miércoles, 2 de noviembre de 2011

Alimento de sonrisas

El hombre tropieza de vez en cuando con el billete guardado.
El perenne gusto de la tristeza en su boca retrocede por un rato con ese recuerdo que le brinda una curiosa alegría privada que no necesita espejo ni testigos.
Ya llego a una edad donde se escurren precisiones y fechas.
Pero puede verse en la cola del supermercado para pagar e irse a su casa con alimentos para que la heladera no se vea generosa en vacío. Reconstruye su asombro al descubrir el sistema de tubo aspiradora por el cual las cajeras envían dinero dentro de un recipiente similar a una lata a un lugar invisible desde la línea de cajas.
Una imagen rara que da para pensar en la velocidad de circulación del dinero que inquieta a los economistas.
Que el hombre haya decidido quitar de circulación tiempo atrás un billete de 2 pesos y lo haya incorporado como un objeto portador de significado, justifica contar la historia.

El hombre toma ese objeto inerte: observa cara de un Bartolomé Mitre casi anciano, y le parece percibir una mirada preocupada hacia el futuro.
Lee la numeración: 12836859 J.
Lo gira y lee el mensaje escrito en birome azul.

Puede ver como si fuera ahora mismo a la morena de la caja que demuestra una amabilidad poco usual con los clientes.
Recuerda la sonrisa enorme mientras el hombre colocaba las cosas en la cinta que acerca los productos a la lectora de códigos que serán precios a pagar.
El hombre recibió la sonrisa de la chica y dijo "gracias".
Vio una tenue expresión de desconcierto y se sintió obligado a explicarse:
"Gracias, porque a esta altura de mi vida me alimento de sonrisas"
La cajera le volvió a regalar una sonrisa grande como luna llena.
El hombre pagó. Colocó los productos en bolsas.
Mientras le daba el cambio, ella tomó un billete de dos pesos y escribió en él un mensaje veloz.
El hombre guardo el vuelto y la cuenta como un manojo en el bolsillo.
Le dio un inesperado beso en la mejilla a la chica y se fue con sus cosas.
Cuando caminaba hacia la calle -que él percibe como un desierto urbano o una isla perdida en el océano- se ilusionaba con que hubiera en ese billete un número de teléfono para hablarle. Que ese billete no fuese una anónima promesa de pago que pasa de mano en mano con indiferencia sino un puente hacia una gota de ternura compartida.
Cuando llego a su casa lo leyó. Sin expresar un previsible desencanto decidió quedarse con el billete para no olvidarla y leer de vez en cuando el mensaje que dejó escrito:

"Nunca te des por vencido
Lucha...
Romi.

“Me asombra el heroísmo de la gente común”



LAS ENTREVISTAS DE CARLOS ALBERTO PARODÍZ MÁRQUEZ
LA VISIÓN DE UN ARTISTA "SIMPLE"


Eduardo Coiro: “Me asombra el heroísmo de la gente común”



*Por CARLOS ALBERTO PARODÍZ MÁRQUEZ. parodizlaunion@gmail.com


El escritor motorizó ”Inventiva social”, un soporte a los proyectos solidarios.



Vago es una calle en Temperley, que alberga un pasajero poco común. Editor de Inventiva Social, un medio literario de prestigio y alcance global, el escritor y sociólogo Eduardo Coiro habla de sus intentos solidarios, de una obra difundida y de los puentes tendidos hacia la sociedad, con la que ha construido una comunidad virtual donde los desafíos y la palabra cobran sentido. Una libertad de 10 años creativos.


–¿Quién sos, de dónde venís, de qué barrio sos?


–Soy de acá, de Temperley, hijo de padres que dieron hasta la camiseta por sus hijos. He estudiado sociología quizás por un azar, pero puse en una perinola, una equivalencia en carreras, tiré la perinola y salió sociología, como podría haber salido psicología, antropología, periodismo y fui consecuente, me anoté, cursé y me recibí.

–¿Cuestión de respetos?

–Respeté a esa decisión azarosa; la idea de “Inventiva social”, que es un poco lo que quería contarte, surgió de querer crear un banco de ideas, que pudiera acercar soporte virtual a proyectos solidarios, con el aporte de voluntarios competentes en cada tema, pero siempre sobre la base de proyectos sociales y respaldar de alguna manera, la actividad de la gente.


–¿Y cómo te fue?


–Estuve un tiempo intentándolo hasta que llegué a la conclusión de que eso es algo que era inalcanzable con mis posibilidades de ese momento, y si empecé a ver que había un montón de personas que estaban en la misma situación que yo.
Personas que necesitaban escribir, necesitaban expresarse, que escriben muy bien, hay muchísima gente que escribe muy bien y no tiene difusión, y empezó a ser lo que es “Inventiva Social”. Es el momento fundante de “Inventiva Social”. Estamos hablando del 1999 – 2000.


–¿Los contactos con los escritores son virtuales?


–Conozco escritores de Santa Fé, he tenido el honor y el gusto de conocer a muchísima gente que escribe muy bien en Santa Fe y hay gente a la que he conocido sólo por correo, hay amigos cubanos que escriben, un querido amigo que falleció el año pasado, en Austria, que tenía también su propia revista literaria y que aportó muchísimo con sus escritos y su obra plástica, que sigo difundiendo, Luis Alfredo Duarte Herrera, un destacado artista residente en Salzburgo.


–¿Qué desafíos tiene “Inventiva social”?


–Uno de los grandes desafíos es primero seguir con el Inventren, un proyecto realmente ambicioso. Si uno piensa en lo que es tomar un recorrido de trenes que ya no van a volver, como ahora que estamos haciendo un recorrido:
Carhué y Puente Alsina, son muchas estaciones, imaginación que hay que poner en cada estación, mucho esfuerzo para poder escribir líneas surgidas del viaje de los recuerdos de cada cual o de lo que sugiere el nombre de la estación. En algunos casos no queda absolutamente nada.
Ni siquiera testimonios de lo que fue. Una especie de rescate simbólico de lo que fue el tren, y mantenerlo vivo desde el relato y la literatura, es un desafío impresionante, para mi es el desafío más grande. Que estén escribiendo en un recorrido argentino amigos de Méjico o de España, para mi es un orgullo y un desafío.


–¿Tenés algo publicado?


–Lo que hay publicado: “Viendo al oeste del andén tres”, un ensayo dedicado a Kosteki (Maximiliano), publicado en Salzburgo, en Austria; una crónica sobre el Foro Social Mundial, publicada en campo grupal, otra pequeña ponencia, el problema de la verdad en la constitución del sujeto, publicado en un libro de compilación llamado el pensamiento de los umbrales del siglo XXI, hay otra ponencia, “Proceso de globalización”, “Nuevas tecnologías de la comunicación e identidad cultural”, en otra compilación de Susana Vellegia, la Gestión Cultural en la ciudad ante el próximo milenio.
Y un pequeño escrito llamado la reinvención del ferrocarril, un proyecto de articulación social, que fue publicado en un libro de síntesis.
Después hay escritos editados en Internet, Resonancia.org en Francia, Estrella errante en Salzburgo, y otros lugares. Un armado de página para el Inventren se hizo en La Unión, uno de los primeros recorridos que hicimos, que salió de La Plata y llegó a Mercedes, siguiendo el recorrido del Provincial o del Belgrano.


–¿El común de la gente también puede publicar?

–Cuando uno va al supermercado porque trata de comer y ve el heroísmo de la gente, una de las cosas que más me asombra es ese heroísmo de la gente común y corriente como yo, el heroísmo de vivir en la adversidad.
Hay un montón de cuestiones por las cuales la gente pelea con la adversidad, donde es heroico que una persona sale a la calle va llega a su trabajo y cumple con su trabajo y vuelve, ese tipo de cuestiones, ojalá la gente pudiera escribir sobre lo que le pasa todos los días. Yo sería feliz.



Él escribe...


Creo en el saludo del Zapatero sin clientes.
En la bendición del mendigo ciego.
En la mirada sin padre del cura bueno
al que llamamos -de pura costumbre- "Padre".
No creo en ninguna institución que administre la palabra "Dios".


*Fuente: La Unión Espectáculos y Cultura 31/10/11
http://www.launion.com.ar/?p=67204