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MAPAS






Durante muchos años mi padre se esmero en contar una y otra vez de sus viajes en camión por las rutas italianas. Contaba ciudad por ciudad y pueblo por pueblo por donde había pasado manejando un camión con provisiones en la última etapa de la guerra, con los alemanes en retroceso y esa extraña fauna de tropas aliadas que incluía indios de la India, ingleses, africanos y norteamericanos a los que solo escuchaba decir "I love you girl" a las italianas.
Faltaba comida pero había abundancia de chocolates y cigarrillos para las tropas, mi padre trocaba los cigarrillos y chocolates por comida. Era -según cuenta- un gran chofer en esos caminos de montaña.
No recuerdo sus rutas, aunque las repitió mientras tuvo memoria y vida, y no logro reconstruirlas ni con mapas encontrados en Internet.

Pero siempre voy a recordar ese esquema de ciudades que hicimos juntos en una madrugada de octubre del 2000, él había estado internado en terapia intensiva en una pequeña clínica de PAMI.
La terapia lo desoriento. Después de 24 horas estábamos en una habitación, el me conocía pero me decía que estábamos en Quequén, miraba al paciente de la cama contigua y decía "cuanta gente viene a este hotel", no intenté hacerle notar su equivoco. En la noche , desvelados, tratamos de reconstruir la ubicación de izquierda a derecha y de arriba abajo de los pueblos cercanos a su pueblo italiano.
Es el reverso de un folleto de propaganda de la clínica donde anuncian un plan social de salud al alcance de todos, una hoja pequeña y veo mi letra mezclada con la suya, son puntos de birome trazados en espiral con los nombres de las ciudades, a pesar de todo su esfuerzo sigo sin poder descifrar esas huellas invisibles.
Los recuerdos mi padre en sus caminos italianos, como huellas en el pasto, se han borrado detrás de sus pisadas, derretidas como la nieve que cubría los caminos y obligaba a cruzar cadenas en las cubiertas del Guerrero a gas que manejaba.
Paterno Di lucania, su pueblo, atravesado por la ruta, apenas un descanso breve entre las montañas, ahí nomás el camino a Raia, donde vive uno de sus sobrinos. Al otro extremo del pueblo la ruta a Marsiconuovo, el pueblo donde nació mi padre, a la izquierda subiendo montañas por bosques de castaños y lobos salvajes por esta Padula y después Montesano.... más arriba esta Atana y aquí no quedo ningún imaginario trazo que pueda decirme como se llega o se va.. A la derecha de Marsiconuovo - Paterno y Raia se termina el papel .
Después están Pedale y Viggiano, mi papá pronunciaba "villano" y hay un "1º" escrito con mi letra..... seguramente el me contó que primero estaba villano arriba más alto y más alto todavía la Madonna de Viggiano a la que visitaba llevando a sus fieles en el camión, el tenía también fe en la Virgen y cuando le desesperaba y enojaba el mundo y la gente decía "Madonna mía". Camino a Pedale hay alguien que le dio trabajo y albergue, mi padre lo recuerda con gratitud, me dice el nombre y apellido, en esa noche de octubre donde en la penumbra de esa habitación nos creemos hospedados y refugiados del frío del mar y podemos ,por última vez creo, tratar de reconstruir algunas de sus rutas conocidas. Bien a la izquierda están listadas con mi letra imprenta de industrial casi cursiva: Bari-Brindisi-Lecce, luego una B que quedo allí desairada como un objeto o un botón irrecuperable que perdió hace años su lugar en el traje.
Sé que sus ojos claros se hacían vivaces e iluminaban esa penumbra cuando hablaba de sus caminos de infancia y juventud, de alguna manera él seguía viviendo allí y una parte de él no quería dejar morir ese tesoro, aun en la enfermedad y el olvido de los años. Siempre pense que se vive para defender una memoria viva que se lleva hasta el último minuto y mi viejo siempre me lo demostró con sus mapas contados en el aire, repetidos hasta el desinterés o la frustración de su oyente. Muchos habrán dicho antes que yo, que la muerte es cesar la lucha por la propia memoria hundida en el cuerpo, poro por poro erizado al detonante del recuerdo-palabra-imagen y gestos. En estos mapas del aire pensaba hoy, cuando abriendo el libro de Antonio Dal Masetto La tierra incomparable apareció como señalador el mapa que hicimos aquella noche resistiendo olvidos y dolores mi padre y yo.


-Año 2002-

*De Eduardo Francisco Coiro.

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