domingo, 8 de marzo de 2015

El tío en su nube



Una nube de polvillo por el aire de la habitación. Esa era la imagen más antigua que el hombre -que entonces era un niño- tenía de su tío.
Su tío había salido de darse una ducha. Había colocado una toalla sobre la cama y se había sentado a rociar de talco sus genitales. Sacudía el envase cilíndrico con una energía demencial dejando al aire una nube de polvo que no deja de expandirse en el recuerdo.

La pensión se llamaba "La Esperanza" y su tío con las bolas bien revestidas en talco estrenaba a sus 40 años una nueva soltería.  Esa noche iba al club Sportivo Alsina, donde actuaban Sandro y Los de Fuego; porque las mujeres de Lanús “son mucho más que un fuego”, apenas dicho esto no paró de reír con su risa contagiosa de la genialidad de su ocurrencia.


Años después su tío repetirá una y otra vez la historia de como llegó a esa pensión sólo con lo puesto: Al volver de su trabajo en la fábrica encontró a su primera mujer en la cama con un tipo arriba “entrando y saliendo… entrando y saliendo”. No lo vieron, volvió sigiloso sobre sus pasos llevándose el juego de llaves que ella había dejado sobre el bargueño. Entonces echo llave a la puerta de calle para que se queden allí encerrados para siempre o tengan que saltar el tapial del fondo y salir de manera indecorosa por la casa del vecino.

El tío tenía esa especie de desapego, no le importo nada de lo que había en su casa, si su mujer no sería más su mujer no quiso llevarse ni un par de medias.


A lo largo de los años aquella imagen iba a permanecer como un interrogante a descifrar. Un tío despreocupado y alegre, rociando de talco sus testículos para salir a buscar una nueva mujer a pocos días de haber perdido hasta sus ropas.

Como lo demostró obstinadamente una y otra vez en su larga vida, no quería estar solo. Su tío necesitaba una mujer o la ilusión de una mujer para vivir.



*De Eduardo Francisco Coiro.