estos hechos?” parecía decir el ministro sumando gestos y palabras.
El hombre debería al menos abandonar su cargo y entregarlo a quien al menos sea un buen actor. Al estilo de Máximo Cozetti, el especialista en caracterizar personajes de Los Simuladores.

De pronto volví a pensar en el gallego para quien estas elecciones ni siquiera habían existido. En su ser íntegro y sin dobleces que no puede tomar ninguna distancia del sufrimiento de sus seres queridos.
Y pienso en esos simuladores que en ese momento destapaban champagne en su efímero momento de fuerza, donde nada más del mundo parecía importarles. En su lejanía y negación permanente de la fragilidad en la condición humana.
Me veo en el gallego. Me identifico con la gente que la lucha día a día.
Y detesto profundamente a esos simuladores para los cuales la política no es más que un negocio que se renueva de tanto en tanto aprovechando la voluntad de la gente por ir al acto electoral y votarlos.

JUEGO AL ABISMO, PAPÁ...




Del año 2003



Cada vez que me encuentro en una encrucijada, en una esquina de silencio ante la escritura, busco el rumbo perdido en párrafos de La hora sin sombra. Estoy en el capítulo 35, leyendo una cita de Cioran "las palabras son gotas de silencio a través del silencio". Osvaldo esta despidiendo a su padre y es el final de la novela: "...sólo damos el paso decisivo hacia nosotros mismos cuando ya no tenemos origen. A esta altura es tan difícil comprender el sentido de una vida como buscarle un significado a Dios. Sin padres, sin infancia, sin pasado alguno no nos queda otra posibilidad que afrontar lo que somos, el relato que llevamos para siempre ".



Fue en agosto.
Veo a mi hija, esta a menos de un mes de cumplir cinco añitos, esta sentada bien al borde de la mesa de comedor diario en la cocina, se desliza recorriendo los bordes. Yo trato de hacer algo en la mesada, lavar un par de platos, unos cubiertos, solo para distraer la angustia. Mi no saber aceptar el paso siguiente a través de otro umbral al que nos conduce el vivir. La miro con cierta cara de desesperación, no quiero cortar su juego y decirle cosas del estilo -¡Te vas a caer y te vas a romper la testa cuadra ..! , como me decía mi abuela materna, única que conocí de los cuatro abuelos.
En un momento de sutil equilibrio, siento que efectivamente se va a caer y que la angustia que se respira en el aire la va a convertir en protagonista a través de un chichón.
Pero allí, me pregunta con su mirada crisol de generaciones:

-Es cierto que el abuelo murió?
-Sí, hijita.

-No va a poder tomar más mate?
-No mi amor, se murió.

Creo que lo logro, me obligo a pasar el umbral del silencio a la palabra, a confirmarle lo que ya había escuchado al mediodía, cuando la madre lloraba del otro lado del teléfono, apenas audible, desgarrada. Tuve que decirme(le) que el abuelo no podía seguir con la imagen que más lo hacía reconocible, tomar pavas completas de mate, cortando apenas la mateada con algún cigarrillo fumado con la abuela para transgredir a medias el consejo de los médicos. Si, se fue toda una institución me dice la madre de mi hija cuando esta apenas serena, recordando en fogonazos escenas de la vida de su padre.
Yo recordé la admiración y amistad que tenía por Luis Franco, a quien nombraba con un respetuoso "Don Luis", y también el ejemplar de Insurrección del Poema que este le dedico de puño y letra a su amigo Emilio. Por algo empecé escribiendo con ayuda de Osvaldo, pues yo, que lo oí una y otra vez cagarse en Perón y en todos los fascismos del mundo, siempre intuí que él era una especie de pariente perdido de José Vicente Soriano. Tal era mi presunción que hasta había encontrado de esa manera, una justificación algo esotérica a por que a mí nunca me llamaba "Eduardo", sino José como alias, cosa que continuó hasta el fin con su nieto, a quien llamaba también José o Josecito. Cierto, que cada uno de nosotros se parece un poco al personaje literario que Osvaldo construye de su padre. Emilio con su antiperonismo ilimitado, yo con mis ideas utópicas, casi delirantes.
Emilio salvaba cuestiones existenciales manejando en la ruta, cargaba a su mujer, su perro bóxer y salía a recorrer kilómetros, quizá tenia alguna afinidad con Lem de Una sombra ya pronto serás, pero sin duda era un personaje escapado de alguna novela de las que Osvaldo escribió o hubiera podido escribir si hoy viviera.
Ese día las nubes frías y altas se escapaban del oeste, las veletas del tiempo girando con la velocidad de los territorios que se hacen países, mares, figuras extrañas y lábiles que se cruzan con nuestra imaginación en esas nubes que escapan definitivas.
Seguro que nadie olvida días como estos, antes o después del cruce, el punto justo del silencio donde alguien querido queda para no ser, no oír, no ver.

Recordé el día de la muerte de mi padre, casi sin esperanzas, yo rezaba a la misma Madonna de Viggiano que pudiera ver a su nieta cumplir 3 años, antes de las ocho llamaron de la clínica, salí en un remis, el cielo estaba abierto y celeste, como el que uno podía ver abrirse en sus ojos si uno exploraba con atención su mirada. Lo sentí, todo el cielo eran sus ojos bien abiertos y grandes, pero en el silencio del viaje, con los ojos llovidos de lágrimas solo atinaba a escuchar ese fragmento, la única canción que le escuche entonar en italiano en mi vida. Una canción de amor, un acorde dulce a una napolitana. Un llamado de amor en medio de una despedida.
Y como le pasaba a él, cuando olvide la letra solo recordé y seguí escuchando muy adentro, el silbido con el que él seguía largo rato después de olvidar la letra.

Vi su imagen de juventud, el sigue en el barco como 49 años atrás silbando su despedida en una canción de amor a una mujer, una napolitana, o algún amor perdido de Paterno Di Lucania, su pueblo, quizá era recordar a su madre, o a su hermana que lo despiden en el puerto umbral de otro mundo y otras estaciones.
Y sentí que estaba allí, arriba del barco, que todavía no había llegado a América, que toda la esperanza podía caber en esa breve estrofa de amor, pensé eso, y entré al umbral de la terapia intensiva.


Abrí ojos nublados para ver a mi hija, le pregunto ¿qué haces en el borde de la mesa?.

-Juego al abismo Papá...

BORRADOR DE BORRADORES...





Borrador de borradores*

-2006-


La vida de un hombre es un miserable borrador, un puñadito de tristezas que cabe en unas cuantas líneas. Pero a veces, así como hay años enteros de una larga y espesa oscuridad, un minuto de la vida de un hombre es una luz deslumbrante.

Haroldo Conti. De "Perfumada Noche". Para leer el cuento ir a http://www.abanico.edu.ar/2006/02/conti.perfumada.htm



Me doy cuenta que mis cuadernos son una desordenada bitácora de mi vida. Cuadernos -como este que veo agotarse ahora, 80 hojas rayadas, tapa a dos tonos de verde, cuaderno barato- se apilan sobre los estantes, duermen un sueño incierto, una latencia, esperan como la esperanza más oculta y negada una nueva oportunidad. Alguna fisura en la realidad adversa.
Este cuaderno sobrevuela con frases, imágenes e ideas el tiempo de los últimos 3 ó 4 meses. Pienso, mientras tecleo, que seria lindo al menos hacer un borrador del borrador que se esta por cerrar ante la experiencia de otros que ahora puedo ver como olvidos apilados en los estantes.

Uno debería escribir directamente en la hoja virtual de un blog, pero se perdería esto que no puedo describir bien del todo, el ritual obstinado de garabatear frases inconclusas, o intentar bajar a tierra tormentas de ideas siempre oscuras y vertiginosas. Tan lábiles, que cuando pasan algunos instantes uno siente que perdió definitivamente esa imagen, aquella frase tan fuerte, o esa idea que puede desatar alguna escritura, siempre en potencial, como ese algún día que nunca llega.
Enseguida, se cruzan las frases con los lugares, y uno se pregunta acerca del por que de esas anotaciones: que me habían sugerido, donde las escuche. Muchas parecen mojones del diario de un observador clandestino, con vidas ajenas y anónimas captadas en detalles sin importancia, casi sin relato posterior posible.

"No tengo idea ni quiero tener idea", dice enérgico, casi con rabia el hombre sentado en la mesa central, le habla a la mujer que esta sentada enfrente. Ella habla bajito y casi no levanta la mirada.

Cada cual encerrado en su propia cárcel invisible y en el mejor de los casos de barrotes bien inconscientes. El lugar panóptico es una mesa de bar. Una ventana con amplia visión ubicada casi en la ochava, la primera mesa a la derecha cuando uno entra al bar por esa puerta, una de las 3 posibles.

Renglones y renglones que se cruzan con la mirada de aquí y ahora hacia el patio. Ese monumento espontáneo de ramas secas elevándose en la esquina, después de la puerta del galpón y de la parra de uva blanca que esta brotando nuevamente con fuerza, pero sus uvas son tempranamente apestadas por una mosca y no pueden comerse como la uva negra del otro extremo. Pero el cuaderno dice que hay que mirar el caño que sostiene los alambres de colgar la ropa, el caño en desuso que elevaba el agua desde la perforación al tanque y que ahora no llega al piso.
Puedo volver a ver la rotura a golpes de maza de los pedazos del tramo de caño oxidado que emergía de las baldosas, ya no en esta oscuridad que desciende y sugiere llovía cercana sino bajo un sol inusualmente fuerte de julio. Un rato antes de Italia-Alemania.
Estoy bastante impactado por los sucesos vertiginosos de estos meses y me doy cuenta que no alcanza con transcribir: Increíble como se desvanece todo en esta noción de presente cada vez más fugaz. El mundial es un buen ejemplo.
El tiempo esta pasando a golpes de pestaña.
El patio tiene pequeños cambios, una pérgola de alambre y caños, que reemplazo a la anterior, un rollo del tiempo donde coexisten varias manos en esas ataduras de alambres oxidados.
La pérgola es también una malla red preventiva a los piques de la pelota, una secuela de varios malos momentos con los vecinos del fondo que incluyen una pared grotesca elevada un metro y medio más hasta alcanzar los 3 metros , y dos ó tres pelotas no devueltas, entre ellas la recién comprada en el día del niño que llegó a usarse unos 20 minutos.
Uno siente con pena que la mayor parte de las reformas domésticas que modificaron a este pequeño patio han sido en respuesta a situaciones impuestas. Poco y nada de libertad se desprende de ese cuadriculado de alambre que cubre 2 por 4 metros de superficie y ahora espera ser recubierto de la vida renacida en brazos y hojas de parra.

Doy vuelta la hoja y leo:
"Entonces le quisieron acortar el tiempo de ilusión. Y le dijeron que Papá Noel y Los Reyes son los padres. Se olvidaron del Ratón Pérez. Entonces la niña se toca la paleta, empuja su previsible caída y toma el diente de leche para colocarlo debajo de la almohada. A dormir, después lo que el inconsciente mande soñar. Y al despertar hurgar con la manito entre sábana y almohada todavía aplastada por el peso de la cabeza buscando la moneda o billete con los que el ratón paga a esos pedacitos, los mismos que muerden de a poquito las hormas de ilusión".

Siguiente carilla...
De joven ví estacionar sobre Diagonal Norte al descapotable de Gatica. También ibamos a ver -se podía ir a ver los progrmas del radio-a una japonesa que cantaba en Radio Mitre. Por Corrientes uno podía ver caminando a Sandrini del brazo de Malvina Pastorino. Todo en esa hora y media que teníamos para comer. Cerca de la confitería ideal había un cine y veíamos a Gregory Peck. Con carlota, a la que puedo ver corriendo con sus tacos siempre al borde del tropiezo para llegar de vuelta las 14 Hz en punto.
En aquel entonces vestía de guante y cartera, pero con sombrero no, no me gustaba.
La tía Manuela, se reía con ganas cuando me veía llegar con el vestido azul con el ribete colorado en el cuello, "Ahí viene la del ejercito de salvación" decía.


Tomo noción del avance de las horas y de que apenas he girado tres carillas. Tengo que salir, espero continuar prontito...

DONNA E MOTORI: ALLEGRIA E DOLORE...



Los vengadores*




-Escrito del año 2003-



La venganza es quedarse a cualquier precio, hundido allí, a pesar de todo. Y el perdón, no es quedarse sino irse. Irse a tiempo me digo, mientras me voy a caminar sin rumbo por las calles de Lomas de Zamora. Siempre pienso en ese raro instante, el azar de cruzarse con otra persona en el aire agitado, casi pisando las mismas baldosas. Que cosa querer quedarse fijo en un vínculo cuando las cosas y el universo entero se acercan o se alejan. Apenas coinciden las infinitas líneas de fuga en la intersección virtual de un punto para luego volver a abrirse y no encontrarse nunca más. Estoy en una sociedad que escribe profecías en la silueta de sus mujeres. Las veo llegar con la cadera cortando el aire. Las veo irse como un girasol que ve partir al sol en cada atardecer. Pero vi unos ojos que abrieron ventanas del recuerdo. Me acorde de ella como uno se acuerda del amor imposible, inalcanzable.
Recordé y me sonroje solo, al recordar erecciones de los 13 años, soñando con Emma Peel. Rostro y cuerpo digno de una tapa de revistas de efímera actualidad. Casi Araceli, diciendo en letras impresas sobre sus piernas largas: "Para enamorarse hay que tener el corazón libre". Emma, o Diana Rigg, nació un 20 de julio, hace muchos años cuando el hombre no había pisado la luna y ningún argentino había inventado el día del amigo. También un 20 de julio, pero de 1952, mi padre bajaba del Sebastian Caboto, leo el Passaporto per L' Estero: Republica Italiana, in nome della legge.... muevo las hojas vacías de sellos, nunca más volvería a Italia. Inmigrante Condicional dice el sello, oficio agricultor, destino Guaymallén. Y hacia allí parte en un Ganz del ferrocarril San Martín. Casi 49 años en la Argentina. Imagino destinos distintos en la vida de mis padres, en la mía propia. ¿Que hubiera pasado si el amor lo hacía echar raíces en Mendoza? Al menos es seguro que no seria este que soy hoy. Que se esfuerza en contener esas dos mitades a veces inconciliables en su propio ser. Hubiera sido otra historia ni pensable.


Encontré una foto increíble de Los Vengadores.
Reveladora de los valores de esa época. Voy bajando la vista por la pantalla, primero, la galera que uno no puede imaginar fuera de su cabeza -aunque recuerdo que en alguna ocasión la utilizó tirandola a la cara del enemigo-, él es Mr. Steed. Su mirada esta lejos, en un punto indefinido, quizá un atardecer de montaña, cuando el sol se cierra detrás de los muros de piedra, dejando franjas de pinceladas de rosa a lila en nubes de frío. Lleva el paraguas cerrado con el mango alto, sobresaliente al hombro derecho. Están en interiores, sobre una piel de oso polar, el pie derecho de Steed pisando la cabeza del oso, a su derecha esta tendida Emma sobre la piel, sus brazos abrazando la pierna derecha de él. Rostro de felicidad para la foto. Extendida silueta de curvas para poner el acento del ojo. Piel descubierta después del pantalón de cuero, poros para abrirse en surcos de manos y yemas. El paraguas esta plegado. No hay tormentas para abrazarse debajo, ni bruma para llevarlo invertido y juntar gotas de rocío, de amor, de futuro. Un manto de oscuridad desata caminos de farolitos y estrellas. Los vi muchas veces, se entendían solo de mirarse breve, y en mi imaginario eran un matrimonio feliz.

Salto de piedra en piedra del recuerdo, aquí cerca puedo ver el primer bastón que fabrico el viejo con un mango de paraguas y una caña liviana, me parece verlos caminar lento entre las hojas que se arremolinan de aire.
Van afirmando cada paso para no tropezar, del brazo como Emma y Steed, comprometidos, coherentes, entendiéndose por debajo del mayor conflicto de superficie. Ahí viene el dúo dinámico decía el médico de Pami cuando los veía llegar. Les salió bien, eran pareja, y sacrificaron egoísmo o venganzas contra la historia pasada, reconocieron al otro, Se quedaron.


Casi de golpe contra el vidrio me detengo en la librería, esta el título desafiante "Todas las familias son Psicóticas", de un tal Douglas Coupland, y hasta el nombre de la editorial resulta asombroso: Destino. Me parece ver la vacía quietud de ruedas de carro hundidas en el barro, en los mudos relatos de uno y los otros que sedimentan día tras día. Pared por pared. Un dúo sólido caminando por la ribera del Tamesis, bajo un paraguas en una noche prodiga de tormentas. Cierto que hay que poner techos y refugios materiales contra el desamparo y los peligros del mundo, quien no lo intenta?
Un dúo encerrado sin retorno bajo el mismo paraguas de ilusión. Sigo sobrevolando el ensayo mientras camino por mi indecisión antigua y creo que las cosas tienen su propio devenir, soberano, implacable. Pienso en la cantidad de años que entregue al vacío, desconocidos hundidos en un sillón frente a la pantalla del televisor. Mi no tener pareja, a pesar de estar casado. Certidumbre a costa de malestar. Años de tragarse todo. Difícil explicar en que lugar del mundo trata uno de sostenerse y porque. Pienso en "El que hasta la muerte los separe", que mis viejos llevaron con dignidad.


Ahora me toca a mí darle voz a las voces, y veo a mi familia originaria sentada en el living con el televisor en el centro.Een este capítulo el auto de Emma y Steed, se ha roto en el peor lugar posible. Pienso un capítulo final, sé que él logro que Emma estuviera un año más filmando a su lado, lo imagino llorando abrazado, diciéndole como en el fin de un matrimonio "sin vos no voy a poder vivir".
Ella se va a su habitación y comienza a escribir una carta en penumbras, escribe rápido para no arrepentirse: quedarse a medias, es condensar gotitas de odio, que es mejor que cada uno deba dar la cara a su propio deseo -y locura-. Ya esta, la suerte esta echada. Steed demora el arreglo del último viaje juntos. No puedo ver más allá.

Entonces la voz mi padre sale a rescatarme. A ayudarme a cerrar un escrito imposible de seguir.
Gira la cabeza desde su sillón en el living y con una sonrisa sin tiempo dice:

-Donna e motori: allegria e dolore.

lunes, 21 de julio de 2008

ELLOS Y EL UNIVERSO...

Madrugada a la hora de la ciudad cubierta en frazadas.



Ellos se abrazan en el umbral con sus pies en la vereda.

A sus espaldas -ya pasado inmediato- hay un pasillo, una casa y una cama donde todavía están tibias las sabanas. El aire frío corta los rostros.

El espera un taxi. Ella espera verlo partir muchas horas, días, kilómetros.

Es la hora justa para dormir abrazados de piel a piel, y ellos siguen su unión cubiertos con camperas.



La calle es tierra del viento. Como un trotamundos, una caja de cartón rueda en la calle. Más lejos, un hombre de espaldas trabaja empujando por el cordón con su cepillo de acero los restos del día anterior. Un perro lo sigue. Se acompañan en su mutua soledad.

La melancolía es una hada antigua que habita en cada cual y aquí sobrevuela, casi visible en el aire.



Llega el taxi, rompen el abrazo, se dan un beso.

- cuídate, -se dicen casi en espejo.



El se sube. Cierra la puerta viéndola a ella que lo mira.

Y en ese instante suspendido son ellos dos y el universo.



*de Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com

¡HOLA SUSANA!





1.De Jaulas y peceras*



Hay mediooo millóon de pesoooss, Pregona Susana Giménez que ya esta en su temporada de cosecha anual. Esta discando, hay gente que espera el resultado de su lotería televisiva.

¿La casa es honesta? Le deberían preguntar como a Humphrey en Casablanca.

Pero no, parece que no tiene sentido cuestionar a la TV, ni a sus "productos".



Quisiera escribir. Pero no, no me sale.

Debe ser esa angustia antigua que no se relaciona bien con el mundo que resuelve afuera, -en otro lado- las cosas con cultura de inmediatez.



¿Es más terrible ver la televisión ó caminar viendo las imágenes del barrio en el que vivo?



Ver, por ejemplo, a los viejos sentados del otro lado de las rejas, toman fresco enrejados.

Del otro lado de la reja se murió días atrás un viejo gallego que en sus años de hombre fuerte hacia la quinta en el terreno de al lado, antes de que fuera una casa, cuando había un alambrado de mi casa a la quinta. Allí estaba, cerrado y sin ayuda, muriendo solito, sentado en una silla, adentro de esa jaula del miedo que son hoy las casas de la gente.



O, es mi madre llegando de los mandados de la mañana con historias de la gente a la que encuentra en el camino al mercadito. Una cuadra de ida y vuelta. Esta quien se va a Italia con hija y nietos. O, quien sale todas las mañanas a hacer mandados para sus vecinos a cambio de monedas.

O esa abuela flaquita de casi 80 años que hace un rato toco el timbre con un chango cargado de detergente, lavandina y productos de limpieza y recorre casa por casa tratando de vender algo para comer. Hay mucha desesperación más allá del sillón donde sienta las asentaderas de gente exitosa.

Allí esta Susana en su jaula de oro o de cristal. Ella no toca timbres para vender y ganarse un bocado de pan en la mesa. No, la esperan sentados al lado del teléfono, viendo a perros de los famosos en el laberinto. Grandes peceras de cristal con blancas cartas esperan su mano mágica de azar.




-Del año 2005-




2
SAPOS O HUEVOS...

Son las 22.00 horas del miércoles 14 de septiembre.

Afuera llueve, el invierno se despide con mucho frío. Escribo desde mi casa, humilde pero con calefacción y sin goteras sobre mi cabeza. Mi madre me llama, me muestra en la televisión como en el programa de Susana Jiménez pagan 200 pesos por cada huevo duro tragado delante de las cámaras.
Me quedo. –Este es el que come mas huevos, me dice, y saca cuentas en tres semanas ha comido 33 huevos. 6.600 pesos¡¡¡¡
El hombre traga en pedazos grandes y toma agua para ayudarse. Por momentos la imagen se desvía de esa boca desesperada y apremiada por un tiempo escaso, por la cual se chorrean pedacitos de blancos de clara e hilitos de agua. El foco hace centro en el rostro sonriente de una señorita bella que esta allí, supongo, para diluir un poco el asco de los televidentes sensibles.
Por un momento pienso en los muchos afuera que existen y están ahí sin cámaras para que los vea quien pueda resistir el dolor. , la pobreza embarrada y mojada de los ranchos.
Grandes y chicos cenando mate cocido, o pedazos de pan encontrados en una bolsa de residuos, no huevos duros.
Él frió de lata y tamborileo de la lluvia en paredes y techos de chapa remendados como se pueda.
Yo, no lo puedo creer, y me parece ver que no son huevos duros, sino sapos blancos, nada peor que tragarse sapos dice el dicho popular, pero Susana nos dice día por día, que en Argentina, bajo las reglas del circo mediático, todos estamos disponibles a tragar lo que sea por dinero.
Sapos o Huevos.

domingo, 20 de julio de 2008

LA ESPERANZA ES LO ÚLTIMO QUE SE PIERDE...





Estación Marcelo Tinelli




El hombre se despertó temprano como en todos los días hábiles.
Se abriga ante el previsible frío de la calle.
Son 5 cuadras hasta el bar donde toma el café con leche con dos medialunas de manteca. Sus certezas llegan hasta el saber que cruzara la plaza haciendo crujir las hojas secas de plátano que tapizan la vereda y que ingresará a la estación de trenes para enfrentar lo imprevisible de cada viaje hacia su jornada laboral.
Hace la escala para desayunar. Entra y se sienta en su lugar habitual. A la izquierda el ventanal que da a la calle 25 de Mayo, Mira y lo encandila el reflejo de un sol amanecido en los autos y colectivos.
Enfrente y arriba de la heladera, se ve el televisor de 29 pulgadas perennemente prendido en las 18 horas diarias de apertura del bar.
En las mañanas esta sintonizado en crónica TV.
El hombre observa que todavía no llegaron los viejos parroquianos del bar.
Jubilados que pasan al menos 10 horas allí, y polemizan, y hablan de sucesos remotos como si hubieran pasado ayer mismo. Allí hay jubilados del ferrocarril. Alguno fue testigo de la compra de los ferrocarriles ingleses por Perón.
El hombre ve que es la hora de partir y entregarse a la incertidumbre de un viaje en el eléctrico hacia constitución. Desde hace tiempo ya, se da cuenta que consume buena parte de sus fuerzas en sobrevivir al viaje de ida y vuelta en el antiguo ferrocarril Roca.
Llega cansado a su trabajo, y se vuelve 11 horas después a su casa con la hazaña a cuestas de haber llegado enterito a recibir una sonrisa de su hija.
Se prepara mentalmente. Y mira uno de los 6 relojes que marcan la misma hora pero con distintos minutos. Es la hora. Hecha un último vistazo al televisor.
Titular y música característica de titulo catástrofe, letras grandes, fondo rojo.
“KIRCHNER cambio a Taselli por Tinelli”
La locutora con el fondo de la imagen de la plaza de mayo explica:
Le quitan la concesión a Metropolitano y se la dan a la UTE (unión transitoria de empresas, aclara el hombre para si mismo) de Ideas del Sur y el Movimiento Independiente de Jubilados y pensionados de Raúl Castells.
El hombre, se levanta igual y mira al gallego que desde el mostrador confirma con su cara que el también vio y escucho la misma noticia.
En eso ve entrar por la puerta de la ochava al viejo Telmo, con su andar cansado y sus pies que arrastran muchos años de decepciones.
-En este país puede pasar cualquier cosa en cualquier momento. -dice el hombre mientras que camina hacia la puerta

-No se queje, hombre –dice Telmo...
-Si Tinelli puede organizar la jaula de las locas que bailan, cantan y patinan, también puede hacer que usted viaje un poco mejor todos los días.
Hay que tener un poco de esperanza en la decisión del presidente. –Remata.

-La esperanza es lo último que se pierde. –contesta el hombre, que sale y se pierde en sus propios pasos ya invisibles rumbo a la estación de Temperley.

EN LA VOZ DEL LEÓN...

El hombre esta igual. Como antes del tiempo. La misma voz. La misma fuerza con la que parece dejar la vida entera en cada frase.

1988. Tengo su imagen en el seminario que curse en la carrera de sociología. Temblaba, temblaba y fumaba sin parar, y su voz hacía ecos tremendos en el aula. El silencio con el que recorrían el aire sus palabras era impresionante, a tal punto que el ruido del transito que subía desde la calle Marcelo T. de Alvear había sido borrado en mis oídos. Temblaba e imagino desde mi propio temblor lo que se desata al hablar del terror, de los efectos del terror en la subjetividad.

Pero el tiempo ha pasado. Para todos y también para mí. Mientras lo escucho me doy cuenta que me cuesta seguirlo en su análisis a pesar de haber leído varios de sus libros. El tiempo es impiadoso en algún sentido. Siempre deja testimonios. Recorro los estantes de pino donde se mezclan libros y cuadernos, dibujos de mis chicos, juguetes, y hasta ramas secas de parra que son una escultura en sí mismas.

Los libros me devuelven polvillo. Me reprochan un abandono que no puedo cuantificar. "Perón, entre la sangre y el tiempo" no esta más, -ya se... lo preste y no volvió-. Encuentro a "Freud y el problema del poder" como objeto que podría hablar de mudanzas y dolores que no vienen al caso. En la tapa de la edición de Plaza y Valdés hay una escultura de con un león echado. Este libro refleja al tiempo como mi rostro y mis canas, sus hojas están húmedas, veo mis marcas de estudiante hechas en lápiz. Leo el final:

-La filosofía, que oculta la muerte que sostiene su representación, ¿puede seguir haciéndose la tonta cuando la política rompió el límite de toda representación y se presenta desnudamente como terror? Pensar las condiciones de la verdad en filosofía es alcanzar en el hombre que piensa el fundamento donde se refugia en él mismo el núcleo de terror, la muerte interiorizada, como su propio límite.

-La verdad en la filosofía tiene su criterio de verificación fuera de ella: cuando el filósofo es eficaz se lo suprime. Intención realizada o no por el terror, permanece unida en él necesariamente a su destino. Y el destino -destinado a decir la verdad- es lo que el filósofo no puede eludir sin ponerse fuera de lo que pretende expresar: la verdad de su "verdad". Así termina el libro.



La voz de León, me devuelve al reencuentro de conceptos e ideas, y de algo de mí mismo también.



A León Rozitchner.
agosto del 2006

*de Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com

EL LLANERO SOLITARIO...


EL LLANERO SOLITARIO*




-Del año 2003-


Al tío Piruco.





Quizá sea por ese pasaje imperceptible que dan las estaciones, en este día, un 21 de junio donde el calendario impone que ya no es otoño. O es, sólo una pequeña brecha de memoria en el olvido que quedo de las estaciones, umbrales difusos de paso lento e irreversible como ese desvestirse hoja a hoja de los
árboles, en su espera latente para crecer fuerte de primavera.
Veo en el cielo un mar frío, cerrado, y me pregunto a donde va a parar tanta gota evaporada en lágrimas, ausencias esperando un ciclo para llover y renacer sobre las cosas y la gente, recordándoles que están vivos. Nada más fuerte que una lluvia fría en el rostro de cara al cielo para abrir
fisuras de recuerdos.
El invierno, ese gran olvido superficial, máscara lábil de los cambios por venir. O lo antiguo retornando en la mascara de nuevos rostros y brotes verdes. Grandes preguntas en un pasaje imperceptible donde muchos ya no están. Hoy me acorde de aquel invierno donde el tío Aldo se despedía poco a poco, entre ahogos por sus pulmones cerrados al aire, diciendo las verdades que le había dejado toda una vida. A mi me dedicó algunas palabras que no supe entender en ese momento. Ese mismo invierno cuando mi hija que ahora galopa en el patio, nació con su cordón umbilical enroscado al cuello como horca del Far West, sana y salva de la asfixia por una providencial cesárea. Allí estoy en la clínica con mi hijo, sentado en la escalera enfrente de la sala de partos. Chaplin y el Pibe, una misma imagen de indefensión ante cada acontecimiento.
- ¿Me vas a comprar la máscara y el traje...?.
Cuando nazca tu hermanita. -le dije.


Estamos en la habitación de la clínica, con la bebe dormida, el nene hace malabares parado en la cama contigua a la de su madre con el disfraz puesto.
Me parece oír ahora y hoy esa pregunta cuando llegamos solos a casa y le dije que iba a cocinar.
¿Vas a hacer comida extraña, papá...?
- No, apenas mezclar pedacitos de recuerdos e incertezas bajo un mismo fuego. (Quisiera responder hoy después de algunos otoños e inviernos, en el fulgor de un atardecer sin velos).




Están todas esas imágenes mezcladas, mientras sigo viendo el galope de mi hija de 4 años en el patio, escucho atentamente y me parece oír el ruido de cascos por debajo del chirrido del secador sobre las baldosas.
Y es otro invierno, lejano, con lamparita de 25 w en el living para gastar poco, me invade olor de la cocina económica mezclado con el tuco. El Berkeley esta encendido en una esquina, sobre la mesa de tres patas con rueditas, y apenas si puedo recordar esas siluetas, surgidas sin duda de la nada, por detrás de una loma, real como pueblo de vaqueros.
Veo a los dos jinetes recortados en ese cielo ceniza permanente de las series en blanco y negro. El más fornido lleva una mascara y monta un caballo blanco. El otro, flaco y ágil, Lleva ropas de indio norteamericano con flecos y costuras a máquina.
Antes de ser El Llanero él era Clayton Moore, nacido bajo el nombre de Jack en un septiembre de 1914, un hábil equilibrista de circo desde los 8 años.
Toro nació en 1919, como el tío Aldo, con el nombre de Harold Smith, fue boxeador y doble de riesgo. Antes de tomar el nombre artístico de Jay Silverheels y ser el indio Tonto para los americanos.
El Llanero y Toro galoparon juntos entre 1949 a 1957. Mientras el tío andaba navegando y mirando horizontes de cielo yéndose al mar.
Luego de terminada la serie ambos siguieron viviendo de sus personajes el resto de sus días, Silverheels haciendo papeles de indio y Moore haciendo giras como El Llanero Solitario, hasta que una compañía dueña de los derechos del personaje para filmar una película le inicio un juicio obligándolo a dejar de usar la mascara y él nombre del Llanero, al que solo pudo recuperar en 1984.




*
Pienso muchas cosas sin poder explicarlas bien, mientras ando, como Llanero sin rumbo en el vértigo de recuerdos que me traspasan.
Serán esas sensaciones absurdas, desprotegidas de cualquier lógica, las que me hacen caminar las calles y solo ver máscaras en los rostros de la gente.
Entiendan bien, veo máscaras delgadas e invisibles casi calcadas sobre esos poros cerrados al aire. Son rostros sobre los rostros humanamente dados, máscaras para verse en el espejo difuso de los demás.
Allí van los rostros circulantes por las vidrieras, encandilados de objetos que brillan como balas de plata y enmascaran exclusiones sociales que matan.
Creo, abrumado, que la gente dejo de sentir el aire en la piel y sueña ser ese objeto inalterable, rostro de maniquí, breve sonrisa del acto de compra contra la incertidumbre...
Niños enmascarados jugando su ilusión de posesión contra cualquier cambio-pérdida. Puerta abierta que no cierra jamás. Allí van los rostros, afirmando malamente su identidad en un anónimo mercado de fantasías, pagando precios por la máscara de ciudadanía del mercado.
Quizá, por debajo de estas máscaras invisibles no hay representación posible para un mundo social que vive negando y ocultando sus verdades elementales, como ocultan los titulares de los diarios, y me repito en silencio -"los poderosos enmascaran horrores y organizan beneficios en cada acontecimiento
repetido".
Fetichismo trascendente a las mercancías, pregunta profunda por quien es el otro.
Escenas arriba de otras escenas antiguas y repetidas, en una sociedad que solo ve y escucha detrás de cortinas de humo, como en Hamlet, donde la verdad solo puede escucharse, desprovista y oculta de un rostro moviendo los labios, abriendo el sonido de su propia voz.
Pienso en la verdad esencialmente intolerable por uno y otros. En la permanencia de palabras dichas que ya no nos pertenecen: atornilladas como quedan en el oído propio y el de los otros. En esas otras palabras, negadas y hundidas en el cuerpo, fantasmas que agitan aire en alas de mariposa o tornados que abren un después.
Quizá sólo sean imágenes sin relato posible, breves destellos para pensar en una sociedad de brumas donde la regla es no ver, no oír y no saber para siempre la verdad, ni propia ni ajena. Máscaras puestas sobre el deseo de no reconocerse en una historia.


Sigo viendo al Llanero en el galope de mi hija en el patio, ya es de noche, escucho atentamente y me parece oír ruido de cascos.
Allá, esta tío Piruco, dándome consejos con el rostro casi descarnado, y aunque yo no lo entienda, diciendo cosas que le surgen en ese resplandor de última vez:
-Pibe, nunca digas la verdad....
-Porqué tío?
- No van a escucharte y menos entenderte.




El Llanero, único actor que figura en el paseo de las estrellas de Hollywood unido a su personaje de ficción, murió días después del tío, el 28 de de diciembre de 1999, a los 85 años.




*De Eduardo F. Coiro. inventivasocial@hotmail.com

miércoles, 16 de julio de 2008

POR UN PUÑO DE PIEDRA...

"un hecho infortunado, que podría haberle ocurrido a cualquiera"

A Carlos Marriera






Esta mi madre afectada casi como si fuera un hijo suyo, "De Lules como Palito Ortega pero este chico no vino a cantar sino a morir por un estúpido acto".
Por un estúpido acto me repito.
Y es lo que siento. Un estúpido acto que no debía desatar una muerte por más "accidental" que quiera verse con esa falta absoluta de culpa que tienen los políticos de hoy y de siempre.
Casi como si fueran los "daños colaterales" de una guerra, donde las muertes son casi invisibles.
Un minuto de silencio.
Y que siga la función.
El teatro político. Los políticos y su neurosis de acción. No pueden dejar de representar su papel y su libreto, por algo menor. Una muerte.



Ver:
http://www.lagaceta.com.ar/nota/277210/Argentina/Le_ofrecieron_$_200_viajo_hacia_fatalidad.html

martes, 15 de julio de 2008

BUSH. EL ROSTRO DE LA MUERTE.






Leo el diario en la mesa de un antiguo bar.
En una nota que trata sobre orígenes del Halloween cuentan que los celtas llamaban "Samhain" a su Dios de la muerte. La moza esta sentada a pocos metros de un televisor, da la espalda a un gran vacío humano de sillas, mesas de café y billares. Por un momento me sentí en un sueño en el que era el único que estaba allí para percibir esas extrañas sensaciones. Ecos apenas de esas creencias que serian casi toda la riqueza posible de trasmitir en herencia por aquella cultura 3000 años atrás. Esa fisura del año, un tiempo de muerte y cosechas, donde los muertos regresaban a visitar sus hogares terrenales. Navegando cielos como agua. Ahogándose en el aire.
Perdidos en un umbral lábil entre la vida y la muerte.

En esto pensaba cuando el noticiero me mostró su rostro que también podría ser humano, gesticulando palabras con su boca, que yo -en mi pesadilla- traducía en:

¿SWEET OR TRICK?
¿TRICK OR WAR?

domingo, 13 de julio de 2008

GRAN HERMANO - PEQUEÑO HÁMSTER...






Programa de la tarde. Rubro: "Crónicas del espectáculo y anexos".
El actor entrevistado se llama Luis y ha sido sorprendido por la pregunta.
Su rostro ha quedado congelado y los segundos de la cámara en su rostro parecen siglos.
Una de las chicas entrevistadoras -de aquellas que nunca dejan de sonreir- agrega para dar tiempo al hombre sorprendido e incómodo por la pregunta: ¡Es un fenómeno que ven 2 millones y medio de personas!
La respuesta cayo como un vaso de agua en el rostro, borrandole por instantes esa sonrisa perenne de conductora típica de programa de T.V. no conflictivo, pasatista.
"Hay que estar muy mal para ver eso" respondió el hombre, un actor de mediana edad, que en realidad estaba dispuesto a hablar de la obra de teatro que protagoniza y de la relación con Rosario su ciudad natal. "Gran hermano midió 27 puntos de rating" empezó a decir la otra entrevistadora también
sonriente, sin dar tiempo casi a escuchar algún silencio inapropiado para esa hora de la tarde tan cuidadosa de la actividad neuronal de la gente.
No pude resistir. Esa noche participe por un rato de la colonia de seres que se quedan ahí, iluminados por el resplandor de rayos catódicos y qué son medidos con el criterio de 1 punto de rating en ciudad de Buenos Aires y G.B.A igual a 100.524 individuos.
El presentador del Gran Hermano levanta los brazos y grita, casi poseido: "lo que ustedes van a ver hoy no ocurrió nunca en la televisión Argentina".
Tiene algo de la habilidad de los buenos vendedores que pregonan en los vagones del ferrocarril Roca -asocio sin de dejar de dudar de la calidad de las mercancías que merecen un llamado de atención tan teatral y sobreactuado.
El, un tal Rial, les pide que dentro de un rato bailen: "para que sus familias los vean contentos"

No dure demasiado como partícipe del rating.
Ser expuesto uno -como parte de esa colonia de anónimos mirantes- a tan ostensible y renovada manipulación me llenó de pena y hasta de asco.
Tenía razón Luis.
Hay que estar muy mal. Muy vacío. Muy lleno de lugares imposibles de mirar en uno para dejar un rato de vida en esa nada.

DE MISTER ED A MISTER BUSH...






Uno nunca deja de actualizar recuerdos imborrables, que a veces llevan la marca de algún padecimiento antiguo. Estoy delante del televisor, viendo en el noticiero a George W. Bush subiendo a un tanque Abrams en la fábrica de Ohio, para pronunciar desde allí un discurso.
Un operario con casco lo sostiene en su mano derecha y la postura simiesca inclinada por el ascenso genera una imagen del salto temporal desde el homínido ascendiendo al árbol para preservar su vida a este ascenso de un Jerarca del imperio a una máquina de dar muerte.
Escucho la voz de Bush con traducción simultanea: "No deben quedar dudas de que nuestra causa es justa"....., "estamos del lado de la libertad", ....."Hay una certeza: Saddam no amenaza más a Estados Unidos con las armas de destrucción masiva" .
Una puntada atraviesa mi oido derecho e inmediatamente quito el sonido y me quedo en silencio viendo a Bush moviendo los labios, gesticulando y señalando con su indice al foco de la camara y a cada uno de sus televidentes. Me pregunto, sin respuesta, como se pueden ver y oir estas cosas, como todas las dichas y vistas en esta "guerra" sin dañar para siempre la capacidad de ver y oir la realidad.

*

Es un ayer de blanco y negro, y el recuerdo empieza con un volcán en los oidos, soy muy pequeño y mi madre me ha colocado una toalla en la almohada, mi oido derecho no deja de supurar un lava amarilla, casi no puedo escuchar, el latido es un un bom, bom, bom que estalla la cabeza y lo único que puedo hacer es ver televisión de costado, con la oreja aplastada en la toalla.
Son los primeros tiempos del canal 2, cuando era un festival continuo de series. En esos días de enfermedad con casi 40º de fiebre nadie me iba a negar una hora más de tele, justo cuando ya empezaba el Llanero solitario, o Mister Ed.
Para un niño en ese estado cualquier absurdo era aceptable, y el misterio de como hacia Mister Ed. para mover los labios y la cabeza hablando con Wilbur era cuestión lejana y menor ante el dolor de oidos y el latido de la fiebre. Sea lo que sea lo que dijera Mr. Ed, en Latin o en español , yo no estaba en condiciones para dar un paso más adentro de la fantasía.
Hoy me pregunto que peso tiene la realidad sobre el cuerpo, cuanta necesidad tendría de no escuchar.
Solo ver de lejos. El cuerpo quieto, chorreando dolor, esperando la capacidad para oir más allá de las murallas del cuerpo, última trinchera.

Hoy, refugiado en el silencio, con cara de asombro infantil ante el mundo. siento la misma curiosidad por el truco de mover los labios, la misma pregunta por la construcción anterior a las palabras y su voz, sean estas dichas en un establo o por Mr. George , o Mr. Donald desde la sede de un imaginario poder global.
Alan Lane, se avergonzaba de ser la voz de un caballo, no quería figurar ni en las menciones de reparto. No es el caso de los obscenos escribas que dan conferencias y clases justificando las frases zoológicas que recitaran Bush y los suyos en el horario central de audiencia.
En sus palabras, pueda o quiera escucharlas uno, nunca saldremos de ser rehenes del terror, en una eterna infancia en la que nos preservan disparando misiles sobre una población indefensa.

Allí esta George W. , que no habla en latin y hoy no necesita embriagarse para llamar la atención y ser oido, no necesita el cartel del final del programa que diga "Mr. George como sí mismo". No se duda de la temible materialidad de sus palabras ni de su imagen, similar a la de cualquier ser humano que camina las calles en dos pies.

*

El niño Bush, ha nacido tres años antes que Mister Ed y me parece imaginarlo, montado en un caballo color te con leche parecido a él, sonriendo, en una edad humana, todavía.
Mr. Ed murió en 1968 y la noticia fue mantenida en secreto para continuar promocionando la serie con un caballo parecido. En esos años el futuro presidente norteamericano eludia ir a Vietnam, jugarse a sí mismo como aviador o soldado y quizá, torcer el curso de su destino.
En sus conversaciones, ambos temían a los espías, quizá ocultaban su obseción por el mal bajo la forma de esos extraños personajes prohijados por fuera de la pantalla en el cuerpo insondable del capitalismo. Estan lejos de soñar a Osama y Saddam aunque, en la política fundada en negocios e intervención ya son reales aliados.


*

Mister Ed, nació en California, en 1949. Lejos en el tiempo de aquella entrega de los Oscar - marzo del 2003- bajo la atenta tutela de la guardia nacional que protegía a candidatos e invitados de un posible ataque con armas químicas o biológicas que Saddam tenía preparadas y al acecho en buques fantasmas, equipados con escondidos misiles, muy cerca de las costas del Pacífico.


*

8 de abril del 2003. Conforme con el desarrollo del largometraje, un general de cinco estrellas confirma que "peleamos con un ejercito de cartón". Estamos viendo una segunda parte, esa remake de "La guerra que nunca existió" descripta por Baudrillard.
Por detrás de la escena mediática, mientras se negocia el fin de las hostilidades, hay que distraer a las camaras de la prensa mundial apostadas en Bagdad.
A las 11,55 el Tanque Abrams se detuvo en el puente, libre de obstaculos, la torreta del tanque se giro en dirección al hotel, elevo su cañon y espero dos minutos antes de disparar.
Matar periodistas como maniobra de distracción, todo vale . " la guerra es peligrosa" se excuso Victoria Clarke, sin ningúna emoción visible. "solo los periodistas -incrustados- dentro de las tropas aliadas tienen derecho a ser protegidos dijo el general Vincent Brook.


*

Ya no soy un niño, aunque quisiera a veces, (por un ratito al menos) negar el horror real producido por los actores del imperio. Poder verlos y escucharlos en la ajenidad de un caballo cuyos labios se mueven manejados por un anónimo titiritero.
Mientrás, esta otra película, protagonizada por Bush, Donald, y esos delgados hilos de nylon, no será nominada.
Preservará, quizá, su secreto.


-2003-