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Mostrando entradas de 2015

Zurcir el vacío

Las manos de mi madre bordeando los huecos de la memoria. Otra vez zurciendo la toalla, dejando el agujero mayor -enorme como Júpiter- para una próxima ocasión. De alguna manera el hilo que intenta cerrar abre a la vez. La abuela italiana, madre de mi padre, envió esta toalla junto con otros presentes para una fecha importante, un cumpleaños quizás. La toalla llegó, pero el resto de los regalos se los quedo una conocida que había ofrecido traerlos a la vuelta de su viaje a Italia. Esta obstinación por no tirar esta toalla, o lo que queda de ella. Ese recurso desesperado por defender una memoria endeble. Las manos de mi madre luchando contra el vacío. Contra los huecos que nos asedian el día a día.

PRÉSTAMO...

Préstamo*

A Miguel Ángel Savino.

Al hombre le falto la presencia de tres abuelos. El abuelo materno que abandono a su madre y su tío siendo ellos unos niños pequeños. Y los abuelos de Italia, Madre y Padre de su Padre que quedaron en su pueblo, atrapados en cartas que se lloraban al leerlas. Y el después de crecer sin vivencias, sin la remota presencia de los abuelos para acompañar buenos y malos momentos. Sucedió una tarde, muchos años después, cuando ya ninguno tenía a sus abuelos en vida y ya los padres que quedaban luchaban con achaques, fue entonces cuando el hombre mientras tomaba mate con su amigo de la escuela secundaria le pidió que le prestara un recuerdo.
-¿un recuerdo?
-Si, un recuerdo que fuese la esencia misma de tener abuelos y compartir con ellos.
El amigo eligió una abuela, la que vivía en la costa. Casi río, casi mar, allí donde los colores del río y del mar se mezclaban según mareas y la luminosidad del cielo. Era la abuela que vivía sola, con una sola pie…

ENCALLADOS

Cerca de la estación de trenes, en terrenos aledaños a las vías alguien guarda un barco tapado con lonas. Es del tamaño de una barcaza de pescadores artesanales que salen a alta mar. Cada vez que paso en el colectivo rumbo al tren lo veo, trato de imaginar como llegó hasta ahí, y me encuentro con la misma perplejidad de cuando trato de explicarme como llegue hasta aquí, desde que naufragio, intentando vivir...

El tío en su nube

Una nube de polvillo por el aire de la habitación. Esa era la imagen más antigua que el hombre -que entonces era un niño- tenía de su tío. Su tío había salido de darse una ducha. Había colocado una toalla sobre la cama y se había sentado a rociar de talco sus genitales. Sacudía el envase cilíndrico con una energía demencial dejando al aire una nube de polvo que no deja de expandirse en el recuerdo.
La pensión se llamaba "La Esperanza" y su tío con las bolas bien revestidas en talco estrenaba a sus 40 años una nueva soltería.  Esa noche iba al club Sportivo Alsina, donde actuaban Sandro y Los de Fuego; porque las mujeres de Lanús “son mucho más que un fuego”, apenas dicho esto no paró de reír con su risa contagiosa de la genialidad de su ocurrencia.

Años después su tío repetirá una y otra vez la historia de como llegó a esa pensión sólo con lo puesto: Al volver de su trabajo en la fábrica encontró a su primera mujer en la cama con un tipo arriba “entrando y salien…