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DONNA E MOTORI: ALLEGRIA E DOLORE...



Los vengadores*




-Escrito del año 2003-



La venganza es quedarse a cualquier precio, hundido allí, a pesar de todo. Y el perdón, no es quedarse sino irse. Irse a tiempo me digo, mientras me voy a caminar sin rumbo por las calles de Lomas de Zamora. Siempre pienso en ese raro instante, el azar de cruzarse con otra persona en el aire agitado, casi pisando las mismas baldosas. Que cosa querer quedarse fijo en un vínculo cuando las cosas y el universo entero se acercan o se alejan. Apenas coinciden las infinitas líneas de fuga en la intersección virtual de un punto para luego volver a abrirse y no encontrarse nunca más. Estoy en una sociedad que escribe profecías en la silueta de sus mujeres. Las veo llegar con la cadera cortando el aire. Las veo irse como un girasol que ve partir al sol en cada atardecer. Pero vi unos ojos que abrieron ventanas del recuerdo. Me acorde de ella como uno se acuerda del amor imposible, inalcanzable.
Recordé y me sonroje solo, al recordar erecciones de los 13 años, soñando con Emma Peel. Rostro y cuerpo digno de una tapa de revistas de efímera actualidad. Casi Araceli, diciendo en letras impresas sobre sus piernas largas: "Para enamorarse hay que tener el corazón libre". Emma, o Diana Rigg, nació un 20 de julio, hace muchos años cuando el hombre no había pisado la luna y ningún argentino había inventado el día del amigo. También un 20 de julio, pero de 1952, mi padre bajaba del Sebastian Caboto, leo el Passaporto per L' Estero: Republica Italiana, in nome della legge.... muevo las hojas vacías de sellos, nunca más volvería a Italia. Inmigrante Condicional dice el sello, oficio agricultor, destino Guaymallén. Y hacia allí parte en un Ganz del ferrocarril San Martín. Casi 49 años en la Argentina. Imagino destinos distintos en la vida de mis padres, en la mía propia. ¿Que hubiera pasado si el amor lo hacía echar raíces en Mendoza? Al menos es seguro que no seria este que soy hoy. Que se esfuerza en contener esas dos mitades a veces inconciliables en su propio ser. Hubiera sido otra historia ni pensable.


Encontré una foto increíble de Los Vengadores.
Reveladora de los valores de esa época. Voy bajando la vista por la pantalla, primero, la galera que uno no puede imaginar fuera de su cabeza -aunque recuerdo que en alguna ocasión la utilizó tirandola a la cara del enemigo-, él es Mr. Steed. Su mirada esta lejos, en un punto indefinido, quizá un atardecer de montaña, cuando el sol se cierra detrás de los muros de piedra, dejando franjas de pinceladas de rosa a lila en nubes de frío. Lleva el paraguas cerrado con el mango alto, sobresaliente al hombro derecho. Están en interiores, sobre una piel de oso polar, el pie derecho de Steed pisando la cabeza del oso, a su derecha esta tendida Emma sobre la piel, sus brazos abrazando la pierna derecha de él. Rostro de felicidad para la foto. Extendida silueta de curvas para poner el acento del ojo. Piel descubierta después del pantalón de cuero, poros para abrirse en surcos de manos y yemas. El paraguas esta plegado. No hay tormentas para abrazarse debajo, ni bruma para llevarlo invertido y juntar gotas de rocío, de amor, de futuro. Un manto de oscuridad desata caminos de farolitos y estrellas. Los vi muchas veces, se entendían solo de mirarse breve, y en mi imaginario eran un matrimonio feliz.

Salto de piedra en piedra del recuerdo, aquí cerca puedo ver el primer bastón que fabrico el viejo con un mango de paraguas y una caña liviana, me parece verlos caminar lento entre las hojas que se arremolinan de aire.
Van afirmando cada paso para no tropezar, del brazo como Emma y Steed, comprometidos, coherentes, entendiéndose por debajo del mayor conflicto de superficie. Ahí viene el dúo dinámico decía el médico de Pami cuando los veía llegar. Les salió bien, eran pareja, y sacrificaron egoísmo o venganzas contra la historia pasada, reconocieron al otro, Se quedaron.


Casi de golpe contra el vidrio me detengo en la librería, esta el título desafiante "Todas las familias son Psicóticas", de un tal Douglas Coupland, y hasta el nombre de la editorial resulta asombroso: Destino. Me parece ver la vacía quietud de ruedas de carro hundidas en el barro, en los mudos relatos de uno y los otros que sedimentan día tras día. Pared por pared. Un dúo sólido caminando por la ribera del Tamesis, bajo un paraguas en una noche prodiga de tormentas. Cierto que hay que poner techos y refugios materiales contra el desamparo y los peligros del mundo, quien no lo intenta?
Un dúo encerrado sin retorno bajo el mismo paraguas de ilusión. Sigo sobrevolando el ensayo mientras camino por mi indecisión antigua y creo que las cosas tienen su propio devenir, soberano, implacable. Pienso en la cantidad de años que entregue al vacío, desconocidos hundidos en un sillón frente a la pantalla del televisor. Mi no tener pareja, a pesar de estar casado. Certidumbre a costa de malestar. Años de tragarse todo. Difícil explicar en que lugar del mundo trata uno de sostenerse y porque. Pienso en "El que hasta la muerte los separe", que mis viejos llevaron con dignidad.


Ahora me toca a mí darle voz a las voces, y veo a mi familia originaria sentada en el living con el televisor en el centro.Een este capítulo el auto de Emma y Steed, se ha roto en el peor lugar posible. Pienso un capítulo final, sé que él logro que Emma estuviera un año más filmando a su lado, lo imagino llorando abrazado, diciéndole como en el fin de un matrimonio "sin vos no voy a poder vivir".
Ella se va a su habitación y comienza a escribir una carta en penumbras, escribe rápido para no arrepentirse: quedarse a medias, es condensar gotitas de odio, que es mejor que cada uno deba dar la cara a su propio deseo -y locura-. Ya esta, la suerte esta echada. Steed demora el arreglo del último viaje juntos. No puedo ver más allá.

Entonces la voz mi padre sale a rescatarme. A ayudarme a cerrar un escrito imposible de seguir.
Gira la cabeza desde su sillón en el living y con una sonrisa sin tiempo dice:

-Donna e motori: allegria e dolore.

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