sábado, 18 de junio de 2011

MUNDIAL 78

Bajó del tren en Villa Domínico. Caminó unas cuadras bordeando el parque.

Cruzó la avenida Mitre y enfiló para el bar, faltaban 10 minutos para la cita, pero él siempre llegaba temprano mientras terminaba de armar "el minuto". Aunque sabía que su rostro no espejaba el amor, pensó en decir que esperaba a la chica que había conocido el fin de semana anterior en el parque. Sí, casi enfrente. Entró. Ese lugar era más razonable para levantar quiniela clandestina que para esperar una señorita. Piso con la seguridad de la repetición, no era la primera vez que se reunía con compañeros del partido. Eligió una mesa individual, seguramente incomoda para la reunión prevista, pero desde ahí en el centro de ese lugar indefinible se controlaba con la visión la puerta, la avenida, las hojas de ese otoño amarillo casi siniestro. Ese lugar era imposible para un encuentro amoroso... Oteo el lugar, en una mesa grande hecha de tres individuales estaban 8 tipos.

Parecían oficinistas. Divertidos, relajados, daban por seguro el triunfo de la selección y de eso hablaban, muy argentinos. En el reloj eran las 18 horas. Las últimas lágrimas de luz se fugaban de la crueldad entre los autos interminables de la avenida.

La puerta era ese umbral de ansiedad. No sabía quiénes iban a venir a esa reunión además de Pocho, el responsable de la zona sur. Intuía, que en esa reunión clave, podrían asistir los cuadros más destacados del Partido. Bueno, al menos los que no estaban ya secuestrados.

Del frío apuro a fondo el café doble. En la radio el gordo Muñoz relataba. Nunca faltaba algún comentario afín al que "los argentinos somos derechos y humanos".

Un gusto amargo de tiempo difícil lo acompañaba de sol a sombra, él estaba "levantado" y casi todos sus compañeros también, viviendo en pensiones o casas del pueblo. Otros, abandonados a su suerte, vagaban por las calles. Temían volver a sus casas. Varios dirigentes del comité central fueron detenidos, y serian "desaparecidos" de la dictadura. Muchos pendían del delgado hilo de cuerpos resistiendo la tortura y el terror...

A las y media empezó a inquietarse, ni siquiera Pocho había llegado, -no pasa nada el transito está jodido a esta hora y con ese Citroen 2cv no se le puede pedir nada-

Volvió a conectarse con la mesa de oficinistas festivos, el clima de cargadas era total y grotesco: ni señora, ni hermana, ni madre estaban a salvo de esa horda primitiva. Un gordo grandote se paró haciendo cuernos con la mano derecha, diciendo "voy con tu mujer...”, otro fulano tomó un sifón y parándose amenazó con apagar ese escándalo. Asqueado, desprecio el show por un instante y volvió a fijar la mirada en la puerta. ¿Llegaban los "cumpas"?

Un chorro de soda en los ojos lo desubicó, ¿qué carajo les pasa? -gritó. Ya era tarde. Dos 9 Mm le apuntaban. Le aplastaron la nariz contra la mesa mientras lo esposaron. A los golpes lo llevaron hacia la esquina de Centenario Uruguayo. Una mano le apretaba el cuello desde la nuca y solo podía ver esas baldosas vainilla, - ¡zurdo de mierda....te dejaron solo! -Pudo ver la marca "Ford" en la camioneta, en la caja, hundido en un ángulo estaba Pocho, ojos vendados, la cabeza que quería tocar el pecho y no podía, las manos esposadas coronaban los parietales y se sostenían en la cumbre de las rodillas. Era una estatua congelada en horror... la queja parecía tardía, inútil, - me batiste...-Esa voz, de muerto en certezas, lo corto en filo - no seas boludo... el partido se terminó... Con la capucha, casi en asfixia, lo aplastaron en la cabina, sentía el peso de las botas en la espalda. Casi no hay palabra con Pocho, sólo una frase: -No dije todo, dejé tu parte....

El tiempo se había detenido. Era una ruta a velocidad constante. El aire que silva de los vehículos que cruzan. Cuando se presentía la llegada a destino. Antes de la despedida con Pocho, quedó una frase flotando, dicha con tono de orden: - ¡No te hagas mártir, ya no queda nada para defender! -



La recepción fue con patadas y una piña fuerte en el estómago, doblado, a vómitos, entro en la celda. No estaba solo, dos tipos respiraban con antigüedad en el lugar, -¿Te golpearon mucho pibe? - - Podría haber sido peor-. El silencio no tenía edad, y había que economizar palabra en esa incomodidad de escuchar consejos."Hace meses que estamos en este pozo, no dormís nunca de los gritos, y aun en sueños, los soñas como si estuvieras despierto... En tres o cuatro sesiones de parrilla vas a cantar lo mismo y además vas a mandar al frente a cualquiera para tener alivio entre picana y submarino. "Eran dos oficiales Montoneros, también vendidos por su jefe." Tratamos de evitar la tortura y colaborar, con suerte algún día volvés a ver la luz y la familia va a necesitar que quedes entero..." "¿Sos del PCML, no...? Los paras se burlaban, decían que estaban llegando los antifascistas, los amarillos de Mao... Bueno, con Uds., van a ser cordiales, no les tienen tanto odio, no les boletearon a nadie.... ¿Para que tenían los fierros? ". El no contestó, no quería oír más."Nosotros estamos jodidos, si nos hubiéramos largado con la guita de los Bunge estaríamos tranqui." Hablar no servía. La humedad y ese olor a moho penetraban hasta los pulmones, no daban ganas de respirar. Temblaban de frío, abrazaron los cuerpos para refugiar un poco de calor, en la brutal necesidad no había diferencias ideológicas, el desamparo los acurruco como cachorros. En el alba, lo sacaron sin palabras, solo manos en el cuerpo. Esa habitación, era calida después de la celda y parecía seca. Sentado, le descubrieron la mirada y los ojos no podían ver nada después de tanta pupila negra, negados a la luz, sus ojos no veían nada humano ahí, enfrente, del otro lado. Detrás de un viejo escritorio estatal, gris metalizado, estaba el "Ratón", un cuadro, un miembro de dirección del partido. El mismo elocuente y seguro camarada, un teórico, surgido de la docencia universitaria. Ahora, se lo veía mortal, con ojos gastados de tanta luz artificial. Desprolijo, la barba de días. Su bigote tipo militar proliferaba en el de Nietzsche. Sin vueltas, comenzó un interrogatorio.... "Las autoridades de este lugar me piden los datos que tenés sobre los militantes del partido y de otras orgas. Acá se sabe que hay militantes de base que dependen de vos..... Pocho no dijo todo lo que podía decir, así que ahora te toca descargarte a vos.....

-¡Traidor hijo de puta! -

- Mirá..., le dijo el Ratón en resignación, acá no hay lugar para heroísmos, casi todos hablaron para demostrar sumisión y mostrarse quebrados, y al que no se quiebra, lo quiebran en la tortura.

¿Qué pasó con el "Gran Timonel"? entregó hasta la señora y los hijos. No hay nada en pie, y vos no te vas a inmolar por 5 o 6 boludos que ni siquiera los van a ir a buscar. Al Pato lo reventaron y cantó. Entre vomitar ahora y hacerlo reventado da igual. Estamos en sus manos. Pensalo, en un rato te interroga el encargado.

-El captor que aguardaba a su espalda lo tabicó y lo condujo a una nueva celda, esta era de aislamiento, la altura no permitía ponerse de pie, solo moverse de rodillas. Era una cucha donde no cabían un cuerpo y su alma. El hambre y el frío no dejaban dormir, los alaridos tampoco. En ese tiempo sin tiempo, toda su vida parecía correr en imágenes y representaciones veloces, daba vértigo y mareos. Nauseas. ¿Y los viejos...?. No sabían de él desde un mes atrás, cuando se había levantado, sintió como nunca que los quería, quería volver a verlos tomando mate bajo la parra, comiendo la picada con el vaso de vino tinto, respirando el aire fresco de la quinta y el aleteo en torcazas. Desde esa mazmorra infame recorrió postales de esa impensada militancia que lo llevo hasta ahí, fuera de la civilización y pronto, quizá, de la vida también. ¿Era la revolución lo más importante? Era difícil no hacer una revolución en encuentros de música y lectura, leyendo sobre la crisis inevitable del capitalismo entre mates y sonrisas.



La puerta se abrió en el ensueño, en pasos de temblor trato de recordar que compañeros conocía también Pocho, su vida dependía de esa coincidencia..... -En un flash aparecían rostros, intactos, confiados, indefensos, abandonados, perdidos, ¿Qué sería de ellos? ¿Cual sería el suyo? El encargado fue breve: Habla y rápido, sino te pasamos al asador, y los muchachos de la parrilla están apurados porque va a empezar el partido de la selección, no te hagas más el pelotudo...



Afuera, no tan lejos de ese chupadero, multitudes estallaban festejando el triunfo de Argentina sobre Holanda. Ese mundial, era nuestro.

viernes, 17 de junio de 2011

ESTACIÓN CORBETT.

*Por Eduardo Francisco Coiro. inventivasocial@hotmail.com







De pronto me había inventado un oficio, es probable que mi ocurrencia fuese algo común. Pero preferí imaginarme fundando una praxis, la antropología de las subjetividades ó dicho de otro modo de la persona y su obra. La vida, o un encuentro casual con su prima Sofía, me permitió acceder al fantástico mundo del arquitecto Jerome Ricardo Klepka.

Sofía es la hija Slawek Klepka, el inventor al que conocí durante una internación de mi padre.

Fue un encuentro casual en el tren, ella que subió en Aldo Bonzi y se sentó justo enfrente mío.

Tardamos unos momentos, la circunstancia había sido dolorosa y pasaron muchos años.

Ella, antes de bajar en Libertad, dejó la idea: "Quiero que escribas de mi primo Jerome y su obra".

A los pocos días fui a visitarla, tomé un te rojo con miel y pase mucho tiempo observando el museo casero que Sofía tiene sobre las invenciones de su padre Slawek.

Ella no me dijo demasiado de su primo, era el hijo de su tío tan polaco como su padre. Había estudiado arquitectura pero su pasión era el arte y la escultura. Había preparado una caja con planos, dibujos de esculturas y cuadernos donde anotaba frases o explicaba el significado de sus obras.

-No dejes de ir a Corbett, es su gran obra. Sugirió cuando ya estaba en la puerta a punto de irme.







Mientras viajaba en el tren hasta Corbett me daba cuenta que el arquitecto Klepka tenia curiosidad por culturas lejanas. Decidió colocar 109 esculturas u obras de arte en el predio reciclado de la estación y aledaños. "Como los 109 trofeos que debía cazar un Maharajá" había anotaciones en un cuaderno que ligaban esta ocurrencia con lecturas de Salgari.

Pero esta es una cacería de recuerdos propios a los que debo darles una materialidad. -escribió.



La estación de Corbett es realmente impresionante. Habría que tener conocimientos de arquitectura para poder describirla bien, pero no tiene nada que ver con la sencillez de las otras estaciones del ferrocarril. La única vía del Midland se abre en cuatro a unos cien metros antes de ingresar a la estación.

La sorpresa es mayor cuando uno pone el pie en el andén. La cartelera indica que la estación anterior es Ramnagar y que la estación de origen de la línea es "Old Delhi Railway Station".

La ventanilla donde se compran los pasajes indica que las tarifas están en Rupias y que esa es la moneda en la que deben abonarse.





El hotel se llama "Edward James Corbett Resort" y queda a metros de la estación. Es un hotel de tres estrellas con baño privado y cuesta 1050 Rupias por noche. Agradecí que tuvieran la gentileza de cambiar mis pesos por Rupias y pedí una habitación por una noche, casi seguro de que con un día completo podría recorrer el parque natural y las obras de arte que Jerome había dejado allí plantadas para que sean vistas e interpretadas por los visitantes.





Ni bien entré pude escuchar del conserje una historia que habla de la personalidad del arquitecto. Durante la obra del reciclado del hotel, el hombre había tenido una fuerte discusión con el contratista que colocaba el parquet. La discusión había llegado al punto de la furia y los hombres iban a arreglar sus diferencias a trompadas. Hasta que el parquetista lo insulto en ruso y Klepka le contesto con otro insulto similar también en idioma ruso. -Sofía me había contado que Jerome había aprendido ruso porque su padre lo hablaba como segundo idioma; ya en su adolescencia había decidido estudiarlo bien para leer a grandes escritores como Gorki en su idioma madre.-

La cosa es que el conocimiento común de un idioma y de cultura eslava los hermanó. El contratista y el arquitecto comenzaron a cantar juntos canciones tradicionales. Para festejar el descubrimiento, Jerome fue hasta su auto, trajo una botella de Grappa Chizzotti y brindaron con los obreros presentes en la obra.

-Como Ud. mismo podrá observar, el parquet de pinotea ha quedado impecable. -Remató el conserje.







Me di cuenta durante un buen rato antes de lograr dormir en una cama desconocida que la idea de escribir sobre un hombre y su obra no es tarea sencilla -al menos con Klepka- . Una segunda idea que había tenido durante el viaje en tren estaba en cuestión, ¿Podría escribir sobre lo visto en Corbett un artículo en Wikipedia? No quería -como muchas otras veces- plantearme objetivos demasiados alejados, tenía certeza sobre las limitaciones de mi escritura. Sin respuesta, lo mejor fue dormirme y esperar que el día siguiente aclarara con su luz las cosas.





Desayune mirando al verde del parque un cielo amplio y celeste hasta el horizonte. El día se mostraba como una promesa esplendida. Como muchas otras veces sentía incomodidad con la soledad. Casi siempre mi trabajo me llevaba a llegar y permanecer solo en diferentes hoteles, la soledad me convertía en un observador o en un cazador de imágenes más precisamente. Me llamó la atención la remera que usaba un hombre con la pelada artificial en su cabeza. Tenía menos de cuarenta años, y el aspecto de un cuerpo trabajado en horas y horas de gimnasio. Parecía estar en una gira de negocios con socios o clientes. La remera decía: "Y si la mujer del prójimo me desea a mí".



No quise distraerme más. Llevaba en un bolso un par de cuadernos donde Jerome Klepka describía el origen de las obras que iba a ver ni bien me animara a salir al afuera del hotel.





En el pequeño parque lindero al que miran los ventanales del comedor esta el monumento a Edward J. Corbett. Es una escultura de hierro negro donde una figura con cuerpo humano y cabeza de Tigre. Arriba de la cabeza, esa figura lleva el sombrero clásico que hemos visto en las películas llevar a los cazadores. Esa figura lucha con una enorme víbora que se enrosca por su cuerpo desde su pie izquierdo. La serpiente termina en una cabeza humana -como las que pintaban en el renacimiento con una cabellera bien densa- esa cabeza humanizado mantenía colmillos y lengua de serpiente.

La estatua tiene el subtítulo de "Metamorfosis".



En el cuaderno dice -textual- : "Metamorfosis". Fue con la infección del colmillo izquierdo. Tenía la mitad del rostro con aspecto felino. Sentía que la fiebre era una enorme serpiente que se enroscaba. Deliraba. Lo más lógico es que la serpiente tuviera en su rostro el aspecto de la serpiente a la que llamamos, afiebrados de autoengaño, "ser humano".





La estatua tiene en su base enorme de cemento la inscripción de autoría: JEROME RICARDO KLEPKA. ESTATUARIO. ARQUITECTO. CLONADOR PAISAJISTA.



Alejándose de la estación y el hotel -a menos de un Km.- hacia el norte esta la entrada al Parque Natural, situado en las tierras de la antigua estancia de los Corbett. Allí quedaron al aire libre las obras de arte de Klepka. La entrada al parque cuesta 250 rupias, el equivalente aproximado a 5 Euros.

La primera obra que pude observar se titula: "El rollo del tiempo".



Escribe: "Después de la salud, el tiempo es lo más valioso que posee una persona. (...) Pensé en las manos de mi padre, en los objetos que había dejado abandonados en el galpón de la casa. Había dos lavarropas oxidados, una heladera Siam. Los alambres que sostenían la antigua parra habían quedado formando un rollo, una nebulosa galaxia que ya no podría volver a extenderse. Fue mi hijo quien lo bautizó como rollo del tiempo"



Unos metros más adelante pude observar que una de las vías del ferrocarril ingresa en la antigua estancia y lleva al tren hasta un apeadero sencillo situado en el costado soleado del casco.



Me gusto mucho la obra dedicada a Kurt Vonnegut. "Insectos atrapados en ámbar" Son piedras traslucidas apiladas como un muro adentro hay cuerpos de insectos con cabeza humana. Arriba del muro desfila un soldado con un uniforme alemán de la segunda guerra.



Jerome anotó: están mi padre y mi tío en la guerra, nunca saldrán del todo. En el oído les quedara el zumbido de los proyectiles que reventaban el tímpano. Al leer esto, había podido volver a ver por un instante los ojos vivaces de mi padre cuando recordaba la noche iluminada por los proyectiles en la batalla de Montecassino.



Cuando retorné del parque estaba bastante cansado y era de noche, había comido algo en un pequeño restaurante ubicado en el casco de la antigua estancia. Recordé que el último tren hacia Old Delhi ya había partido. Decidí quedarme otra noche en el hotel y partir en la mañana luego del desayuno. Volví a la habitación, me bañe con una ducha que no logre regular bien, asi que con el agua casi fría afloje el cansancio y me dispuse a dormir. La cercanía al campo convertía al hotel en un espacio de resonancia de lo lejano y lo inmediato a la vez. En la habitación contigua una pareja había comenzado a hacer el amor. Se escuchaba como la mujer jadeaba. Dije: este Jerome, ha sido un gran artista, pero como puede ser que haya construido estas paredes con paneles de yeso que no aíslan nada.

Desde el campo empezó a ganar espacio el sonido de un tren acercándose. Es el tren que va a Moradabad y retornara mañana para llevarme a Old Delhi. Por momentos el sonido del tren se mezclaba con los jadeos de la pareja de la habitación lindera. Cuando llego a la estación se escucharon los sonidos del vapor de la locomotora. Ese ruido inconfundible de las vaporeras. ¿Será una North British o una Vulcan Iron Works? El tren partió, su sonido se alejaba mientras el de la pareja que hacía el amor sin agotarse se mantenía constante.



En cualquier lugar, una locomotora atraviesa la noche. Otra mujer, se enciende, hecha vapor, jadea. Hay viajes que crean la vida y otros que la llevan de un sitio a otro.

Antes de entrar en el sueño arrullado por los sonidos del amor. Se impone la necesidad de que alguna enseñanza sea útil para mi vida. Pensé, en lo apropiado que era el título de una de las obras de Jerome Ricardo Klepka: "Lo erótico es la vida".

miércoles, 1 de junio de 2011

EL MISTERIO DE LA ALFOMBRA

1*




En un diario matutino, apareció una noticia sorprendente.
Se busca alfombra perdida. Su nombre: mágica. Al que pueda encontrarla será gratificado con una valiosa recompensa. Remitir información a esta dirección, ciudad de las diagonales calle del silencio entre los tilos y las jacarandas. Mantener máxima discreción.
Intrigada por el aviso me puse a investigar de inmediato. Llame por teléfono a la persona que había realizado la solicitud y me dio detalles de su objeto perdido y/o robado.
Con voz deformada para que no la reconociera me dijo que esa moqueta había sido su testigo durante tantos años de pasión jugando a las escondidas. Entre llamadas en clave y mensajitos de texto, ella la alfombra había sostenido sus ardientes encuentros con su don Juan. Era suave, no muy limpia pero si mullida, por lo cual las escenas de amor se desarrollaban con gran habilidad y maestría.
Luego agregó casi llorando, que de no encontrar su tan codiciado fetiche, tendría que ir a visitar a un traumatólogo, porque le dolían todas las coyunturas, que los años no venían solos, que no quería quedar en silla de ruedas y qué explicación le iba a dar a sus familiares y amigos.
Me quedé en silencio, intentando darle una pista, un consuelo, no conocía el paradero de su objeto perdido.
Solo tenía una explicación sobre la desaparición del valorado tapiz: habría volado
Al país del nunca jamás.
Moraleja: “si han de disfrutar a escondidas, que les duelan los huesos”. Párrafo extraído del Manual del matrimonio perfecto, capitulo 3: Saber inconsciente de alguna parte engañada.





2*




El hombre añora. Extraña. Intuye que ya nada será lo mismo.
No es por un objeto en sí mismo, sino por esa oculta señal que a veces en la vida es previa a que se desencadenen hechos imprevisibles.
Por un momento, piensa si esto puede solucionarse con dinero.
-Compro otra y listo.
Quiere convencerse de que es posible, que nada va a cambiar.
Que todo seguirá siendo como fue hasta la última vez.
Ella llegando a última hora, cuando la recepcionista ya se había retirado.
Puede ver ahora mismo la imagen: esa desesperación que hace que se quiten sólo lo esencial de la ropa y se revuelquen en la alfombra hasta penetrarse y acabar furiosamente. Dichosamente al mismo tiempo.


Ese orgasmo es un lujo. –se dicen con una mirada.


Ni con su mujer, ni con otras amantes puede lograr eso.
Romina y él sobre la alfombra vuelan por el aire.
Esta alfombra es mágica –dice ella cada vez que tiene ocasión.
Pensar que era regalo de casamiento de mi suegra que la compro en una feria de El Cairo, si supiera los placeres que nos brinda. –dice el hombre buscando la sonrisa cómplice de Romina.


Pero de todo esto ya pasaron tres interminables meses.




Fue en el último vuelo y mientras se daba el orgasmo, cuando sintió que la alfombra los había llevado más allá de los límites estrechos del consultorio.
Quizá haya sido una venganza de su suegra –El hombre intuía que las coloradas como ella eran unas brujas-


Entonces sintió la caída.
La mano agitada en las alturas y ese grito de Romina alejándose.
Ese aterrizaje con suerte sobre la palmera. Las roturas. Los yesos.


El hombre espera que alguien venga a verlo en el horario de las visitas.
Y de Romina, ni noticias.



*de Eduardo F. Coiro.
-En base a una idea original de Azul