martes, 31 de julio de 2012

LA VOZ DE MI PADRE

Luglio. Mi padre viene viajando. Salió il Giugno 30 del puerto de Nápoles.


Atrás hay un viaje en tren "la letorina". Adelante el mar como horizonte. Un puerto y la promesa de vivir en Argentina.


El pasaporte con esa foto de una expresión tan parecida a Paul Newman dice que llegó el 21.

Sin embargo creo que sigue viajando. Que el Sebastiano Caboto todavía no hizo escala en Río de Janeiro.

..."La voz del padre llega muchos años después" - Oigo decir en el bar al amigo.

-Hay días. Momentos en que necesito que llegue, aún 60 años después.

Será por eso que el otro día mi padre llegó.

Hombre de pocas palabras ni siquiera quiso entrar a su casa. Mi padre no era de ironías ni de eludir cuando tenía que decir una verdad. Miró con sus ojos más celestes que aquellos con los que reflejaba el mar inabarcable y me dijo: "Ahora tenés que ser tu propio padre"



Unas vidas sin vuelo ni canto

El criadero de gallinas queda a unos 300 metros de la estación Ortiz de


Rozas. Cuando se viene viajando ya a lo lejos se distinguen los enormes

galpones. En Ortiz de Rozas hay poco para ver más allá de la estación: casas

dispersas, un almacén de campo donde se puede conseguir casi de todo. Y la

granja.

Este criadero es una parte en la división de trabajo de la gran industria.

De la gran fábrica traen los pequeños pollitos. Aquí se le cortan los picos

a los pollitos para que no se lastimen entre sí. Se les administran vacunas,

Vitaminas, un alimento balanceado especial para el engorde. Permanecen bajo

estos galpones donde no hay diferencia entre la noche y el día hasta que

tienen el peso suficiente para ser sacrificados y refrigerados.

Desde que trabajo en el criadero pude vivenciar de cerca lo que es el

sufrimiento animal. Hasta deje de comer pollo industrializado.





Al principio el piar de las aves era enloquecedor, después a fuerza de

costumbre y necesidad fuí transformando ese ruido que llegaba desde los

galpones en un sonido lejano del mar. El mar yendo y viniendo. Golpeando la

indiferencia eterna de las arenas.



El horario de trabajo es de 7 a 19 horas. El nuevo ferrocarril Midland es

rápido y puntual. Mi casa queda a casi dos horas de viaje en tren. Con 16

horas fuera de casa es lógico que mi casa funcione como dormitorio. Ni

siquiera cocino de lunes a sábado. Al mediodía tengo media hora para el

almuerzo, salgo a caminar para ver el sol hasta el barcito de la estación,

como. Cuando regreso del trabajo voy a la casa de comidas y compro la cena

de ese día. Los lunes llevo canelones o ravioles, el martes estofado, los

miércoles porciones de tarta, el jueves milanesas con papas fritas. Los

viernes son de empanadas o pizza. Los sábados a la noche el menú puede

variar según si voy a cenar en soledad o viene María José a quedarse hasta

el domingo a la noche en casa. El domingo es el único día que en los hechos

dispongo para tener "una vida". La frase se la debo a María José, cuando la

conocí en su trabajo me impacto cuando la oí decir "además de esto, tengo

una vida". Enseguida sentí el deseo de ser parte de su vida. Lo logré.

Las horas de viaje en tren me espacio para compartir charla con conocidos o

leer o simplemente entregarme a la compañía de ese alter o mellizo que es la

voz interna que acompaña a cada cual en su viaje extendido por la vida.

A veces son estallidos de imágenes internas las que veo. Durante un tiempo

no podía dejar de ver la imagen de mi padre -ya anciano- picando cascotes

debajo del nogal que el mismo plantó.

En uno de los viajes hice amistad con el arquitecto Jerome Ricardo Klepka

que viajaba hacia la estación Corbett, donde tenía el encargo de la obra de

reconstrucción de la estación y su entorno con una enorme libertad para

intervenir en todo el proyecto con su visión de artista.

En uno de los viajes compartidos me recomendó la lectura de "Donde mejor

canta un pájaro" de Alejandro Jodorowsky, que le resultó iluminador para

pensar la historia de su vida. Klepka era hijo de un inmigrante polaco que

llegó a la Argentina -al igual que mi padre italiano- después de la segunda

guerra mundial. Su padre nunca quiso volver a su patria y si le preguntaban

tenía una respuesta invariable: "Polonia es dolor". Una persona puede tener

muchas conversaciones con otra pero alguna queda imborrable en la memoria,

ocurrió cuando Jerome dijo: un día de mí vida se encontraron la imagen de mi

padre en sus momentos de sufrimiento y la descripción del Cristo sangrante,

crucificado, derrotado, que cuestiona tan bien Jodorowsky en su libro. Si

hay algo a los que los seres humanos deberíamos temer es a estar derrotados

en la vida.



Cuando el arquitecto terminó su obra en Corbett no volví a verlo.





***



Hace unos días que mis noches están atravesadas por sueños raros.

En uno de ellos hablaba con Pablo -gerente creativo y mi jefe-. Pablo es

inflexible con sus empleados. Aunque lo diga de modos diferentes, su mensaje

es siempre el mismo: "problema tuyo". Es un hombre frontón, su trabajo es

que las cosas marchen sin que nadie le lleve problemas y si alguien le lleva

problemas los devuelve. Sin embargo, Pablo era extrañamente contemplativo

conmigo.

Me sorprendí cuando oí mi voz diciendo "No tengo nada más que hacer aquí".

Ahí me desperté.



A la mañana siguiente mientras viajaba en tren leí ese aviso clasificado.

Sentí un sobresalto inexplicable. Hace días que voy al trabajo con una

sensación de angustia sin palabras. Hasta recorté el aviso:



"Sereno para criadero de gallinas. Horario de 7 a 19 horas. Hasta 55 años.

Presentarse en granja MaxiRozas. Estación Ortiz de Rozas. FC Midland"





jueves, 28 de junio de 2012

10 AÑOS

Darío Santillán Y Maximiliano Kosteki.








Junio 2002





Ellos son dos sombras largas de atardecer, siluetas recortadas a contra luz en el final del anden. Sus rostros caen en sombras ante la oscuridad que sube, implacable, desde el este.

Pero, allí en el último resplandor oro encajado entre las vías que fugan son seres de ilusión, en ese momento pueden darse la mano fuerte, el abrazo fuerte, darse el alma sin que ninguna estampida, ningún terror disuelva lo humanamente dado.

Allí van y vienen las cosas en hamacas del tiempo, van y vuelven, parecen tocar el cielo, irse definitivamente, pero retornan una y otra vez....

Ahí esta el Estado fabricando mártires, el poder plantando policías como alambrados de púas.

Se escucha una frase recortada en el aire desde el bar:

-Tengo que ir a trabajar y no me dejan - grita un señor por la radio 10.

Hay que ir, aunque el tiempo se detenga en el lugar menos pensado, en el momento menos deseado. Como la muerte atravesando el umbral símbolo de una estación.

¿Que se detiene en las calles?

Los autos, su combustión sin velocidad, las gentes en su tiempo siempre urgente de llegar a algún lado, sin tropiezos, sin acontecimientos que fuercen un destino diferente.

Acordonar, no dejar pasar.

También ser alguien y hacerse ver y oír.

Pero el Estado ausente para la miseria quiere la libertad de las calles.

Liquidez sin piquetes desde la casa al surtidor al banco a la oficina a la novia al infinito....

Por allí, cerquita al puente, estaban las fabricas, que producían identidad como objeto invisible.

Ahora están los Shopping, otra geografía social que no contiene obreros ni producción. La fábrica que dejo el abismo, apenas reemplazado con dignidad, economía de subsistencia y desesperación.

¿Quien empujo a los barrios a cortar las rutas, las mercancías, las transacciones, las vidas privadas de los que pueden viajar pagando su nafta?



*



No hay nada más inútil que el acto de pura brutalidad que disuelve la solidaridad con perdigonadas de terror, nada más demostrativo de la impotencia de cinco minutos antes y cinco minutos después de...

Mucho, pero mucho de la vida cotidiana esta influido por estos actos de fuerza que encubren impotencia, indiferencia, la quietud de ocio del recaudador, la tranquilidad cómplice del que cobra por ignorar ilegalidades.

Pero, allí en la calle, a la vera de las estaciones hay que demostrar que al menos para el terror existe el Estado.

Es previsible que allí se confirmen odios preexistentes. "a estos negros hay que matarlos a todos". Escudos humanos, del otro lado están los especialistas en aparentar el orden, que amurallan con piquete legal cualquier protesta.

Morir en el hall de una estación de ferrocarril, la metáfora perfecta de un país en pérdida, morir a balazos por un agente del mismo Estado, que en un mal uso de su poder colectivo cerro miles de kilómetros de vías, estaciones de pequeños pueblos y mato pueblos enteros.

Ahora las imágenes del terror viajan por los aires, intangibles y se multiplican en pantallas y terminales.

Pero, que digo... no es ninguna metáfora: es la llaga real y presente de un

país que abandono sus sueños en ese lugar, quietos como esos puentes de oxido.

-De arriba viene bajando el saqueo- Gritan esos muchachos que veo correr entre el humo de los gases.

Si, el saqueo viene bajando a las calles de la mano de la antigua y reciclada impunidad.

Por los barrios como los de Darío y Maximiliano esta la muralla de los precios, infranqueable piquete sin calle, puente destruido para siempre entre unos y otros.

Paredes invisibles, rehenes que toman rehenes, ¿hay un afuera?, por el hambre o el miedo solo se ven rejas de sombra y tristezas calle por calle, paso por paso acechado.

No hay que caminar demasiado desde cualquier estación real para ver efectos implacables de la devastación como política perenne. Se percibe en la piel que no es bello caminar, ni cruzarse con alguien al caminar, son días grises de gente triste que esta encerrada en su tristeza, para la cual

el afuera es una amenaza imprecisa, un golpe de pánico que golpea la puerta.

Ciudades atrincheradas, puentes levantados o acordonados, paredes para no ver ni oír. Perros y alarmas.

Allí comprendo, definitivamente que el terror y la exclusión son el verdadero y permanente piquete que no nos deja circular en una misma sociedad, nos hace caminar sin ver al otro, solo su amenaza latente, ahí vamos con los poros cerrados, los ojos impermeables, el alma en una caja cerrada.

La casa con llaves y las llaves arrojadas para siempre.

Entonces, comprendo que podemos estar perdidos, que cualquier pequeña y certera alegría puede ser efímera, si no podemos ver nada nuevo, si no hay otro ser -humanamente igual- después de la puerta, afuera del auto, deteniendo el tránsito.







Junio 2012





Un señor se asoma a la terraza de su propiedad. Desde allí puede ver más allá de los límites de su barrio privado. Hay una muralla alta de ladrillo coronada con una alambrada helicoidal de filosas cuchillas. A unos 200 metros del afuera se ven trabajadores pobres que arman casillas de madera, levantan paredes

a las apuradas para techar rápido. "Se nos vienen", piensa en ese momento y puede que lo repita

con vecinos que vea en el club house, Esos pobres -él los puede llamar "negros"- bien pronto han delimitado dos canchas de futbol. Son pobres pero tienen plata para comprarse camisetas y zapatillas

-dirá entre guiños de complicidad con otros iguales del barrio, profesionales o nuevos ricos generados por la política.

Al costado de la cancha hacen fueguito con maderitas y carbón. Preparan asado y choripan para el después del partido.

Este hombre que no puede ver más allá de sus narices es probable que tenga olfato para ese olor inconfundible traído en la brisa que sopla desde el sur.

Para el aroma del asado no hay barreras sociales efectivas.



domingo, 24 de junio de 2012

Haciendo memorias

Estamos en el bar. Me han invitado a presenciar la prodigiosa memoria de Don Joaquín.


Don Joaquín esta orgulloso de sus 93 años, se nota cuando me da la mano y dice:



-Lo felicito por conocerme.



Tan pintoresco el hombre con su sombrero negro de alpino.

Juega en su patio de la memoria y deja con la boca abierta a quien lo escuche:



- ¿Quien recuerda publicidades de mi época?

Y sin esperar respuesta recita:



- "5 de pan, 5 de vino y 20 de queso El Peregrino."



- "Casa Muñoz, donde un peso vale dos".



- "Sastrerías Braudo, la casa de los dos pantalones".



- "Casa La Mota... Donde se viste Carlota".



Este es mi barrio. -sigue- Soy el único mayor de 90 años sobreviviente. Lo que ya no esta

se extinguirá cuando mi memoria se hunda al olvido, o -aunque no quiero- muera.



(....)



Mi primera bicicleta fue una Cycle Zucca y la hacían a dos cuadras de acá.

Nadie en la mesa recordaba ni de nombre a esas bicicletas.

Don Joaquín recorría las caras de las personas que estábamos allí tratando de confirmar que esa era una perla única de sus recuerdos.

-Yo si conozco a las bicicletas Cycle Zucca. -dije con timidez.

Antes que siga un silencio que me pareció similar a la incredulidad, me explique:

-Las fabricaba mi abuelo materno. Tiempo atrás encontré una foto perdida en el cajón de las fotos antiguas.

Y allí se veía a dos ciclistas con la remera de "Cycle Zucca". Explorando con cuidado descubrí el rostro

de mi abuelo. Por allí atrás del hombro de un ciclista se asoma la cabecita curiosa de una beba que a su tiempo será mi madre. Mi madre vive. Tiene 83 años y sigue memoriosa.




miércoles, 13 de junio de 2012

PERMANENCIAS

De lado a lado del patio, de pared a pared, las manos fuertes de mi padre tensando el alambre galvanizado que no se oxida. Atándolo en un par de clavos como yo no podría hacerlo.




¿Porque eran sus manos tan fuertes? Toda su fuerza aplicada a la tenaza.

¿Cuantos años tiene ese alambre para tender la ropa?

No menos de 45 años.

Después de la lluvia están las gotas suspendidas, casi congeladas. En este amanecer de oscuridad condensan luz como una brillante cadena de perlas en la extensión del alambre. Sólo broches de plástico interrumpen cada tanto la continuidad de sus brillos.



La imagen de las manos de mi padre.

Como la parra y los zorzales buscando las últimas uvas.

Esas gotas también son permanencias.